El juego de hacer versos, que no es un juego sino algo parecido al placer solitario.
“La poesía, para mí, no puede ser vulgar aunque imite la vulgaridad a veces, la poesía es juagar con el lenguaje como si fuera mágico, aprender a pensar en renglones contados, un buen poema es capaz de contener en unos pocos versos el sentido de un libro entero porque economiza en un juego de metáforas y ritmos sonoros que contienen muchas capas de interpretación”
“los mejores poemas son mutables, son palabras que quieren hacerse tuyas, engancharse a tu cerebro como lapas de sabiduría que aspiran a ser parte de tu vida”
1. Historia de la poesía
La historia de la poesía es larga y está llena de complejidad, pero voy a intentar explicarlo de la forma más sencilla posible. Su origen se remonta a la antigüedad, cuando el analfabetismo era casi completo y los relatos se transmitían de forma oral. La naturaleza oída y cantada de estos relatos requería de una estructura que los hiciera fáciles de memorizar e incluso de musicalizar.
Los poemas más antiguos que tenemos —el Gilgamesh, la Ilíada o la Odisea— son historias épicas diseñadas para transmitirse de memoria y en viva voz, en un tiempo en que no existía la imprenta y casi nadie sabía leer. Homero era ciego y no escribía: memorizaba sus obras, que nos han llegado gracias a quienes las pusieron por escrito. Esta tradición se mantendría durante siglos. Incluso la Biblia está escrita en versículos.
En el medievo, juglares y trovadores relataban mediante canciones historias de autores anónimos. El Cantar del Mío Cid toma el verso medieval para explicar la larga gesta de Rodrigo Díaz de Vivar en la reconquista de la península ibérica. Como casi todo texto medieval, su autor es anónimo.
Pero sucede un milagro tecnológico a mediados del siglo XV: la imprenta de Gutenberg consiguió reproducir rápidamente las obras que hasta entonces se copiaban a mano. Con este avance, la poesía oral pudo finalmente distribuirse en papel, dejando a un lado su rol como método de transmisión de historia y cultura.
La poesía se infiltró en nuevas disciplinas. Si bien el verso ya se utilizaba en el teatro antiguo, durante el resurgir del drama teatral en el Siglo de Oro español o en la Inglaterra isabelina, el refinamiento del verbo instaló la poesía en la cultura popular. Desde Calderón de la Barca hasta William Shakespeare, estos autores reconocieron que el verso no sólo hacía las frases más memorables para los actores, sino también más bellas para el público. Todo esto se reforzaba en las estructuras que nuestros profesores de secundaria intentaron hacernos entender: la métrica, la rima, las metáforas y los simbolismos. Todo estaba allí, sobre el escenario, y el público se deleitaba.
Después de este siglo de gloria, que nos dejó a poetas como Calderón, Lope de Vega, Góngora o Quevedo, la poesía del Siglo de Oro vino a conformar gran parte del carácter de España, igual que los ingleses asimilaron a Shakespeare. En este estadio, ya no era ni teatro ni transmisión cultural: aquellos poemas se sostienen solos, existen por el placer de ser leídos.
2. La rima
Hora de rebobinar hacia adelante y saltarnos varios siglos para llegar al siglo XX, un tiempo problemático y febril. Nos enfrentamos a un cambio radical en que las modas del siglo XIX se apagaron ante la irrupción violenta de las vanguardias literarias. Ocurrieron en todas partes: André Breton, Tristan Tzara, Marinetti, Apollinaire… la lista es larga y las perspectivas complejas.
La poesía de vanguardia no requería ni métrica, ni verso, ni prosa. Era un arrebato surrealista y libre en el que todas las reglas eran sometidas a crítica, y todas las artes se mezclaban para buscar un nuevo significado. Tras la revolución industrial y el nacimiento del psicoanálisis, la poesía del siglo XX se desprendió de sus reglas más férreas para volverse una forma de expresión literaria totalmente desatada de los confines.
Ejemplo de ello es Federico García Lorca que en 1928 escribió el Romancero gitano, en verso tradicional, y en 1930 Poeta en Nueva York, completamente surrealista y en verso libre. Ambos libros son fantásticos, pero el segundo es el más radical dejando el casto octosílabo para entregarse al caos surrealista del verso libre, el poema no carece de orden ni de métrica: ha inventado sus propias reglas. Se basa en el aliento rítmico de su autor y se nota en el resultado.
En resumen, en pleno siglo XXI, abrazados a la posmodernidad, no hay reglas aparentes para la poesía. Esto es un método defendible si se ha alcanzado el conocimiento adecuado, pero como en la música: para romper las reglas primero hay que conocerlas. Para escribir un poema sin métrica ni rima que sea verdadera poesía y no simple prosa cortada, hay que asimilar las lecciones del ritmo y de la métrica. Sólo así el poeta puede encontrar su propia voz.
3. Conclusión
Pero el espectador se preguntará: ¿qué es al final la poesía? Si las vanguardias lo pusieron todo patas arriba, ¿cualquier texto rítmico puede considerarse poesía? Lo cierto es que sí, la podemos considerar mala poesía, pero este arte, a estas alturas de la historia, ya no es la transmisión oral o el teatro, el poema es un conjunto íntimo de palabras que buscan transmitir un pensamiento o un sentimiento, pero sobre todo hacerlo de la forma más descarnada y sincera, sin acudir a tópicos ni lugares comunes.
La poesía es resignificación, la poesía busca elevar vidas mostrando las maneras en que nuestro lenguaje puede alzar lo más común o hacer familiar lo más sagrado, la simple combinación de palabras en un buen verso puede tener más impacto en nuestra forma de ver el mundo que un libro entero de filosofía. Jaime Gil de Biedma decía: “La mejor poesía es el verbo hecho tango” y los poemas son un modo que adoptamos para que nos entiendan y nos entendamos, tango porque nos despierta en la noche y nos hace bailar su tristeza sílaba a sílaba hasta hacernos conscientes de nuestro cuerpo.
Aprenderse un poema que nos enamora es un proceso de autoconocimiento, queda bien citarlo en publico, si, pero lo más importante es ser capaz de recitártelo a ti mismo frente al espejo, cuando un poeta a tocado tu alma con sus letras su obra puede convertirse en el mantra que te mantenga cuerdo cuando y consciente de la realidad cuando el mundo se derrumba.
Escribir un poema se parece a una oración que gritamos al cielo, una reafirmación de nuestras ganas de vivir en un mundo aberrante, pero no por ello menos digno de ser amado.
El juego de hacer versos —que no es un juego— nos lleva a lo más profundo de nosotros mismos. Un poema es una serie de palabras meticulosamente ordenadas para poder encontrarnos en ellas.
Hay un poema para cada persona, la cuestión es encontrarlo, hay unos versos para ti, que te pueden aclarar como te sientes y te harán sentir acompañado.
Recomendaciones:
- Rimas y leyendas - Becker
- Cernuda, (vivir de amor y tristeza)
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- Romancero gitano - Lorca
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- La realidad y el deseo - Cernuda
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- 100 Sonetos de amor - Neruda
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