El color preferido. El color de la simpatía, la armonía y la fidelidad, pese a ser frío y distante.
El color femenino y el color de las virtudes espirituales. Del azul real al azul de los tejanos.
¿Cuántos azules conoce usted? 111 tonos de azul
- El color preferido
- El color de la simpatía y la armonía
- ¿Por qué el azul parece lejano e infinito?
- ¿Por qué la fidelidad es azul?
- El color de la fantasía
- El azul divino
- El color más frío
- Colores primarios, pigmentos, colores de artistas
- Azul de ultramar: el color de artistas más caro de todos los tiempos
- El color de las cualidades intelectuales y masculinas
- El azul femenino
- El azul de las Vírgenes y los colores simbólicos cristianos
- El secreto de los colores complementarios
- Los contrarios psicológicos
- Los tintoreros borrachos
- Índigo: el tinte del diablo y el color preferido en la indumentaria de todas las épocas
- El azul de Prusia, color de los uniformes
- El azul real y el azul plebeyo
- ¿Por qué los tejanos han llegado a ser una moda mundial?
- La relajación de la blue hour
- La flor azul del anhelo
- Medias azules, cartas azules, películas azules
- La banda azul para los grandes méritos
- El color de la paz y el color de Europa
- Azul humano internacional
¿Cuántos azules conoce usted? 111 tonos de azul
¿Cuál es el azul del cielo? El azul celeste, naturalmente, pero los expertos en colores hablan de azul coeli, cyan, ultramar… De los nombres aquí listados, unos son populares y pertenecen al lenguaje corriente, y otros son nombres establecidos para los colores que usan los artistas. Los artistas conocen muy bien la diferencia entre el azul cobalto, el azul ultramarino y el azul phthalo.
Azul acero Azul aciano Azul acuático Azul aguamarina Azul arándano Azul bávaro Azul bebé Azul brillante Azul campánula Azul Caribe Azul celeste Azul Chagall Azul chillón Azul ciruela Azul ciruelo Azul clemátide Azul cobalto Azul coeli Azul cosmos Azul curaçao Azul de China Azul de Copenhague Azul de Delft Azul de indantreno Azul de medianoche Azul de niño Azul de París Azul de Prusia Azul de Sèvres Azul de ultramar Azul Disney Azul egipcio Azul eléctrico Azul e-mail Azul escarcha Azul esmeralda Azul espuela Azul éter Azul Europa Azul frita Azul genciana Azul glaciar Azul grisáceo Azul heliógeno Azul hielo Azul hierro Azul humo Azul iris Azul jacinto Azul laguna Azul lapislázuli Azul lavanda Azul lila Azul loza Azul Lufthansa Azul manganeso Azul marina Azul marino Azul mate Azul medio Azul metálico Azul montaña Azul morado Azul neón Azul negro Azul niebla Azul nocturno Azul nomeolvides Azul nuboso Azul océano Azul ocular Azul ópalo Azul Oriente Azul original Azul pálido Azul pastel Azul pavo Azul permanente Azul petróleo Azul phthalo Azul piloto Azul porcelana Azul primario Azul profundo Azul real Azul tejano Azul tinta Azul tormenta Azul tráfico Azul turquí Azul uniforme Azul universal Azul uva Azul verdoso Azul Vermeer Azul violáceo Azul Virgen Azul Wedgewood Azul xenón Azul Yves Klein Azul zafiro Azulete Azur Bleu Color de la zarzamora Cyan Índigo Turquesa Turquesa cobalto Verde azulado Violeta azulado
1. El color preferido
El azul es el color que cuenta con más adeptos. Es el favorito del 46% de los hombres y del 44% de las mujeres.
Y casi no hay nadie a quien no le guste: sólo el 1% de los hombres y el 2% de las mujeres nombraron el azul como el color que menos les gustaba.
Hombres y mujeres se visten con frecuencia de azul, pues queda bien para toda ocasión y en todas las estaciones.
El azul es también el color preferido para los automóviles, tanto para las limusinas de lujo como para los pequeños utilitarios.
En las viviendas, el azul resulta frío, pero tranquilizante, y se usa en dormitorios. Sólo hay un ámbito donde el azul no goza de aceptación: no comemos ni bebemos prácticamente nada de color azul.
El azul tiene su significado más importante en los símbolos, en los sentimientos que a él asociamos.
El azul es el color de todas las buenas cualidades que se acreditan con el tiempo, de todos los buenos sentimientos que no están dominados por la simple pasión, sino que se basan en la comprensión recíproca.
No hay ningún sentimiento negativo en el que domine el azul. No es extraño que el azul tenga tanta aceptación.
2. El color de la simpatía y la armonía
La simpatía: azul, 25% · verde, 18% · rojo, 13% · amarillo, 12% · naranja, 10% La armonía: azul, 27% · verde, 23% · blanco, 9% · rojo, 8% · oro, 6% La amistad: azul, 25% · verde, 20% · rojo, 18% · oro, 12% La confianza: azul, 35% · verde, 24% · oro, 11% · amarillo, 11%
El azul es el color más nombrado en relación con la simpatía, la armonía, la amistad y la confianza. Éstos son sentimientos que sólo se acreditan con el tiempo, que casi siempre nacen con el tiempo y que siempre se basan en la reciprocidad.
¿Por qué la mayoría de los humanos asocia el azul a estos sentimientos, que son sentimientos “sin color” en el sentido más fiel de la expresión? ¿Es que las personas sencillamente transfieren su color preferido a las mejores cualidades? No, puesto que también las personas que tienen el rojo o el negro o cualquier otro color como su color favorito sienten que, en este orden, el azul es el color básico, el color adecuado.
Y es que cuando asociamos sentimientos a colores, pensamos en contextos mucho más amplios. El cielo es azul, y por eso es el azul el color divino, el color de lo eterno. La experiencia continuada ha convertido al azul en el color de todo lo que deseamos que permanezca, de todo lo que debe durar eternamente.
Y no es casual que el verde sea el segundo color más nombrado para estos sentimientos. En contraste con el azul divino, el verde es terrenal: el color de la naturaleza. En el acorde azul-verde se unen cielo y tierra. En el verde, el azul divino se convierte en azul humano.
3. ¿Por qué el azul parece lejano e infinito?
La lejanía / la vastedad: azul, 50% · gris, 10% · blanco, 10% · verde, 8% La eternidad / la infinitud: azul, 29% · blanco, 26% · negro, 25% Lo grande: azul, 21% · negro, 16% · oro, 15% · gris, 11% · rojo, 11%
La perspectiva produce la ilusión de espacio. También los colores pueden crear perspectivas. Si se observa una composición de azul-verde-rojo, el rojo aparece en el primer plano, y el azul muy atrás, en el fondo → fig. 36. Por norma, un color parece tanto más cercano cuanto más cálido es; un color parece tanto más lejano cuanto más frío es.
Asociamos colores a las distancias porque los colores cambian con la distancia. El rojo resplandece únicamente cuando está cerca, igual que sólo en la cercanía calienta el fuego. Cuanto más lejos está el rojo, más azulado se vuelve. En la lejanía, todos lo colores aparecen turbios y azulados debido a las capas de aire que los cubren. Incluso una gradación de azul intenso a azul pálido produce un efecto perspectivista: el azul claro queda ópticamente detrás → fig. 4. Cuantos más grados de azul veamos en el cielo entre el azul claro y el azul oscuro, más lejos parece que alcanza nuestra vista. Los pintores llaman a este efecto “perspectiva aérea”. La Regla es que los colores intensos parecen estar más cerca que los pálidos. Los pintores paisajistas lo saben, pues en sus cuadros el azul del cielo es más profundo arriba que abajo.
De la palabra italiana para el azul ultramarino, l’azzurro, proviene el término Lasur, que es cómo se llama en alemán a las pinturas transparentes. Vemos el agua y el aire de color azul, aunque no son realmente azules. Un recipiente de vidrio no tiene color cuando dentro de él hay aire, y lo mismo ocurre cuando se llena de agua. Pero cuanto más profundo es un lago, más azul se muestra el agua. Con la profundidad llega un momento en que todos los colores desaparecen en el azul. Y el rojo el primero.
Desde que existen fotografías de la esfera terrestre tomadas a gran distancia desde el espacio exterior, la Tierra recibe el nombre de “el planeta azul”.
Nuestra experiencia nos enseña que si se acumulan grandes masas de algo transparente, surge el color azul. Por eso es el azul el color de las dimensiones ilimitadas. El azul es grande.
4. ¿Por qué la fidelidad es azul?
La fidelidad: azul, 35% · verde, 18% · oro, 10% · rojo, 8%
El efecto psicológico del azul ha adquirido un simbolismo universal. Como color de la lejanía, el azul es también el color de la fidelidad. La fidelidad tiene que ver con la lejanía, pues la fidelidad sólo se pone a prueba cuando se da ocasión para la infidelidad.
La fidelidad no es una virtud que pueda demostrarse a simple vista, y las flores azules que simbolizan la fidelidad —el nomeolvides, la flor del cardo, la de la madreselva— son también poco vistosas. Antes se decía que el nomeolvides recibió su nombre por un hombre que recogía esas florecillas a la orilla de un río para su amada, cayó al río y, antes de ahogarse, gritó: ¡no me olvides! Y que la flor de la achicoria, con sus estrechos pétalos de color azul claro, había sido una virgen que, en el camino donde se despidió de su amor, esperó tanto tiempo su regreso que se convirtió en flor.
En la poesía de los trovadores aparece una mujer llamada Staete que es la encarnación de la fidelidad —staete significa “constancia”—. Esta mujer iba vestida de azul. En el retrato más famoso de Madame Pompadour, pintado en 1758 por François Boucher, hay una pequeña flor azul en el pecho de la retratada, justamente donde el corazón —y es que el cuadro era algo más que una representación de su belleza y elegancia: era una declaración de amor a Luis XV, para el que se hizo retratar—.
En inglés, el azul aparece especialmente ligado a la fidelidad: true blue (fiel hasta la médula), es una unión de color y sentimiento sólida e inteligible. En Inglaterra es todavía más frecuente considerar el azul como el color de la fidelidad y la confianza.
El rito nupcial inglés exige como ajuar de toda novia:
“Something old, something new, something borrowed, something blue.”
“Algo antiguo, algo nuevo, algo prestado, algo azul” —esto es, algo fiel.
Cuando el príncipe Carlos y lady Diana Spencer contrajeron matrimonio, se observó, por supuesto, esta costumbre: “something old” fue el encaje del traje de novia, herencia de la reina María. Prestada era la diadema, propiedad de los Spencer, igual que los pendientes de la novia, que pertenecían a su madre. “Something blue” era la cinta azul celeste de la sombrilla, confeccionada para combinar con el vestido. En la parte interior del cinturón había cosida una segunda cinta azul. Y el ramo contenía minúsculas flores azules de verónica —desde la boda de la reina Victoria, la flor de la verónica no puede faltar en ningún ramo de novia real, y para colmo de fidelidad a esta tradición, las flores se cortan de unas plantas que descienden de la que se eligió para el ramo de la reina Victoria—.
Naturalmente, la princesa Diana llevó en su boda su anillo de compromiso con el zafiro azul. En algunos países, la novia recibe un anillo con una piedra preciosa, lo más costosa posible, que traduce el valor del compromiso matrimonial. El zafiro es la piedra que simboliza la fidelidad. En el dedo del infiel, dice la creencia popular, el zafiro pierde su brillo.
5. El color de la fantasía
La fantasía: azul, 22% · violeta, 19% · naranja, 16% · verde, 10%
El azul es el color de aquellas ideas cuya realización se halla lejos. El violeta simboliza el lado irreal de la fantasía —lo fantástico—. El naranja, tercer color de la fantasía, simboliza el placer de las ideas locas. Azulvioleta-naranja es el acorde de la fantasía.
Como color de la lejanía y del anhelo, el azul es el color de lo irreal, e incluso de la ilusión y el espejismo. Antiguamente se llamaba en Alemania a las historias inventadas “cuentos azules”. Cuando un francés dice j’en reste bleu, quiere decir que no sale de su asombro. Y cuando exclama parbleu!, es que algo resulta fantástico y difícil de explicar.
El capitán Oso Azul, un personaje de cómic, cuenta continuamente historias falsas. Este oso, que se distingue de todos los demás osos por su pelo azul, es un excelente ejemplo del uso creativo de los colores → fig. 13. En inglés se habla a menudo de blueprints; esta expresión no designa a las viejas copias hechas con técnicas que hoy ya resultan obsoletas, sino que hace referencia a planes y proyectos hechos al tuntún, aunque a veces algunos puedan dar en el clavo.*
Desde 1998 existe la píldora de la potencia sexual, llamada Viagra; es azul y se la llamó “el milagro azul”.
En Holanda se dice: “esto no son más que florecillas azules” en el sentido de “no más que mentiras”. Pero las mentiras asociadas al color azul son sólo patrañas inofensivas —también el bluf está emparentado con blue.
El grupo artístico Der blaue Reiter (El Jinete Azul), fundado en 1911 por Franz Marc, Wassily Kandinsky, Alfred Kubin y Gabriele Münter, recibió ese nombre simplemente porque a todos los pintores de dicho grupo les gustaba pintar caballos y el azul era su color favorito. Pintaban, pues, caballos azules.
Henri Matisse también pintaba tomates azules. Cuando le preguntaban por qué lo hacía, respondía simplemente que lamentaba que él fuera el único que veía los tomates azules.
Yves Klein pintaba cuadros en los que todo era azul. Incluso patentó su azul especial como “azul Yves Klein internacional”. En realidad no es sino un azul ultramarino sintético corriente —que se podía fabricar según un método más barato que el habitual. Para Klein, el azul era el color de las posibilidades ilimitadas.
Info
N. del E.: En el original se hacen juegos de palabras con expresiones que emplean colores que se pierden al traducirlos. Por ejemplo, hacer algo al tuntún, emplea en alemán el color azul; lo mismo ocurre con la expresión “dar en el clavo”, que en alemán sería algo así como “dar en el negro”. El juego con el azul y el negro se pierde.
6. El azul divino Los dioses viven en el cielo.
El azul es el color que los rodea; por eso es, en muchas religiones, el color de los dioses. Las máscaras doradas de los faraones tienen el cabello y la barba azules. Es el azul de la piedra semipreciosa llamada lapislázuli, una piedra sagrada. El dios egipcio Amón tiene incluso la piel azul para volar por el cielo sin ser visto. También el dios indio Visnú, que aparece con forma humana como el dios Krishna, tiene la piel azul como signo de su origen celeste → fig. 27. Lo mismo ocurre con el dios Rama → fig. 12.
Entre los romanos, Júpiter era el señor del cielo, y azul el color de su reino. Como planeta pertenece en la astrología a la constelación de Sagitario, por eso muchos astrólogos asignan a los nacidos bajo este signo el azul como color típico; como Sagitario dispara sus flechas en el cielo, este color es el ideal. Sobre signos del Zodiaco y colores → Rojo, 23.
En el mundo mediterráneo y en el Próximo Oriente es muy común el amuleto del “ojo mágico”. Se trata de un ojo redondo y estilizado rodeado de azul → fig. 11.
Es el ojo de Dios. También se dice que los abalorios azules protegen de todos los males.
En muchas iglesias se pintaba la cúpula de azul porque simbolizaba la bóveda celeste.
En la religión judía, el cielo es el trono de Yahvé, y consiste en un zafiro. El azul divino y el blanco de la pureza son los colores del sionismo, por eso la bandera de Israel es blanca con una estrella de David de color azul.
El azul y el blanco combinados simbolizan en todos los lugares los valores supremos. Es el acorde de → la verdad, → el bien y → la inteligencia.
7. El color más frío
El frío / lo frío: azul, 44% · blanco, 23% · plata, 15% · gris, 11%
El azul es el color más frío. El origen de que el azul se considere un color frío radica en la experiencia: nuestra piel se pone azul con el frío, incluso los labios toman color azul, y el hielo y la nieve muestran tonos azulados. El azul es más frío que el blanco, pues el blanco significa luz, y el lado de la sombra es siempre azulado.
Desde que, hacia 1850, los impresionistas empezaron a representar las cosas sin sus colores reales, disolviéndolas en los colores de la luz, las antiguas sombras pardas desaparecieron de la pintura. En la pintura moderna, las sombras ya no son pardas, son azules → fig. 5.
El azul resulta incómodo como color de interiores, pues ópticamente parece abrir el espacio dejando entrar el frío. Si se pasa de una habitación rosa o amarilla a una azul, se tiene la impresión de que en la habitación azul hace más frío. “Las habitaciones tapizadas de azul parecen más espaciosas, pero también vacías y frías”, pensaba ya Goethe. En los países cálidos este efecto puede ser deseable, pues el azul produce una sensación de agradable frescor.
Azul-blanco-plata, el acorde de lo frío y de lo fresco, es el acorde ideal para los envases de los alimentos que deben conservarse fríos y frescos. La leche y los productos lácteos aparecen casi siempre en recipientes en los que el azul, el blanco y el color plata están presentes.
Los cuadros del “periodo azul” (1901-1904) de Picasso muestran azules de efectos siempre fríos. La crítica de arte Helen Kay los describe así: “El célebre azul de Picasso es el azul de la miseria, de los dedos fríos, de los sabañones, de los labios sin sangre, del hambre. Es el azul de la desesperación, …el azul del blues.”
El azul más frío que podemos encontrar entre los cuadros más famosos es el azul celeste de Die gescheiterte “Hoffnung” (La “esperanza frustrada”, 1821), de Caspar David Friedrich. El cuadro muestra un buque destruido sobre el mar helado, y un cielo de un azul claro especialmente frío.
En el sentido simbólico, el frío azul es también uno de los colores → del orgullo.
8. Colores primarios, pigmentos, pinturas de artista
El azul es uno de los colores que la teoría de los colores llama “primarios” o “fundamentales”. Un color primario es aquel que no es producto de una mezcla de otros colores.
Según la teoría de los colores hay tres colores primarios: rojo, amarillo y azul. Mezclándolos se obtienen todos los demás colores. Al color que es mezcla de dos primarios se le llama secundario o “color mixto puro”. El verde, el naranja y el violeta son colores secundarios. El color que resulta de mezclar los tres primarios se denomina color terciario o “color mixto impuro”. Podemos mezclar cada color con el negro para oscurecerlo, y con el blanco para aclararlo.
Los pintores saben que un matiz no puede obtenerse con una mezcla de más de tres colores, porque entonces toma un aspecto demasiado turbio. Los tres colores primarios mezclados dan el color marrón, y cuanto más colores participan de la mezcla, más opaca y oscura se vuelve ésta, hasta que finalmente aparece el gris pardo oscuro. Aunque se quiera aclarar esa oscuridad con blanco, los colores conservan un aspecto turbio. Esto es lo que quería decir el pintor Eugène Delacroix con esta frase: “El enemigo de la pintura es el gris”.
Hoy pueden producirse colores primarios sintéticos, al óleo o acrílicos, pero hace un tiempo era imposible obtener colores tan puros. El azul perfectamente puro, empleado sobre todo en las imprentas, se denomina “cian” → fig. 2, y, como color para los pintores, también “azul primario”. El rojo puro se denomina “magenta”, y también “rojo primario”. El amarillo más puro se denomina en las imprentas simplemente “yellow”, y los pintores lo llaman “amarillo cadmio limón”.
Pero los pintores prefieren pintar con los tonos tradicionales, como el azul de ultramar o el azul de Prusia, no sólo evitar hacer mezclas cada vez que van a usar un matiz, además los colores preparados para los pintores se distinguen también por su opacidad o su transparencia. Estas diferencias dependen de los pigmentos, que son las sustancias con que están fabricados los colores.
Cuando compramos colores, advertimos que el azul, el rojo y amarillo son casi siempre igual de caros. Los legos creen que están hechos con la misma sustancia, coloreada de manera diferente, pero las sustancias con que se fabrican los colores son muy diferentes. Un pigmento puede obtenerse de plantas, de tierras o de minerales, y también puede ser sintético; con él se hace siempre un polvo de color, que luego se mezcla con alguna sustancia aglutinante para que permanezca en la superficie pintada. Si el polvo se mezclara sólo con agua, se desprendería de la superficie al secarse. Con cada pigmento se pueden fabricar los distintos tipos de pinturas: a la acuarela, al temple, al óleo y acrílica; sólo los aglutinantes son diferentes. En la acuarela, el pigmento se mezcla con solución de goma, en los colores al óleo con aceite, en los acrílicos con material acrílico y en los lápices de cera con cera.
Como los colores pueden parecer iguales aunque su pigmento sea diferente, a menudo no se sabe qué pigmentos se emplearon en algunas pinturas antiguas. Los colores también pueden parecer iguales a pesar de ser diferente su materia aglutinante, y cuando los cuadros modernos se barnizan, ni los especialistas pueden apreciar si han sido pintados con pintura al óleo o con pintura acrílica.
Lo más importante de las pinturas son los pigmentos. Su precio varía mucho. Aunque la mayoría de los pigmentos son sintéticos, las diferencias de precios se han mantenido: el azul de París o el azul de Prusia son más baratos que el azul de ultramar, y más caros que el azul de ultramar son el azul coeli y el azul cobalto. El azul cobalto cuesta a los pintores unas cinco veces más que el azul de Prusia. Las diferencias de precio son más pronunciadas en las pinturas de primera calidad que utilizan los artistas, pero también en las empleadas para pintar automóviles. Los fabricantes de colores suelen distinguir seis o más grupos de precios, según el pigmento, y así hay tubos que cuestan 5 euros cada uno y otros que cuestan 40. La mayoría de los fabricantes también ofrece surtidos a un precio único, como los llamados colores de estudio —pero en ellos, los tonos caros tienen menos pigmento y más sustancias de relleno, y cubren escasamente—. Por otro lado, las grandes empresas fabricantes de pinturas para artistas producen las barras de labios y las sombras de ojos, pues también aquí lo esencial son los pigmentos, y sólo cambian los aglutinantes.
Cuando nació el simbolismo de los colores, que determina aún hoy la concepción que tenemos de ellos, los pigmentos no podían sintetizarse, por lo que las diferencias de precio eran mucho mayores. El precio de un color tenía una influencia decisiva sobre su significado.
9. Azul de ultramar: el color más caro de todos los tiempos
El color más caro de todos los tiempos ha sido el azul de ultramar o azul ultramarino. Aún se produce auténtico azul ultramarino para los amantes de los colores históricos, y el de máxima calidad cuesta 15.200 euros el kilo (fuente → nota 10).
El ultramarino, el azul luminoso de los pintores, se conocía desde la antigüedad. Para producir este color se empleaba como pigmento una piedra semipreciosa: el lapislázuli. Se trata de una piedra de color azul profundo, sin transparencias, con vetas blancas y motas doradas. Antiguamente se creía que estas motas doradas eran de oro, pues el lapislázuli se encontraba en yacimientos de oro y plata, pero lo que brilla como el oro no es sino pirita, un mineral sulfuroso.
“Ultramarino” significa “del otro lado del mar”, y justamente del otro lado del mar venía el laspislázuli: de más allá del océano Índico, del mar Caspio y del mar Negro.
El lapislázuli es una piedra semejante al mármol, que se tritura y se reduce pacientemente a polvo en el almirez, para luego añadirle el aglutinante. El polvo se llama “ultramarino”, y con él se pueden hacer pinturas a la acuarela, al temple y al óleo.
El más noble de los azules de ultramar que encontramos en el arte europeo es el de las miniaturas pintadas para el duque de Berry, Les très riches heures du Duc de Berry: una serie de pinturas al temple sobre pergamino, pintadas en 1410 por los hermanos de Limburg, que se encuadernaron como libros. Aunque los hermanos Paul, Hermann y Johan eran pintores cortesanos muy estimados, no se conoce su apellido, porque en aquella época era impensable que los artistas firmaran con sus nombres, y en los libros de cuentas del duque sólo figuran como los “hermanos de Limburg”. Pintaron escenas bíblicas, pero sobre todo escenas de la vida cortesana y hojas de calendario con motivos astrológicos —y lo que pintaban, lo pintaban en azul ultramarino. Este color es dominante porque estas pinturas fueron concebidas como objetos de lujo. El duque había encargado pinturas “très riches”, esto es, suntuosas y caras. Hasta hoy, este azul no ha perdido nada de su luminosidad, y estas pinturas se consideran obras sobresalientes de la pintura.
En 1508, Alberto Durero escribió al comerciante de Francfort Jacob Heller, que le había encargado un altar, contándole cómo había pagado a un tratante por el azul ultramarino que necesitaba para esa obra: “Le he dado doce ducados de arte por una onza de buen ultramarino”. Durero cambió obras de arte valoradas en doce ducados —equivalente a 41 gramos de oro — por 30 gramos de azul ultramarino. Hoy el oro hace tiempo que no es tan caro como en la época de Durero; si se piensa en la gran necesidad de oro que había entonces para acuñar monedas y en la escasa producción de este metal, el precio equivaldría, lo menos, a diez veces el precio actual del oro. Pero, en aquella época, nadie habría podido comprar un cuadro de Durero por 41 gramos de oro (equivalente a unos miles de euros). Durero era un pintor muy bien pagado, y lo que cambió fueron reproducciones de sus grabados hechos por otros grabadores. Sus grabados originales, que se vendían en los mercados, eran muy caros pero Durero habría dado tres o cuatro por una onza de azul ultramarino.
Durero escribió que aquel ultramarino era “bueno” porque lo había de distintas calidades: cuanto más luminoso, más caro. En los pedidos del pintor se especifica la cantidad exacta de ultramarino y la calidad del mismo según las partes de su obra en que iba a emplearlo. Los costes de este color quedaron consignados detalladamente en las cuentas. En los cuadros de Durero apenas se ve un luminoso azul ultramarino, pero ello no se debe a la calidad del color. En la pintura antigua, los colores se aplicaban en múltiples capas, y cada tono era el resultado de la mezcla óptica de los colores uno sobre otro. Los antiguos maestros comenzaban siempre con un fondo oscuro, con lo que la luminosidad del ultramarino se desvanecía, pero este efecto era buscado debido a que el ultramarino puro es tan intenso que prevalece sobre los demás colores.
Otra razón de la escasez de obras con azul luminoso es que en el siglo XIX nació la moda de barnizar los cuadros con un barniz marrón. Los colores brillantes se consideraban banales y kitsch. Los cuadros de Durero, considerado el gran pintor alemán, fueron cubiertos con una espesa “sopa marrón” —como dicen hoy los restauradores—. Actualmente se retira este barniz si es posible, con lo que en la obra de los antiguos maestros vuelven a brillar colores que nunca creímos que utilizaran → Marrón 14, → fig. 97. El azul puro de los hermanos de Limburg se ha conservado porque éstos pintaron sobre pergamino, y el pergamino no admite ningún barniz.
El azul de ultramar puede producirse artificialmente desde 1834. Este azul sintético cuesta hoy de 10 a 30 euros, según su calidad. Hoy se puede producir sintéticamente incluso el propio lapislázuli, por eso hay grandes diferencias de precio en las joyas hechas con esta piedra semipreciosa. Otro pigmento azul, antes muy utilizado, es la azurita, también obtenido de una piedra azul. Pero la azurita no era ni de lejos tan luminosa ni tan cara como el azul ultramarino, y hoy su interés es sólo histórico.
En 1775 se consiguió producir un nuevo azul: el azul cobalto. La palabra cobalto viene del alemán Kobold, que significa “gnomo”, pues en algunas minas hay cristales de mineral de cobalto que brillan como si fueran los ojos azules de los gnomos, y este azul se obtiene de este mineral de cobalto.
El azul cobalto es un tono muy intenso, ligeramente rojizo, que no se puede obtener con ningún otro pigmento. El azul cobalto era para Van Gogh el azul divino.
El azul cobalto fue la perdición de Van Meegeren, el genial falsificador. Van Meegeren falsificó en 1935 a Vermeer (1632-1675), que había pintado con auténtico azul ultramarino. Pero cuando Van Meegeren hizo su falsificación, hacía tiempo que el auténtico azul ultramarino había desaparecido del mercado. Van Meegeren logró con gran esfuerzo hacerse con el antiguo color, pero el azul ultramarino que le vendieron no era del todo auténtico, pues contenía algo de azul cobalto, que en tiempos de Vermeer no se usaba. El cobalto encontrado en un análisis químico delató al falsificador.
Aunque en la pintura el azul era el color más noble, y en la simbología un color divino, su uso también era corriente para la vestimenta. Cuando, en 1570, el papa Pío V estableció los colores litúrgicos para las vestiduras sacerdotales durante la misa, en los manteles del altar y en la ornamentación del púlpito, prohibió el uso del azul. La razón era que las vestimentas azules eran demasiado corrientes. El responsable era el índigo, el tinte más famoso de todos los tiempos → Azul 16.
El índigo fue siempre un color barato. Con él se podían hacer también pinturas al óleo, al temple y a la acuarela, pero puesto que era algo apagado y no muy estable a la luz, no era un color noble.
Para los amantes de los colores históricos se fabrican aún hoy acuarelas de auténtico índigo. Sin embargo, los expertos desaconsejan su uso porque palidece. Lo que hoy se vende como azul índigo es un color puramente sintético.
El azul de los pintores era caro y noble, y el de los tintoreros barato y ordinario. El azul es un color cuya importancia ha estado siempre ligada a su precio.
10. El color de las cualidades intelectuales y masculinas
La inteligencia: azul, 25% · blanco, 25% · plata, 15% La ciencia: azul, 22% · blanco, 20% · gris, 15% · plata, 14% La concentración: azul, 23% · blanco, 18% · negro, 15% · gris, 12% La independencia: azul, 28% · verde, 15% · negro, 11% · oro, 9% · amarillo, 8% La deportividad: azul, 32% · blanco, 20% · verde, 12% · plata, 10% Lo masculino: azul, 36% · negro, 28% · marrón, 15% · gris, 7% · rojo, 5%
El azul es el color principal de las cualidades intelectuales. Su acorde típico es azulblanco. Éstos son los colores principales de la inteligencia, la ciencia y la concentración. La deportividad no es ninguna cualidad intelectual, pero goza de una consideración social tan alta, que en ella domina igualmente el acorde azul-blanco.
Siempre que ha de predominar la fría razón frente a la pasión, el azul es el color principal. La primera computadora que consiguió vencer a un maestro mundial del ajedrez lleva el significativo nombre de Deep Blue.
Es perfectamente lógico que el azul sea el color principal de lo masculino. No obstante, según la antigua simbología, el azul es el color femenino. El azul es el polo pasivo, tranquilo, opuesto al rojo activo, fuerte y masculino. Lo que hace que el azul se asocie a lo masculino es el color con que se viste a los recién nacidos —rosa para las niñas, azul celeste para los niños—, una costumbre que hoy casi ha desaparecido → Rosa 5. El segundo color más nombrado para la masculinidad es el negro; ésta es una asociación que corresponde más bien a la imagen tradicional del hombre fuerte.
11. El azul femenino
Tradicionalmente, el azul simboliza el principio femenino. El azul es apacible, pasivo e introvertido, y el simbolismo tradicional lo vincula al agua, atributo, asimismo, de lo femenino.
En todas las lenguas se han usado nombres de colores como nombres de pila. De unos colores, o de cosas que los tienen, se han hecho nombres predominantemente femeninos, y de otros, nombres predominantemente masculinos. Esto ya indica si un color es simbólicamente masculino o femenino. El azul es en esto inequívoco: con nombres de cosas azules se han creado nombres de mujer.
Del adjetivo latino caelestis, azul celeste, proceden nombres como Celestina, Celina, Coelina y Selina. Del “azul celeste” en otras lenguas salieron los nombres de Urdina, Sinikka y Saphira. Y Bluette, nombre francés de la flor del aciano, es también un nombre de mujer. Iris también es una flor azul y un nombre de mujer. En cambio no hay más que un nombre masculino azul: Douglas, que significa “azul oscuro”. Véase “Nombres y colores” → Blanco 6.
Como los apellidos se sucedieron durante siglos en la línea masculina, se evitaron los que tenían connotaciones femeninas. Véase “Apellidos y colores” → Negro 15.
En la pintura antigua, el azul adquiere, como color femenino, máxima importancia, pues es el color simbólico de la Virgen María, la mujer más importante del cristianismo. Nadie ha sido pintado tantas veces como ella. Su color es el azul →Azul 12.
Los astrólogos no son unánimes sobre el signo zodiacal al que hay que atribuir el color azul. Unos lo asocian al planeta Júpiter, y por lo tanto al signo de Sagitario; también se asociaba anteriormente al de Piscis. Casi todos los astrólogos se inspiran para sus interpretaciones en el significado del término que dio nombre a los signos. Y por eso se atribuye casi siempre el femenino azul al signo de Virgo. A Virgo y al azul pertenecen las llamadas cualidades típicamente femeninas, como la pasividad, la reserva, el deseo de armonía, el amor al orden… La gema asignada a Virgo es el zafiro.
12. El azul de las Vírgenes y los colores simbólicos cristianos
Los colores simbólicos de la pintura cristiana son el azul para María, el rojo para Jesús, el violeta púrpura para Dios Padre y el verde para el Espíritu Santo → fig. 18. Así es por norma general; y el origen de estas asociaciones se explicará en este libro en el capítulo dedicado a cada uno de estos colores. Aunque las excepciones son frecuentes, no invalidan la regla ni la hacen arbitraria, pues las excepciones no son casuales, sino que dan a lo representado un significado distinto del habitual, e incluso el uso extraordinario de un color está determinado por el simbolismo tradicional de los colores.
El papa Gregorio Magno (540-604) promulgó la ley suprema de la pintura cristiana: las imágenes religiosas deben contar historias inteligibles para todo el mundo. Este Papa puso una condición a los artistas: “En la casa de Dios, las imágenes deben ser para los hombres sencillos lo que para los cultos los libros”. Tal fue durante siglos la ley suprema de la pintura cristiana.
Los colores simbólicos del cristianismo aparecen la mayoría de las veces en las vestimentas, y son, en un sentido general, signos para el reconocimiento: en las pinturas antiguas a menudo se puede saber por el color de una vestimenta quien está representado en una imagen. Además los colores también caracterizan las cualidades de quien aparece representado.
El azul femenino es el color de la Virgen María, y al azul se le llama también el “color de la Virgen”. La Virgen aparece en el más luminoso azul ultramarino como Virgen con media luna y diosa celestial; como Virgen con manto, extiende su manto azul, que es tan extenso como el cielo, sobre los fieles; y como Madre Dolorosa viste de un profundo azul oscuro.
Pero la Virgen María no siempre aparece vestida de azul. El color de su vestido no depende del gusto del pintor, sino de la jerarquía de las imágenes representadas en el cuadro. Si la Virgen aparece con Jesús, no viste de azul ultramarino, que era el color más caro: ella es la Madre de Dios, la Reina de los Cielos, pero Jesús no es un príncipe, sino Dios, y por eso la Virgen no puede aparecer de un color superior en rango al de Jesús. La consecuencia es que los gastos para pintar a la Virgen se reducían cuando se la pintaba junto a Jesús; en este caso se la pintaba vestida de azul oscuro —para lo cual bastaba un ultramarino de menor calidad u otro pigmento azul más económico—.
En las imágenes de la edad media, Jesús raramente viste de azul, y nunca cuando se le ve junto a la Virgen. Tampoco viste nunca de azul luminoso; su color es el rojo, masculino en la tradición.
Los pintores respetaron siempre estas reglas jerárquicas, que tenían también un sentido estético: el azul luminoso tiende a extenderse, apartando a los demás colores. Además, el azul luminoso junto al rojo luminoso produce un contraste tremulante nada deseable.
Pero en muchos cuadros la Virgen aparece también de rojo, especialmente cuando se la muestra en un ambiente mundano, como era común a finales de la edad media. Así es en la Virgen del canciller Nicholas Rolin, de Van Eyck (1437), donde se muestra a la Virgen con el rico canciller Rolin, que había encargado el cuadro. En la escena mundana de este cuadro, la Virgen María con vestido azul junto a un potentado real — Rolin era el hombre más poderoso del principado Borgoñón— habría parecido una sirvienta, pues de azul vestían entonces los artesanos y los sirvientes, siendo el rojo el color de los soberanos y de la nobleza → Rojo 9. Por eso, en vez del color simbólico cristiano Van Eyck eligió los colores de la jerarquía social.
En 1858 se apareció la Virgen María a Bernardette Soubirous, una adolescente de catorce años, en una fuente en Lourdes. La joven vio a María con un vestido azul celeste y una capa blanca —de entera conformidad con el gusto de la época—. Desde entonces, el azul celeste y el blanco ha sido la combinación de colores preferida para las vestiduras de la Virgen. El suave acorde de colores contribuyó a hacer de las imágenes de la Virgen vestida de azul pastel prototipos del kitsch religioso.
13. El secreto de los colores complementarios
Principio de la teoría de las mezclas de colores: los colores complementarios son, en un sentido técnico, los colores con el máximo contraste; por eso se les llama también “colores contrarios”. En el círculo de los colores, los complementarios se hallan siempre uno frente al otro. Frente a cada uno de los tres colores primarios, azul, rojo y amarillo, hay un color secundario: naranja, verde y violeta respectivamente. Los pares de colores complementarios son azul-naranja, rojo-verde y amarillo-violeta. Al mezclarse entre sí, todos los colores complementarios dan un color grispardo → fig. 95:
- Azul + naranja es en realidad azul + amarillo + rojo
- Rojo + verde es en realidad rojo + azul + amarillo
- Amarillo + violeta es en realidad amarillo + azul + rojo
Tal es el secreto de los colores complementarios: como uno de los dos colores complementarios tiene lo que el otro no tiene, se los considera, en sentido técnico, los colores de máximo contraste.
El círculo de los colores con sus seis partes → fig. 52 es un sencillo recurso para reconocer los colores complementarios. El amarillo, que es el más claro de todos los colores, suele colocarse arriba. Frente a él se halla el violeta, el color más oscuro del círculo. A la izquierda y a la derecha del violeta están respectivamente el rojo y el azul, los colores de cuya mezcla resulta el violeta. Entre dos colores primarios se halla siempre el que es mezcla de ambos. Entre el amarillo y el rojo se sitúa el naranja, y entre el amarillo y el azul se halla el verde.
Los pintores antiguos sabían, naturalmente por experiencia, cómo mezclar los colores, pero desconocían el principio de los colores complementarios. Éstos tampoco desempeñan un papel significativo en el simbolismo de los colores.
14. Los contrarios psicológicos
Aquí hemos introducido un nuevo concepto para nuestra teoría de los efectos de los colores: el de los colores psicológicamente contrarios. Los efectos de los colores en el plano de los sentimientos y en el del entendimiento no siempre se corresponden con las relaciones que establecen los colores entre sí en sentido técnico. Así, el rojo es complementario del verde, pero nuestra sensación es que entre el rojo y el azul hay un contraste mayor.
Los colores psicológicamente contrarios son pares de colores con el máximo contraste según nuestras sensaciones y nuestro entendimiento, un contraste que aparece también muy claramente en el simbolismo. En los acordes de colores de nuestra encuesta nunca aparecen juntos los colores psicológicamente contrarios, pues ninguna cualidad ni ningún sentimiento pueden ser al mismo tiempo su contrario. En el arte, la combinación de colores psicológicamente contrarios produce un efecto contradictorio muy llamativo.
15. Los tintoreros borrachos
Duante siglos, el color de la indumentaria no fue una cuestión de gusto, sino de dinero. La obtención de tintes era laboriosa, muchos colorantes tenían que importarse, y el teñido exigía un trabajo intenso; todo esto encarecía las telas →Rojo 10, →Violeta 3. Sin duda también había tintes baratos, pero no eran resistentes a la luz y al lavado, y los tejidos quedaban pronto desteñidos. Pero el azul era la excepción: teñir de azul era fácil en cualquier parte, y desde tiempos primitivos se conocía un tinte estable a la luz: el índigo, que fue el tinte más importante. El azul índigo, el mismo que el de los tejanos, puede variar desde el azul pálido al azul negruzco.
El índigo hizo del azul el color preferido en todas las épocas para las prendas de vestir. Ello nos lleva a un nuevo significado del azul: el azul como color de la vida cotidiana y del trabajo.
De todos los colores naturales, sólo el púrpura y el azafrán son estables a los lavados y a la luz, pero eran extremadamente caros. El tinte azul índigo tenía una particularidad: podía extraerse de muchas plantas distintas que crecían en todo el mundo. Se han encontrado momias egipcias envueltas en tejidos teñidos de azul índigo; en China, este tinte se conoce desde hace milenios; los celtas se pintaban las caras de azul con glasto para atemorizar a las tropas de César; los indios sabían cómo fabricar el azul índigo; y los tuaregs, el pueblo de jinetes del Sahara, tiñen sus ropas de un índigo tan intenso, que los cristales del tinte confiere a su ropa un brillo metálico que refleja la luz solar.
En centroeuropa se obtenía el tinte azul del glasto, de nombre botánico isatis tinctoria —es decir, planta tintórea—. Es una planta herbácea de tallo recto, de 25 a 140 cm de altura, con un ramillete de numerosas flores pequeñas de color amarillo en su parte superior, en el tallo, están las hojas oblongas, que es donde se encuentra el colorante.
Carlomagno (768-814) ordenó el cultivo del glasto en todo su reino. En la edad media había ciudades famosas por sus cultivos de glasto: Erfurt, Gotha, Arnstadt, Langensalza, Tennstedt; desde ellas se distribuía el glasto por toda Europa. Todavía a principios del siglo XVIII, más de trescientos pueblos de Turingia vivían del glasto.
| Colores psicológicamente contrarios | Contraste simbólico |
|---|---|
| Rojo-azul | activo-pasivo caliente-frío alto-bajo corporal-espiritual masculino-femenino |
| Rojo-blanco | fuerte-débil lleno-vacío pasional-insensible |
| Azul-marrón | espiritual-terrenal noble-innoble ideal-real |
| Amarillo-gris y naranja-gris | brillante-apagado llamativo-discreto |
| Naranja-blanco | coloreado-incoloro llamativo-moderado |
| Verde-violeta | natural-artificial realista-mágico |
| Blanco-marrón | limpio-sucio noble-innoble diáfano-denso listo-tonto |
| Negro-rosa | fuerte-débil rudo-delicado duro-blando insensible-sensible exacto-difuso grande-pequeño masculino-femenino |
| Plata-amarillo | frío-cálido imperceptible-llamativo metálico-inmaterial |
| Dorado-gris y dorado-marrón | puro-impuro caro-barato noble-cotidiano |
En la edad media, el oficio del tintorero era una ciencia secreta. Sólo gracias a la química moderna fue en parte posible descubrir los secretos de los tintoreros. El glasto se utilizaba de esta manera: sólo se cosechaban las hojas de la planta, cortándolas del tallo y dejando el resto de la planta en tierra, pues, al cabo de varios años, volvía a ser útil; luego, las hojas eran trituradas y puestas a secar al sol.
Las labores de tinte exigían buen tiempo, debía hacer calor al menos durante dos semanas. En cuanto a los utensilios, sólo se necesitaban cubas, grandes y rectas, de troncos ahuecados, que se ponían al sol. En estas cubas se colocaban las hojas secas de glasto y se llenaban luego de un líquido hasta cubrirlas. El líquido era químicamente único: orina humana.
Esta mezcla de orina y glasto puesta al sol empezaba a fermentar y se formaba alcohol, que disolvía el colorante índigo de las hojas. Aunque en la edad media no se conocía el proceso químico, se sabía que la fermentación se reforzaba, obteniéndose más colorante, si se añadía alcohol. Pero el alcohol no se podía echar directamente a la mezcla porque podía estropearla. El acohol se añadía de una manera indirecta: en antiguas recetas se dice que el tinte obtenido es especialmente bueno si se utiliza la orina de hombres que han bebido mucho alcohol.
El proceso duraba tres días por lo menos, hasta que el colorante se desprendía de las hojas. Si los días no eran soleados, podía durar una semana. Los operarios tenían entonces que dar vueltas a las podridas hojas una y otra vez. Lo hacían introduciéndose con los pies desnudos en las cubas, —quizá porque este método tiene la ventaja de que uno puede apretarse la nariz—. Por lo demás, debían mantener húmeda la pasta de hojas resultante y vigilar la cantidad de alcohol.
Según las recetas, el colorante se ha separado de las hojas cuando el hedor disminuye, pero aún no se puede teñir nada. El colorante disuelto en el acohol debía hacerse soluble en agua mediante una segunda fermentación, para la que se añadía sal. Los tintoreros debían esperar de tres a ocho días más, en los que lo único que tenían que hacer era remover la mezcla y reponer la orina evaporada y, sobre todo, seguir vigilando el contenido de alcohol de la mezcla, pues cuanto mejor era la fermentación, más abundante era el tinte y más intenso el azul. Sólo cuando la mezcla empezaba a enmohecer podían teñirse tejidos e hilos. Éstos debían permanecer un día entero en la mezcla para tomar suficiente tinte. Luego eran aclarados nuevamente en orina. Pero su color todavía no era azul, pues tenían el color desagradable de la mezcla. Sólo después de secar los tejidos a la luz del sol aparecía el azul. El índigo es un colorante de oxidación. Y precisamente porque el color aparece cuando es expuesto a la luz, es tan estable.
El glasto tenía una ventaja adicional: podía almacenarse por tiempo indefinido. Cuando no había que teñir dentro de un plazo breve, se hacían bolas con las hojas fermentadas y se las dejaba secar. También se vendían de esta manera. Para usarlas de nuevo las bolas volvían a introducirse en orina.
Dejando aparte el hedor, la tinción era una actividad agradable. Los tintoreros trabajaban al aire libre, con buen tiempo, y además había que beber abundantemente. Cuando se veía a los tintoreros borrachos dormir al sol, todo el mundo sabía que estaban “haciendo el azul”. Y quien había hecho el azul, estaba borracho, o, como acabó diciéndose en Alemania del borracho: estaba azul.
Así de bonito era teñir de azul en Alemania, por eso sólo en Alemania se dice que los borrachos se ponen azules, y, cuando alguien no acude al trabajo, se dice que “está haciendo el azul”.
El uso del glasto pasó a la historia de forma bastante repentina, cuando fue reemplazado por un mejor tinte de índigo cuya elaboración no precisaba de alcohol adicional. Del glasto hoy no se conoce ya ni su nombre. Pero en Alemania quedaron las expresiones “hacer” o “estar” azul, todavía muy populares, aunque el origen de las mismas hace tiempo que quedó olvidado.1
16. Índigo: el tinte del diablo y el color preferido en la indumentaria de todas las épocas
“Índigo” significa “indio”, pues era un tinte procedente de la India. Allí crece una planta en cuyas hojas el colorante azul está más concentrado que en las demás plantas. Indigofera tinctoria —planta tintórea de la India— la llaman los botánicos, y abreviadamente suele llamarse, tanto a la planta como al tinte, “índigo” o “añil”.
El índigo es un arbusto con flores en racimo de color blanco o rosado y frutos en vaina. Botánicamente no hay ningún parentesco entre el glasto y el índigo, pero el colorante se halla también en las hojas, que se fermentan con orina. La diferencia con el glasto europeo es que el azul del índigo es más intenso. Y, sobre todo, el índigo tiene treinta veces más colorante, que el glasto.
En 1498, Vasco de Gama encontró la ruta marítima del índigo. Todos los barcos de las compañías comerciales portuguesas descargaban en los puertos el tinte indio, que era mucho mejor que el europeo. Los cultivadores de glasto luchaban por su supervivencia. En 1577 se prohibió el índigo en Alemania. Ésta fue la primera de una larga serie de prohibiciones. En Francia se prohibió el índigo en 1598. Y en Inglaterra se destruyeron todas las existencias de índigo hasta que, a partir de 1611, los propios ingleses, poseedores de compañías comerciales en la misma India, introdujeron de nuevo el índigo en Inglaterra. En 1654, el emperador alemán declaró el índigo “tinte del diablo”.
Pero el índigo era mejor que el glasto, y gracias a la competencia entre las compañías fue abaratándose. Y en lo que respecta a la prohibición, no era posible saber si algo había sido teñido con glasto o con el tinte del diablo. El peor índigo daba el mismo azul que el mejor glasto. Los tintoreros de Nuremberg debían jurar cada año que no emplearían nada de índigo. Este juramento no era únicamente una declaración de honor, sino que el empleo de índigo estaba castigado con la pena capital.
Pero el índigo aparecía por todas partes. Las prohibiciones dejaron de ser eficaces y fueron relajándose: en 1699, el índigo se permitió en Francia —los franceses tenían ya sociedades comerciales propias y lo importaban —. En 1737, los protectores alemanes del glasto tuvieron que capitular. El índigo se legalizó y un año más tarde se dejó de cosechar el glasto en Alemania.
La lucha del glasto contra el índigo; fue un intento de imponer un producto peor frente a otro mejor y más barato. A pesar de su intensidad, la propaganda a favor del glasto —protección estatal del producto y criminalización de la competencia— fue inútil.
El “tinte del diablo” se convirtió también en Alemania en el “rey de los tintes”. Pero fue también en Alemania donde tocó a su fin el empleo milenario del índigo para los tintes.
A mediados del siglo XIX, los químicos lograron producir colorantes a partir de un componente del alquitrán de hulla. Se los llamó colores de anilina. El vocablo “anilina” tiene su origen en la antigua palabra india para el azúl de índigo (anni, de donde se deriva “añil”). Lo que entonces interesaba producir era ante todo este azul pero el primer color artifical que se comercializó (en 1856) fue un delicado lila: el malva. Poco después, los químicos lograron producir un rojo: el fucsia. Luego un verde. El azul seguía siendo un misterio. Los alquimistas habían soñado con el oro artificial; los químicos soñaban ahora con el azul artificial.
Los colores artificiales son hoy tan normales, que causa asombro saber que la industria química nació como industria dedicada a la producción de colorantes artificiales. Los nombres de los gigantes de la industria química lo demuestran: Farbwerke Hoechst [Fábrica de Colorantes Hoechst], Farbenfabriken Bayer [Fábricas de Colorantes Bayer]; BASF significa Badische Anilinfarben- und Sodafabrik [Fábrica de Colorantes de Anilina y de Soda de Baden], y AGFA, la conocida firma de películas fotográficas, tomó su nombre de las iniciales de Aktien-Gesellschaft für Anilinfarben [Sociedad Anónima de Colorantes de Anilina]. Hoechst y Bayer se fundaron en 1863, y BASF en 1865; era la época fundacional de la química europea. BASF contaba entonces con treinta empleados.
En 1868, Adolf Baeyer, profesor de la Academia de Industria de Berlín, logró producir índigo artificial, aunque no consiguió descifrar su composición química. El índigo de Baeyer era del más puro azul y de la mejor calidad, pero este producto artificial tenía un problema: era más caro que el oro. En 1883, Baeyer, por entonces profesor de química en Múnich, descubrió la fórmula estructural del índigo: C16H10N2O2. No obstante, todos los intentos de producir un índigo barato resultaron infructuosos.
Químicos y técnicos de todos los países buscaban el procedimiento. Sólo BASF invirtió 18 millones de marcos de oro en esta búsqueda, cantidad equivalente a varios miles de millones de euros. BASF había llegado a ser una empresa próspera gracias a los colorantes de anilina, pero sus inversiones en el índigo artificial rebasaron su capital activo. ¿Para qué producir índigo artificial? El natural de las plantaciones de la India, cuyos trabajadores sólo ganaban para un puñado de arroz al día, era bien barato.
Gracias a su situación de potencia colonial en la India, Inglaterra se hizo con un lugar preponderante en el comercio del índigo auténtico. Asimismo, los ingleses se preparaban cuidadosamente para la posible competencia de un colorante artificial. Bajaron el precio del índigo natural para que disminuyera el interés por el artificial, pero se continuó investigando. Los comerciantes de la India británica empezaron a acumular su mercancía; de este modo, si aparecía en el mercado el índigo artificial, podrían ofrecer el natural más barato, hasta que los químicos se olvidasen del índigo artificial. En 1897 ocurrió lo temido. La BASF lo había logrado. Karl Aloys Schenzinger describe en su novela titulada Anilina, basada en hechos verídicos, lo que entonces sucedió:
“Y empezó el desfile. El índigo sintético alemán apareció en el mercado, que desde hacía siglos estaba totalmente dominado por el indigo natural, últimamente con una producción mundial de nueve millones de kilogramos al año.
Se inició una batalla que duró quince años.
Ya el primer encuentro mostró la superioridad del nuevo colorante. El índigo artificial era más puro que el natural, de color más intenso y más fácil de usar. Su contenido de sustancia colorante era siempre el mismo. El índigo artificial no dependía del rendimiento de una cosecha. Las circunstancias climáticas y la situación de las plantaciones no desempeñaban ningún papel en su producción. Todos los ensayos obtenían resultados cien por cien positivos. El índigo natural se defendía con mortales bajadas de precios”.
Los comerciantes de índigo lo intentaron todo: los trabajadores de las plantaciones recibían salarios cada vez más bajos, se elevó la producción, se prensaron las hojas, se criaron plantas más robustas, se irrigaron las plantaciones, se abonaron los terrenos. Todo en vano: “El índigo artificial se imponía a cualquier maniobra de precios. Sólo tres años después, la posición del índigo natural en el mundo se veía comprometida, y, pasados tres años más, quedó anulada”.
En 1897, cuando el índigo artificial llegó al mercado, la India británica vendió en el mundo 10.000 toneladas de índigo natural, y Alemania 600 toneladas de índigo artificial. En 1911, la India británica vendió aún 860 toneladas de índigo, pero de Alemania salieron 22.000 toneladas.
La BASF empleaba ahora a más de 9.000 trabajadores. Adolf Baeyer recibió un título nobiliario por sus méritos en el descubrimiento del índigo artificial.
17. El azul de Prusia, color de los uniformes
Azul de Prusia, rojo inglés, verde ruso: estas combinaciones de colores y nacionalidades recuerdan colores de antiguos uniformes.
¿Por qué los prusianos iban de azul oscuro? Se pueden argüir explicaciones de tipo psicológico —porque el azul es sosegado, ordenado, serio—; se puede especular sobre el carácter obediente de los prusianos, pero de hecho, había una razón económica determinante: los uniformes de color azul oscuro fueron introducidos por el “Gran Príncipe Elector” Federico Guillermo (1620-1688), que tuvo que proteger a los cultivadores de glasto en la época de la lucha contra el índigo.
Cuando Brandemburgo se convirtió en el reino de Prusia, el azul de los uniformes recibió el nombre de “azul de Prusia”. Las tropas alemanas vistieron de este azul hasta la Primera Guerra Mundial. Sólo los bávaros tenían su propio color: azul celeste. Eran soldados vestidos con chaquetas azul claro, de cuello blanco y cordones y botones dorados: unos colores que hoy nos resultan absurdos en uniformes de soldados. Pero los soldados de los demás países también vestían con colores vistosos → Rojo 11. Durante el tiempo en que se combatió cuerpo a cuerpo, la indumentaria de colores evidenciaba, desde lejos, la fortaleza de un ejército.
Durante la Primera Guerra Mundial, los colores desaparecieron de los uniformes. Las armas, disparadas desde posiciones protegidas, tenían un alcance mucho mayor, por lo que los soldados debían resultar poco visibles. Se impusieron los colores de camuflaje.
18. El azul real y el azul plebeyo
Lo práctico: azul, 22% · gris, 17% · blanco, 16 % · verde, 14% Lo técnico / lo funcional: azul, 22% · plateado, 19% · gris, 18% · blanco, 16% · negro, 12%
Vestir de rojo era en la edad media un privilegio de los nobles → Rojo 9, mientras que de azul podía ir cualquiera —aunque no de todos los tonos de azul—. El azul celeste luminoso era un color noble, era el azul de la nobleza. De Asia se importaban tejidos de seda teñidos con índigo. La producción de seda era para los europeos algo tan misterioso como la de ese azul. Desde el siglo XIII, los mantos de la coronación de los reyes franceses eran de color azul brillante. En el siglo XVII, en la época de Luis XIV — cuando se legalizó el índigo—, el azul era color de moda en la corte. El propio Luis XIV diseñó personalmente un jubón azul bordado de oro y plata, y todos los cortesanos soñaban con aquel jubón azul, pues vestirlo era una concesión especial del rey. Este hermoso azul recibió el nombre de “azul real”, y hoy es muy apreciado como color para tinta.
La lana y el lino no decolorados, cuando se teñían con glasto tomaban un color azul turbio y como sucio. Era el color de las clases bajas, que también usaban los criados y los siervos —algo muy práctico, pues el azul es el color sobre el que menos se nota la suciedad—.
Con el índigo vino también un nuevo material para las ropas bastas: el algodón, primero de la India, y más tarde principalmente de América. Los tejidos de algodón se podían estampar muy bien con azul. Los estampadores textiles estampaban dibujos azules sobre telas blancas, o bien se les aplicaba en ciertas zonas una solución grasa que no tomaba el tinte azul, con lo que se obtenían dibujos blancos sobre fondo azul. Estos estampados todavía son apreciados para los trajes regionales. Y es que el azul siempre ha sido un color cotidiano.
“Sólo es una azul”, se decía aún en el siglo XIX en Alemania de las “jóvenes perdidas”, es decir, de las madres solteras que no podían llevar delantales blancos en las procesiones, sino los delantales azules de uso diario. Las vírgenes de delantales blancos despreciaban a las jóvenes de los delantales azules. En este sentido consideraba Goethe “vulgar” el azul, como color de la vida cotidiana → Gris 17.
La indumentaria laboral acabó tiñéndose de índigo en el mundo entero. De quien en el trabajo usa un blusón azul, un mandil azul o un mono azul se dice en algunos países que es un “hombre azul” o que tiene una “profesión azul”. En América e Inglaterra se llama a los obreros blue-collar workers (trabajadores de cuello azul), en oposición a los white-collar workers, los que usan cuello blanco y corbata, es decir, a los oficinistas.
A los obreros chinos se les llama a menudo “hormigas azules”. Desde tiempos remotos se cultivaba en China el índigo, y, en el campo, hombres y mujeres llevaban la misma blusa y los mismos pantalones azules.
En 1850, el bávaro Levi Strauss inventó los tejanos (en inglés, blue jeans) concebidos como indumentaria de labor para buscadores de oro y cowboys. Naturalmente se tiñeron de índigo. Su nombre proviene de bleu de Gênes, es decir “azul de Génova”, así llamado por los marinos de Génova que importaban el índigo. Bleu de Gênes se americanizó en blue jeans.
Blaue Jungs (chicos azules), se llama en Alemania a los marineros. Sus uniformes son —ya lo dice la expresión— azul marino. También estos uniformes se teñían antaño con índigo. Como los uniformes destiñen con los lavados, por la tonalidad de cada uniforme se sabía quién llevaba más tiempo en la marina, y, por ende, que el que llevaba el uniforme claro tenía más experiencia que aquellos cuyo uniforme era todavía azul oscuro.
También son azules los uniformes de la fuerza aérea, de color azul piloto. Y el personal de las compañías aéreas prefiere también el azul —no importa cuál.
Como color de uniforme, el azul es preferible al gris porque los tejidos fuertes y resistentes de los uniformes resultan poco elegantes si son grises. Tradicionalmente, los carteros, guardias urbanos, conductores de autobús, revisores de ferrocarril y vigilantes jurados vestían uniformes azules, y en muchos países también los policías. La parquedad cromática de la moda masculina actual hace del azul, junto al gris, el color más habitual en los trajes.
Pocos años después de que fuera posible producir índigo artificial de anilina, se descubrieron otros colorantes mucho mejores: los colores de indantreno. Especialmente el azul, que fue un logro sensacional de la industria de los colorantes. Hacia 1950, de todas las prendas azules colgaba una etiqueta en la que se leía: “Indantreno, resistente al lavado, a la luz y a la intemperie”. Y era cierto. El índigo empezó a desaparecer. Incluso los tejanos se tiñeron con azul de indantreno, con lo que, por muy maltratados que fueran, su azul permanecía inalterable.
Hacia 1970, la BASF decidió volver a producir el índigo. Entonces ocurrió algo extraño: nació el jeanslook, una nueva moda mundial de azul índigo.
19. ¿Por qué los tejanos han llegado a ser una moda mundial?
Hay modas propagadas por los modistos e ignoradas por los compradores. Los desfiles de las casas de alta costura ya no sirven para vender los modelos exhibidos, sino la imagen de las firmas que luego venderán productos de masas, desde perfumes hasta porcelanas. Lo que se muestra en las pasarelas es un vestuario divertido o absurdo, pero no apropiado para la vida cotidiana. La moda se crea cada vez más en la calle, surge de las necesidades de la gente, y luego es aprovechada por los modistos. Tal es también la historia de la moda de los tejanos.
Hacia 1970, todos los tejidos podían teñirse con tintes tan duraderos como nunca antes; las ropas eran más baratas que nunca; cada cual podía, y debía, tener siempre algo nuevo. Se había iniciado la era del consumo. Los críticos de la cultura hablaban del “terror del consumo” y de la “sociedad del despilfarro”.
Entonces se originó el contramovimiento de los que rechazaban el consumo, cuyo signo de identidad eran los tejanos gastados. Esos pantalones se convirtieron en símbolo del regreso a los valores verdaderos y duraderos. Si Jesús hubiera vivido en aquella época, naturalmente habría llevado tejanos. Para quien encuentre blasfema esta idea: los pintores de todos los tiempos han pintado a Jesús como a un igual de sus contemporáneos, ¿y qué otra cosa sino tejanos habría podido llevar Jesús en 1970?
La demanda de tejanos descoloridos se incrementó tan rápidamente, que el índigo, que entonces sólo la BASF producía, comenzó a escasear. Los creadores de moda tuvieron primero que imitar el azul descolorido con otros tintes. Cuando la producción de índigo se incrementó lo suficiente, nació la moda de los stone-washed jeans (pantalones lavados a la piedra), que eran restregados con piedra pómez hasta adquirir una apariencia de usados. Este aspecto de prenda usada, creado de manera artificial, era mal visto por los fans de los auténticos tejanos. Y así llegaron a venderse en boutiques de lujo tejanos Levi’s 501 realmente usados a un precio que cuadruplicaba el de los nuevos. El look raído alcanzó su punto culminante en torno a 1990 con pantalones desgarrados artificialmente —una perversión de los originalmente resistente pantalones de trabajo.
Los tejanos son una verdadera moda mundial. Los llevan hombres y mujeres; viejos y hasta niños pequeños; mendigos y millonarios; mujeres de la limpieza y princesas; curas y proletarios. Concebidos como prenda de trabajo, se convirtieron en prenda típica del tiempo libre, luego también fueron estilizados con la raya planchada.
Los jeans se llevan en todas las partes del mundo —aunque hace un tiempo surgió una diferencia: estaban los tejanos capitalistas y los tejanos socialistas—. En los países del Este se teñían con el inalterable color de indantreno, que los mantenía siempre en su azul oscuro. Los turistas de los países capitalistas, en cambio, vestían tejanos del envidiado azul descolorido. El azul de esta prenda había llegado a representar toda una visión del mundo. Pero da lo mismo qué azul sea —aún no se ha oído a nadie decir que el azul de los tejanos no le sienta bien—.
20. La relajación de la blue hour
El descanso / la relajación: azul, 28% · verde, 25% · blanco, 13% · amarillo, 12% La pasividad: azul, 24% · blanco, 18% · plata, 14% · verde, 13% · gris, 10%
La blue hour u “hora azul” es la del anochecer, después de salir del trabajo. Bares y pubs anuncian ofertas para esta hora: las bebidas alcohólicas son más baratas al anochecer, lo que hace doblemente atractivo el momento de relajarse una vez concluida la jornada laboral.
El conocido licor alemán de melisa “Klosterfrau” se vende desde hace decenios en su caja azul y blanca; —las monjas azules sobre fondo blanco y el “espirituoso” acorde azul-blanco hacen pensar en el brebaje como medicina bienhechora y olvidarse de su porcentaje de alcohol—. Otro célebre producto envasado en azul y blanco es la crema Nivea, que suaviza la piel.
En los medios bursátiles se denominan blue chips a las acciones que son caras, pero también valores seguros, no sujetos a las conocidas oscilaciones que quitan el sueño. La expresión blue chips recuerda a las fichas que se utilizaban cuando estaba prohibido el juego con dinero en efectivo; las fichas azules eran siempre de gran valor.
Siendo el azul un color pasivo y el más sosegado de todos los colores, es natural que sea el color de las cajas de sedantes e inductores del sueño. También es el color preferido para ropa de cama y prendas nocturnas. El célebre train bleu, el tren que hace el recorrido Calais-parís-Niza, se compone sólo de coches-cama.
Azul-verde-blanco es el acorde característico del descanso: el azul es el descanso pasivo, el verde el ocio activo, y el blanco simboliza la ausencia de todos los colores, de toda excitación.
En los reportajes sensacionalistas sobre el efecto curativo de los colores se suele leer que en ciertas clínicas psiquiátricas se lleva a enfermos furiosos a habitaciones azules, y que allí se serenan enseguida. La verdad es que ninguna institución médica trabaja así. Estos reportajes sensacionalistas explotan el deseo de que, para obtener un efecto curativo, baste con que las paredes tengan otro color, pero esto es una ilusión. Si se traslada a un enfermo mental encerrado y furioso a otro habitáculo, esta acción tiene ya un efecto tranquilizante, pues el enfermo advierte que algo sucede, y, posiblemente, estuviera gritando porque antes nadie se preocupaba por él. Sugerir que los colores puedan curar, sin que exista una sola prueba de ello, es una irresponsabilidad de ciertos periodistas y pseudopsicólogos. Para más detalles → Rojo 22.
21. La flor azul del anhelo
El anhelo: azul, 28% · verde, 11% · rojo, 11% · violeta, 9% · rosa, 8%
La “flor azul” es un motivo emblemático de la literatura del romanticismo. En 1802, apareció la novela de Novalis Enrique de Ofterdingen. En ella, Enrique, joven poeta, sueña con una flor azul que crece entre rocas azules junto a un manantial azul. Ve cómo la flor se transforma y aparece en ella el rostro de una joven mujer. El sueño termina aquí abruptamente porque su madre lo despierta. Pero el sueño le lleva a irse de su casa; quiere descubrir el mundo con el espíritu de la poesía. En el extranjero conoce a Mathilde. Cuando la ve, tiene la misma sensación que en su visión de la flor azul, la reconoce: “Aquel rostro que se inclinaba hacia mí desde el cáliz era el rostro celestial de Mathilde…”. Enrique exclama: “¡Qué eterna fidelidad siento en mí!”. Mathilde muere pronto, pero ni la muerte puede separar a los amantes.
La narración de Novalis trata del anhelo de un sentido para la vida que nazca del conocimiento místico. En Sobre lo espiritual en el arte escribe Kandinsky: “Cuanto más profundo el azul, más llama al hombre a lo infinito y despierta en él el anhelo de lo puro y, finalmente, de lo suprasensible”.
Este azul del anhelo se halla también en la música del blues. El blues nació entre los negros estadounidenses, y su nombre significa evidentemente “azul” —pero, en inglés, blue significa también “triste” y “melancólico”—. Y quien, en sentido figurado, “tiene el blues”, respira tristeza. Las canciones del blues hablan de la nostalgia, de las penas de amor, del anhelo. La pieza musical “azul” más famosa es la Rhapsody in Blue, de George Gershwin.
Incluso el amor es “azul” si su tonalidad es melancólica, como en la chanson “Bleu, bleu, l’amour est bleu…”.
22. Medias azules, cartas azules, películas azules
En Alemania aún se llama Blaustrumpf [“medias azules”] a aquellas mujeres que no cumplen con el papel clásico femenino de las tres K: Kinder, Küche, Kirche (niños, cocina, iglesia), o, en su versión más moderna, Kinder, Kosmetik, Karriere des Ehemanns (niños, cosmética, carrera del marido). El origen de aquella expresión hay que buscarlo en el Londres de hacia 1750. Todas las damas de sociedad presidían un salón donde se jugaba a las cartas y se contaban chismes. Un salón bien distinto era el de la escritora lady Elizabeth Montagu. Sus reuniones eran acontecimientos culturales. El botánico Benjamin Stillingsfleet, amigo de Lady Montagu, llevaba en esas reuniones medias azules en lugar de la negras entonces habituales —algo inconcebible en la moda de la época—, con sus pantalones hasta las rodillas. Naturalmente se trataba de algo más que del color de esas medias: las medias negras, usuales en los salones, eran de la más fina seda, y sumamente caras, y se llevaban con un traje elegante. (Hacia 1600, un par de medias de seda costaba en Holanda 10 gulden, y una vaca 4 gulden.) Las azules eran de lana y su color era el de las prendas de trabajo. Las modestas medias de lana eran una característica de aquel salón. Significaban que lo que en él acontecía nada tenía que ver con la riqueza y el lujo en el vestir, sino con la cultura.
Los blue-stocking clubs eran lugares de reunión de personas culturalmente comprometidas. Como en aquellas reuniones predominaban las damas, que entonces no tenían acceso a las universidades, la expresión “medias azules” pronto se aplicó sólo a las mujeres, tomando un significado peyorativo. Una mujer para la que la cultura es más importante que el atuendo es todavía hoy, para muchos, poco femenina.
Pero las “medias azules infernales” de Los bandidos de Schiller no son de una mujer, sino de un policía, pues en aquella época los policías llevaban medias azules con pantalones hasta las rodillas.
En otros tiempos, las cartas de los directores de las escuelas que comunicaban que un niño debía repetir el curso iban dentro de un sobre azul. Ahora hace tiempo que se usan sobres oficiales de grisáceo papel reciclado, pero la expresión “carta azul” ha permanecido incluso para los despidos. Y todavía siguen usándose sobres azules para enviar las poco agradables comunicaciones judiciales.
En Inglaterra, un blue pencil es algo más que un lápiz azul; es el símbolo de la censura. Lo que es víctima del lápiz azul no puede aspirar a la luz pública. Blue movies son las películas pornográficas, y blue jokes los chistes obscenos. Y quien habla de forma ordinaria tiene un blue language, un “lenguaje azul”.
23. La banda azul para los grandes méritos
El mérito: azul, 20% · dorado, 18% · rojo, 16% · plateado, 8%
El azul se halla junto al color oro en el acorde del mérito —pero antes que éste, pues el honor es más importante que la recompensa.
Los representantes de muchas naciones —la reina de Inglaterra, el rey de Suecia, el presidente de la República Federal Alemana— llevan en las grandes ocasiones su máximo distintivo, una ancha banda azul celeste. Es de seda moaré, y cruza el pecho desde el hombro hasta la cintura. Y así se convirtió la “banda azul”, en inglés blue ribbon, la marca que permite reconocer los grandes méritos. Es conocida también la “banda azul océano” que lleva el barco de pasajeros más rápido de los que cruzan el Atlántico norte.
La banda azul es en francés el cordon bleu. Y como en Francia la cocina es todo un arte, cordon bleu se hizo sinónimo de cocina excelente, y una invención especialmente meritoria del arte culinario, un filete relleno de jamón y queso, recibió el honroso nombre de cordon bleu.
24. El color de la paz y el color de Europa
En los países socialistas se declaró el azul color de la paz. En las celebraciones se despliegan tres banderas: la nacional del país, la roja del socialismo y una azul sin figura alguna, la bandera de la paz.
La bandera azul como símbolo de unión pacífica se hizo popular en todo el mundo. Cuando menos por razones prácticas, una bandera simplemente azul nunca podrá ser una bandera que pueda izarse en la guerra —una enseña azul con el cielo como fondo es difícil de ver. La bandera de las Naciones Unidas muestra sobre su fondo azul celeste un globo terráqueo en perspectiva polar rodeado por dos ramas de olivo que simbolizan la paz. Los blue berets o “cascos azules” son las tropas de la paz. También la organización ecologista Greenpeace tiene como enseña, a pesar del “verde” de su nombre, una bandera azul con una paloma blanca portando una rama de olivo.
La bandera de Europa existe desde 1986. Sobre fondo azul, doce estrellas doradas simbolizan en ella la comunidad de las naciones europeas. En la bandera olímpica, los cinco aros trabados entre sí representan los cinco continentes: el aro rojo, a América —por el color de la piel de los indios, primeros habitantes del continente—, el verde a Australia, el negro a África, el amarillo a Asia y el azul a Europa.
¿Por qué Europa es azul? Cuando se creó la bandera olímpica, Europa era el continente de los mayores contrastes culturales, políticos y económicos, y el azul era un color que podía encontrarse en todas las religiones, pero en ningún partido. Era el color ideal para la paz.
25. Azul humano internacional
Cuando el simbolismo de los colores se refiere a los seres humanos, los diferentes significados dependen de la cultura.
Un alemán que está azul, es un alemán ebrio. Los detergentes que dejan la ropa “blanca” de la publicidad, los Weißmacher o blanqueadores, han inspirado al lenguaje popular la expresión Blaumacher, aplicada a las bebidas que le ponen a uno “azul”, y así, el aguardiente con un solo Blaumacher es el que tiene 40º de alcohol, y el de dos Blaumacher es el que tiene una graduación mayor.
Cuando un francés bebe mucho, no se pone azul, sino gris, esto es: se nubla. Y el francés que se pasa con la bebida se pone, lógicamente, negro (noir). Los ingleses no tienen ningún color para los borrachos. En Inglaterra, el azul es el color de melancolía. Cuando un inglés dice I’m blue quiere decir que está triste. Y quien está in a blue funk, el que “apesta a azul”, es el que siente un miedo espantoso o —vulgarmente— está “cagado”.
Los rusos con “carácter azul” son los de ánimo apacible. Una “rusa azul celeste” (golubica) es una rusa tímida. Y un “ruso azul” es un homosexual.
El azul aplicado a personas tiene en Alemania un sentido más bien negativo. Quien en Alemania sale de algún lance con un “ojo azul” [amoratado], en Inglaterra lo hace con un black eye. Que a alguien se le haya “azulado” alguna parte de su cuerpo no siempre significa que haya recibido una paliza o que haya sufrido un accidente, pero, en todo caso, no se trata de nada agradable. Incluso la indisposición tiene una relación con el azul, pues se halla en la palabra blümerant [mareado], la cual proviene del francés bleu mourant —azul cadavérico.
Quien va por la vida con “ojos azules”, no significa necesariamente que tenga los ojos azules, sino que es alguien ingenuo y candoroso. En Inglaterra, un blue-eyed-boy no tiene por qué tener los ojos azules, pero es el preferido del jefe. Los ojos azules son hoy para nosotros los más hermosos en cuanto al color, pero, curiosamente, en las pinturas antiguas nadie tiene los ojos azules, ni siquiera las Vírgenes.
Los chinos los encuentran feos, pues en Asia no se consideran naturales. En Rusia es el gris el color más alabado en los ojos.
La expresión “sangre azul” referida a la nobleza es de uso internacional. Proviene del español. Los nobles españoles tenían la piel mucho más clara que los plebeyos debido a su procedencia y a sus matrimonios con miembros de las cortes del norte de Europa. Y naturalmente evitaban el sol para proteger su palidez. En las pieles blancas se destacan mucho las venas azuladas, y por eso creían los campesinos, de piel más oscura y tostada por el sol, que por las venas de los nobles corría sangre azul. En España, un “príncipe azul” es el hombre con el que sueñan las jóvenes.
La reina Isabel I (1533-1603) —el gobernante más importante que ha tenido Inglaterra— se hacía pintar venas azules en la frente empolvada de blanco para que su piel pareciera más translúcida y joven.
Muy distinto es lo que encontramos en China. En la Ópera de Pekín, la cara maquillada de azul es la caracterización tradicional del personaje malvado y cruel. El azul no es un color muy apreciado en China. En el simbolismo cromático chino hay cinco colores principales: amarillo, rojo, verde, negro y blanco —el azul está excluido—. Para los chinos, el verde está, naturalmente, por encima del azul, pues el verde contiene el amarillo, el color supremo → Amarillo 14.
Los antropólogos Brent Berlin y Paul Kay comprobaron en una investigación acerca de los nombres de los colores, en 98 lenguas, que en muchas lenguas sencillas no hay ninguna palabra para el color azul que se considera como un matiz del verde. En todas las lenguas aparecieron primero las palabras para blanco y negro — derivadas de las usadas para lo claro y lo oscuro, el día y la noche—. Luego, la voz para rojo. Y después las palabras para verde y amarillo —pues el verde y el amarillo están presentes en lo comestible—. Sólo en último lugar se formaron palabras independientes para el azul y los demás colores.
Aunque en un idioma no exista ninguna palabra para el color azul, éste puede describirse mediante comparaciones: “como el cielo”, “como el mar”, “como las uvas maduras”. Tampoco tenemos nosotros una palabra independiente para todos los colores —“anaranjado”, o “naranja”, se refiere al color de un fruto—.
Los antiguos griegos tampoco tenían una palabra para el color azul. Por eso se llegó a pensar, en el siglo XIX, que los griegos más primitivos fueron ciegos para los colores, y que sólo en el transcurso de milenios desarrollaron plenamente la capacidad para verlos. Esta teoría surgió cuando aún no se sabía que las blancas ruinas de Grecia estaban originariamente pintadas de diferentes colores.
Hoy se sabe que todos los pueblos tienen la misma capacidad para ver colores, con independencia de su grado de civilización.
FIGS
1 Ultramarino cálido y rojizo.

2 Azul primario o cían.

3 Frío azul de Prusia.

4 Perspectiva aérea: cuanto más pálido es un azul, más lejano parece.

5 Cézanne pintaba sombras azules.

6 Publicidad creativa: antiguo distintivo del salón de moda bávaro Beck.

7 Falsa creatividad: en los alimentos, los colores insólitos nos parecen repulsivos.

8 + 9 Productos famosos envasados en azul-blanco, acorde de la pureza y de lo tranquilizador.

10 Los toros embisten igualmente ante un trapo azul; no distinguen los colores.

11 El ojo mágico: amuleto contra el mal de ojo.

12 Dios indio: la piel azul simboliza su origen celeste.

13 Inconfundible por su creativo color azul: el capitán Oso Azul.