El color femenino de la inocencia. El color del bien y de los espíritus. El color más importante de los pintores.


¿Conoce usted más blancos que los esquimales? 67 tonos de blanco

  1. ¿No es el blanco un color? ¿O es un color primario?
  2. El comienzo y la resurrección
  3. El color del bien y de la perfección
  4. El color de la univocidad
  5. El blanco femenino
  6. Nombres de pila y colores
  7. Limpio y esterilizado
  8. El color de la inocencia y de las víctimas sacrificiales
  9. El luto blanco
  10. El color de los muertos, los espíritus y los fantasmas
  11. La moda del blanco
  12. El blanco político
  13. El blanco de los esquimales y el blanco de la Biblia
  14. El color del diseño minimalista
  15. El blanco es vacío, ligero y está siempre arriba
  16. Alimentos blancos
  17. El blanco de los artistas
  18. El cuello y el chaleco blancos: símbolos de estatus
  19. ¿De qué color vestían las novias?
  20. Reglas sobre el color y el atavío de la novia y de los invitados

¿Conoce usted más blancos que los esquimales? 67 tonos de blanco


¿Conoce usted más blancos que los esquimales? 67 tonos de blanco

Albayalde
Blanco abedul
Blanco alabastro
Blanco albino
Blanco aluminio
Blanco amarillento
Blanco antiguo
Blanco azúcar
Blanco azucena
Blanco beige
Blanco cal
Blanco ceniza
Blanco cisne
Blanco clown
Blanco creta
Blanco crudo
Blanco de España
Blanco de Krems
Blanco de plomo
Blanco de zinc
Blanco dental
Blanco diamante
Blanco grisáceo
Blanco harina
Blanco invierno
Blanco isabelino
Blanco jazmín
Blanco lana
Blanco leche
Blanco Luna
Blanco manteca
Blanco marfil
Blanco mármol
Blanco moho
Blanco nácar
Blanco nieve
Blanco opaco
Blanco ópalo
Blanco pan
Blanco papiro
Blanco perla
Blanco plata
Blanco porcelana
Blanco puro
Blanco queso
Blanco rábano
Blanco satinado
Blanco sebo
Blanco sucio
Blanco titanio
Blanco tiza
Blanco viejo
Blanco yeso
Cáscara de huevo
Cerusa
Clara de huevo
Color anémico
Color champaña
Chamois
Crema
Descolorido
Incoloro
Palidez cadavérica
Piel pálida
Rubio oxigenado
Rubio platino
Ultrablanco

1. ¿No es el blanco un color? ¿O es un color primario?


El blanco es, según el simbolismo, el color más perfecto. No hay ningún “concepto blanco” de significado negativo. Pero la perfección impone distancia: sólo el 2% de los encuestados nombró el blanco como su color preferido. Y casi el 2% de los hombres y el 1% de las mujeres lo nombraron como el color menos apreciado.

Al color blanco le acompaña siempre, como al negro, la pregunta: ¿es un color? No, si se habla de los colores de la luz. Pero en el sentido físico, en la teoría óptica, el blanco es más que un color: es la suma de todos los colores de la luz. En el arco iris, la luz incolora se descompone en sus siete colores: rojo, naranja, amarillo, verde, azul, añil y violeta. Como color de la luz, el blanco no es propiamente un color.

Por eso el blanco era para los impresionistas, tan atentos a los colores de la luz, un “no color”. A pesar de ello usaban el color blanco, pues en la pintura el blanco, a diferencia del negro, no puede obtenerse mezclando colores. Los impresionistas empleaban el blanco incluso más que los pintores de otras épocas, pues los cuadros impresionistas se pintaban sobre un fondo blanco, mientras que antes se hacía sobre un fondo castaño o gris.

Cuando se habla de los colores de las cosas, los de cualquier material o sustancia, y de los colores como sustancias contenidas en tubos, frascos, cuencos o latas, hay que repetir la pregunta anterior: ¿es el blanco un color? La respuesta es entonces: sí, y, además, es el más importante de todos los colores.

Entre los colores de la luz y los colores de los pintores y de los materiales hay una diferencia fundamental: es la diferencia entre la teoría óptica y la práctica de nuestra visión.

Ningún otro color se produce en cantidades tan grandes como el blanco. Para todos los pintores es el color más importante, y todos los pintores lo tienen siempre en su paleta, la mayoría incluso en tonos distintos. Los tubos de blanco para los pintores son siempre los más grandes. Como color material, el blanco es el cuarto color primario, pues no puede obtenerse de la mezcla de otros colores.

Por lo que se refiere al simbolismo, el blanco es también indudablemente un color. Lo que es blanco no es incoloro. Y al blanco asociamos sentimientos y cualidades que nunca asociaríamos a otros colores.

2. El comienzo y la resurrección


  • El comienzo: blanco, 45% · verde, 22%
  • Lo nuevo: blanco, 28% · amarillo, 13% · azul, 12% · verde, 11% · plata, 9%

El comienzo es blanco. Cuando Dios creó el mundo, lo primero que ordenó fue: ¡Hágase la luz!

El simbolismo del blanco comienza con referencias a la luz. En italiano, blanco se dice bianco, en francés blanc, y en alemán blank. En griego, “blanco” es leukós, que recuerda el verbo alemán leuchten [brillar, iluminar]. En muchas lenguas fueron “blanco” y “negro” las primeras palabras: las que designaban la diferencia entre claridad y oscuridad, entre el día y la noche. Esta es la diferencia más fundamental en el mundo del color.

Pero con el paso de los milenios, cuando esta diferencia estaba totalmente asumida, fueron apareciendo nombres nuevos de colores a partir de experiencias igualmente importantes. El nombre de un alimento ha servido en muchas lenguas para nombrar un color: así tenemos, en alemán, weiß [blanco] y Weizen [trigo], en inglés white y wheat, en sueco vit y vete. Weißbrot [pan blanco] es en alemán Weizenbrot [pan de trigo], como Weißbier [cerveza blanca] es Weizenbier [cerveza de trigo].

El comienzo del mundo fue también el comienzo del mal. Pero en todas las religiones hay también un comienzo del bien: la resurrección, la superación del pecado. Y el color de la resurrección es el blanco.

Siempre se ha representado a Cristo resucitado con una túnica blanca. También los resucitados se presentan ante Dios vestidos de blanco. Hay un domingo blanco, el de Resurrección, que para los niños católicos es el día de su primera comunión. La Hostia, que simboliza el cuerpo de Cristo, es blanca. Y los niños visten de blanco cuando son bautizados, momento en que comienza su vida cristiana.

Hasta no hace mucho, las jóvenes tenían su día de la “puesta de largo”. Todavía se conserva esta costumbre en ciertos círculos de la buena sociedad, y las jóvenes hacen su presentación social con un traje de noche blanco.

El huevo blanco es un símbolo del comienzo. Según un mito muy extendido, el mundo nació de un huevo. El huevo también es en el cristianismo símbolo de la resurrección: Cristo resucita en Pascua, y por eso hay huevos de Pascua. En ciertos países se comen en el día de san Silvestre o Nochevieja buñuelos o tortitas de la suerte, que se hacen sólo con ingredientes blancos: huevos, harina y leche.

La leche, el primer alimento que recibe el ser humano, es de color blanco. En la historia de la Creación del hinduismo, el mundo nace de un mar de leche. También en el ajedrez existe la regla de que quien tiene las blancas empieza.

3. El color del bien y de la perfección


  • El bien: blanco, 42% · azul, 18% · oro, 15%
  • La verdad: blanco, 35% · azul, 23% · oro, 21%
  • Lo ideal / la perfección: blanco, 26% · oro, 19% · azul, 17%
  • La honradez: blanco, 35% · azul, 22% · oro, 16%

Blanco, azul y oro son los colores de la verdad, la honradez y el bien. El blanco junto al oro y el azul: no se puede imaginar un acorde más adecuado a las mencionadas cualidades. El blanco puro toma del oro la pompa material, y el proteico azul se convierte junto al blanco en color de las virtudes espirituales.

Blanco es el color de los dioses: el dios Zeus se aparece a Europa como un toro blanco, y a Leda como un cisne. El Espíritu Santo se presenta como una paloma blanca. Cristo es el blanco cordero. El unicornio blanco es el animal simbólico de la Virgen María. Y los ángeles son representados casi siempre vestidos de blanco y con alas blancas. El demonio en cambio tiene alas negras —casi siempre alas de murciélago.

Cuando los animales blancos no son considerados dioses, tienen relación con lo divino. En la India, las vacas blancas son encarnaciones de la luz. En China, la garza blanca y el ibis son aves sagradas que simbolizan la inmortalidad. Las grandes aves blancas son mensajeras de la felicidad enviadas por el cielo, por eso se dice que a los niños los trae la cigüeña.

El color de los dioses se convirtió también en el color de los sacerdotes. El blanco ha sido desde la antigüedad el color predominante en las vestiduras sacerdotales.

En la Iglesia católica, el blanco es el color litúrgico de las festividades mayores. En Navidad, en Semana Santa y en todas los días festivos en honor de Cristo, de la Virgen y de aquellos santos que no fueron mártires (para los días de los mártires, el color pertinente es el rojo de la sangre), los sacerdotes católicos visten de blanco en la misa. A veces las vestiduras están tan ricamente bordadas en oro, que el blanco apenas se ve.

Fuera de estos blancos oficios y fuera de las iglesias, sólo el Papa viste de blanco. En la Iglesia Católica rige una regla sobre el color: cuanto más alto el rango eclesiástico, más claro el color de la vestimenta. El párroco viste de negro, el obispo de violeta, el cardenal de rojo, y el papa de blanco. El blanco es el color del rango supremo.

También reyes y reinas visten de supremo blanco en las más grandes ocasiones, así como en las coronaciones. La reina Isabel de Inglaterra pronuncia su discurso anual de apertura del parlamento vestida siempre con traje blanco → fig. 53.

La piel más noble era antiguamente la de armiño. Es la piel de un animal pariente de la comadreja, que en verano es de color pardo, y en invierno muy blanco, excepto en la punta de la cola, que es siempre negra. Los mantos reales solían tener el cuello de armiño con motas negras. Sólo los reyes podían llevar piel de armiño. Cuando el príncipe Carlos fue coronado príncipe de Gales en 1969, vestía un manto con piel de armiño, y la corona, preparada para aquella ocasión, estaba revestida de armiño con las características notas negras.

Los gobernantes elegidos democráticamente participan también del simbolismo del color blanco. No es casual que la residencia del presidente estadounidense sea la Casa Blanca.

También en la moda tradicional masculina es el blanco el color supremo. Internacionalmente la white tiecravate blanche en Francia— es de rigor en las invitaciones a los grandes bailes. Pero esto no significa que el invitado deba acudir con una corbata blanca, sino algo muy distinto: los caballeros deben vestir frac, uno de cuyos complementos es siempre una pajarita blanca.

Sólo los camareros usan con el frac una pajarita negra. Un invitado sólo puede usar pajarita negra con esmoquin. La white tie indica también cómo deben vestir las damas: traje de noche largo. Estas clásicas y supremas vestimentas festivas pueden verse todos los años en las ceremonias de entrega de los premios Nobel.

Incluso el poco convencional Günter Grass vistió un frac con chaleco y pajarita blancos cuando recibió el premio Nobel de literatura en 1999. Y las damas de la casa real sueca escucharon los discursos con sus típicos trajes de baile de amplio vuelo.

El blanco es el color absoluto. Cuanto más puro, más perfecto. Y cualquier añadido disminuye su perfección.

4. El color de la univocidad


  • La univocidad: blanco, 36% · negro, 25% · azul, 13% · rojo, 10%
  • La exactitud: blanco, 20% · negro, 17% · azul, 16% · plata, 8%

La univocidad y la exactitud son los lados fuertes de la verdad. Blanco o negro, sí o no: nada puede haber entre ellos. En ambos conceptos se obtiene el acorde blanco-negro-azul.

Pero la verdad es algo más diferenciado que la mera decisión entre dos extremos. La apariencia puede engañar: “también las vacas negras dan leche blanca”, y “de un huevo blanco sale un pollito negro”, se dice en Alemania. Quien quiere convertir lo negro en blanco, se empeña en un imposible; quiere “lavar a un moro” para dejarlo blanco, o “encontrar un cuervo blanco”, como también se dice en Alemania. Blanco contra negro; la lucha del bien contra el mal en sus múltiples variaciones. El día contra la noche; el ángel contra el demonio; la dulce Blancanieves —que lleva el blanco en su nombre— contra la bruja malvada. Y en las películas del Oeste, los forajidos llevan sombreros negros, mientras que los buenos usan sombreros blancos.

En inglés, white significa también “decente”. Y una “mentira blanca”, a white lie, es una mentira cortés o una mentira piadosa. El blanco lo vuelve todo positivo.

5. El blanco femenino


  • La voz baja: blanco, 30% · rosa, 15% · gris, 12% · azul, 10% · plata, 8%

“Blanco” es el nombre de color más comúnmente usado como nombre de pila, pero sólo de mujer. “Blanca” es en italiano Bianca, y en francés Blanche y Blanchette; del nombre celta “Genoveva” proviene Jennifer, y del romano “Candida” el inglés Candy, y el nombre inglés Fenella y el irlandés Finola significan también “blanca”. También hay nombres de flores blancas usados como nombres de mujer; así Jasmine, Lili, Camilla y Margarita. Daisy es el nombre americano de la margarita. La Daisy más célebre es Daisy Duck —pato (hembra) blanco. En el apartado siguiente se recogen todos los nombres de pila que tienen relación con colores → Blanco 6.

El blanco es femenino y es noble, pero también es débil. Simbólicamente, sus colores contrarios son el negro y el rojo, colores del poder y de la fuerza. Su contrario psicológico es sobre todo el marrón. No hay ningún acorde en el que el blanco esté junto al marrón, pues nada puede ser a la vez puro y sucio, como nada puede ser a la vez ligero y pesado. El blanco es el color de la voz baja, y el acorde blanco-rosa-gris contiene todos los colores moderados y discretos.

En el simbolismo chino, el blanco pertenece al femenino yin. Y la astrología lo vincula a la Luna, símbolo también de lo femenino. Pero como el Sol es dorado, es lógico que sea el color plata el tono que conviene a la Luna, de ahí que la mayoría de los astrólogos sustituyan el blanco por el plata → Plateado 8.

De acuerdo con la división medieval de los temperamentos en cuatro clases, a cada uno de los cuatro temperamentos un color determinado,

el rojo es el color de las personas de temperamento sanguíneo, 
el amarillo, el de los coléricos, 
el negro, el de los melancólicos,
y el blanco, el de los flemáticos. 

El blanco es el color de los caracteres tranquilos y pasivos.

6. Nombres de pila y colores


El significado de los nombres se remite al lenguaje primigenio. En el caso de algunos nombres también son posibles otros significados, pero aquí sólo damos los que guardan relación con colores. La distinta frecuencia de los nombres femeninos y masculinos respecto a un color indica que, socialmente tal color se siente más como color femenino que como color masculino, o a la inversa.

Nombres blancos de mujerNombres blancos de varón
“La blanca”: Alba, Albine (latín), Bianca (ital.), Blanca (esp., suizo), Blanche, Blanchette (fran.), Candida (latín), Candy (ing.), Fenella (ing.), Finola (irlan.), Fiona (celta), Genoveva, Gwendolin (celta), Jennifer (ing.), Nives (ital.), Zuria (vasco)

Nombres de flores: Anémona, Azucena, Camilla,Daisy (ing.: margarita), Jasmin, Yasemine, Lelia (holandés: Lilie), Lili, Lily, Magnolia, Margarita, Rosalba (ital.: rosa blanca), Birke (al.: abedul,árbol de corteza blanca)
Perla blanca: Margarita (latín), de donde provienen: Margarethe, Marga, Grete, Rita, Gitta, Maggie, Marjorie, Margot; Pearl (ing.)
“El blanco”: Albin (latín)
Nombres negros de mujer
Nombres negros de mujerNombres negros de varón
“La negra”, “la oscura”: Melanie (griego), Pamela (ing.), Morena (ital.), Laila, Leila (persa), Maura (latín: la mora)“El negro”, “el oscuro”: Blacky (ing., sólo nombre familiar), Kerry (irlan.), Krishna (indio), Mauritius (latín: el moro), de donde se derivan: Mauricio, Maurice, Morris, Moritz
Nombres rojos de mujerNombres rojos de varón
Scarlett (ing.: rojo escarlata), Ruby (ing.: Rubin), Susanna (hebr.: lirio rojo)“El rojo”:Robin (ing.), Robinson (hijo de Robin), Roy (celta), Rufus (latín), Adam, Adán (bibl.: hecho de arcilla roja), Hyazinth (fran.: granate; piedra preciosa)

Derivados del germánico “hroth”, que significa “gloria” y “fama” (“Ruhm”, en al.), y lingüística y simbólicamente emparentados con “rot” (rojo), son los nombres Robert, Roger, Roland, Rudolf, Rüdiger (Ruy) y Ruprecht (Ruperto)
Nombres azules de mujerNombres azules de varón
“La azul celeste”: Coelestine (latín), Celestina (esp./ital.),

Celina, Celine (fran.), Selina, Seline (ing.), Sinikka (fin.), Urdina (vasco), Safira (bibl.)

Nombres de flores: Bluette (fran.: centaura), Iris (latín), Akelei (al.: la flor aguileña)
“El azul oscuro”: Douglas (celta)
Nombres verdes de mujerNombres verdes de varón
“La verde”: Chloe (fran.), Esmeralda (esp.)

Nombres de árboles y plantas: Flora (latín: diosa de la vegetación), Heide, Heidi (al.: campiña), Ivonne, Yvonne (fran.: tejo), Laurenzia (latín: laurel), de donde se deriva: Laura, Lauren, Lauretta, Lorella, Loredana; Dafne (griego), Linda, Linde (tilo), Olivia (latín: olivo), Phyllis (grieg: hoja), Silva, Silvia (latín: selva, bosque), Witta (ant. altoalemán: bosque)
Nombres de árboles y plantas: Florian (masc. de Flora), Ives, Yves (fran.: tejo), Laurentius (latín: laurel), de donde se derivan Laurin, Lars, Lorenzo; Oleander (ital.); Oliver (latín: olivo), Silvan (latín: selva, bosque), Silvester, Wito (ant. altoalemán: bosque), de donde se derivan Veit, Vito, Guido
Nombres amarillos de mujerNombres amarillos de varón
“La rubia”: Flavia (latín), Bionda, Biondetta (ital.), Blondie (ing.: nombre familiar)

Ginger (ing.: genjibre), Amaranta (flor amarilla)
“El rubio”: Flaviano, Flavio (latín)
Nombres violetas de mujerNombres violetas de varón
Nombres de flores: Erika (brezo, erica), Hortense, Hortensia, Jolande, Yolanda (griego: violeta), Lila (fran.: lila), Malwine, Malvina (malva), Viola (latín: violeta), Violeta, Violet (ing.), Violetta (ital.)
Nombres rosa de mujerNombres rosa de varón
“La rosa”:Rosa (latín), Rose, Rosi, Rosalie, Rosalía, Rosita, Rosella (ital.), Sita, Rhoda (griego), Roda, Rosika, Rosetta (ital.: rosita), Rosina (latín: de color rosa),
Nombres dorados de mujerNombres dorados de varón
“La dorada”: Amarilla (griego: Amaryllis) Aurora (latín), Aurelia, Aranka (húngaro), Aurica (rumano), Golda (ing.), Goldie (ing.), Goldchen (judío), Orella (vasco), Reja (ruso), Zlata (eslovaco), Zora (ilirio)“El dorado”: Aurelio, Aurelius (latín), Aurèle (fran.), Gildo (ant. altoalemán), Zlatan (eslovaco)
Nombres plateados de mujerNombres plateados de varón
Berta (ant. altoalemán: brillante), Febe (griego: radiante)Bert (ant. altoalemán: brillante)
Nombres pardos de mujerNombres pardos de varón
“La parda”: Amber (árabe), Ambre (fran.), Brunella (ital.), Brunhilde (ant. altoalemán), Erda (diosa nórdica de la tierra), Bernadette (fran.: pequeña osa)“El pardo”: Björn (noruego), Bruno (latín), Duncan (irl.: guerrero pardo), Urs (latín/suizo: oso), Todos los nombres alemanes compuestos Úrsula (latín: osa), con “Bern” contienen el color pardo
Nombres grises de mujerNombres grises de varón
“La gris”: Ash (americano: de color ceniza), Cendrine (fran.), Cinderella (ing.: cenicienta), Cindy (forma abreviada), Griselda
(latín), Griseldis (fran.) Zelda (forma abreviada)

7. Limpio y esterilizado


  • La pureza / la limpieza: blanco, 85% · azul, 8% · plata, 3%

La limpieza es exterior, y la pureza está por dentro, en el interior; y a ambas se asocia el color blanco: no hay alternativa.

Lo que ha de ser higiénico, ha de ser blanco. Sobre lo blanco, se puede ver cualquier mancha, lo cual permite controlar fácilmente su limpieza. A pesar de todos los colores de moda, la mayoría de la gente lleva ropa interior blanca.

La ropa blanca es de rigor cuando se manipulan alimentos: los cocineros, los panaderos y los carniceros siempre van vestidos de blanco. En cambio, los fruteros y los dependientes de supermercados, que venden productos no elaborados o empaquetados, pueden llevar ropas de cualquier color.

Las personas dedicadas a cuidar enfermos visten enteramente de blanco. Y el mobiliario de los hospitales es también blanco. La atmósfera esterilizada de los hospitales es un contexto en el que el color blanco suscita asociaciones negativas. Automáticamente nos imaginamos a un enfermo grave dentro de una cama de ropas blancas. Para hacer más agradable la atmósfera de los hospitales, se pintan sus habitaciones de amarillo claro o rosa pálido.

Aunque el blanco es el color preferido de los interiores —paredes pintadas o empapeladas de blanco—, las habitaciones de hotel blancas resultan desagradables. Cuando una habitación blanca es agradable y acogedora, lo es siempre gracias a los toques de color de los pequeños objetos personales. El ambiente absolutamente blanco, tan del gusto de los diseñadores, es en seguida decorado —“estropeado”, piensan los diseñadores— con objetos y pósteres de color por quienes tienen que trabajar en él para contrarrestar la sensación de esterilidad del blanco.

8. El color de la inocencia y de las víctimas sacrificiales


  • La inocencia: blanco, 68% · rosa, 16%

El blanco es el color de lo no manchado por el negro pecado, el color de la inocencia. Para ahuyentar a brujas y demonios, los supersticiosos hacen la “triple ofrenda blanca”, casi siempre de harina, leche y huevos. En la Biblia encontramos sacrificios de animales jóvenes y blancos, sobre todo para expiar culpas humanas. El animal típico de los sacrificios es el inocente cordero blanco. Jesús, que se sacrificó por los pecados de la humanidad, es el blanco cordero de Dios. El cordero sacrificado es siempre blanco, y el chivo expiatorio siempre negro.

Una azucena blanca es símbolo de paz, de pureza y de inocencia. La azucena blanca, también llamada “flor de la Virgen”, simboliza la Inmaculada Concepción de María. Y no es casual que sea la azucena: el capullo de esta flor es, por su forma y tamaño, muy parecido a un falo. Cuando el capullo se abre, la flor se parece a una trompeta, y según la antigua creencia, la Virgen quedó embarazada a través del oído, es decir, cuando oyó las palabras de Dios. Si la sexualidad es pecado, el blanco es el color de la inocencia.

9. El luto blanco


El blanco como la ausencia de color: tal es el significado del blanco en el luto. Los trajes de luto blancos no son de un blanco radiante ni de tejidos brillantes. Quien guarda luto blanco, lleva ropas mates. Como el luto negro, el blanco expresa la renuncia a la representación personal de la persona que lo lleva.

El luto blanco es el más acorde con la idea religiosa de la reencarnación, que no considera la muerte como una despedida definitiva del mundo. En Asia, donde esta idea está muy implantada, el color tradicional del duelo es el blanco → Negro 4.

También en Europa estuvo en otros tiempos difundido el luto blanco. En muchas regiones, las mujeres se colocaban en los entierros grandes paños blancos que les cubrían la cabeza y el tronco. El luto de reinas y princesas era blanco. Su estatus no les permitía vestir de negro, como las personas corrientes. También la Dolorosa es representada con vestiduras blancas.

10. El color de los muertos, los espíritus y los fantasmas


A los muertos se los envuelve en una mortaja blanca porque cuando resuciten deberán ir vestidos de blanco. Según la tradición, las flores y los cirios para los muertos han de ser blancos. Los rostros de los muertos pierden los colores de la vida, y el lenguaje poético alemán se refiere a los difuntos como los “palidecidos” (Verblichene).

En torno a la mortaja del difunto merodean las almas condenadas que no encuentran la paz en el más allá. Ciertas dinastías principescas tienen sus fantasmas particulares: entre los Hohenzollern merodea una “mujer de blanco”, una antepasada que asesinó a su marido y a su hijo, y que ahora anuncia la muerte de otros pecadores de la familia.

En algunas regiones dicen que una mujer blanca pasea de noche por los prados. Es un demonio femenino de la fertilidad que, cuando encuentra a una pareja de enamorados, la “bendice”, es decir, la mujer queda embarazada.

11. La moda del blanco


Después de la Revolución francesa, y una vez pasada la moda más dispendiosa de todos los tiempos —la de los trajes rococó—, llegó la moda del imperio (hasta 1830). Las damas sólo vestían el vestido-chemise, un vestido sencillo sin mangas ni cintura, ceñido bajo el pecho y escotado. Especialmente llamativos eran los tejidos: transparentes, vaporosos y blancos. ¿Por qué de repente se puso de moda una ropa tan sencilla?

La razón de este cambio en la moda fue una vez más un cambio en la sociedad. La Revolución francesa significó la victoria de la burguesía sobre la antigua nobleza. Ahora los burgueses deseaban imponer sus valores, y los valores de la burguesía eran: libertad, igualdad y fraternidad.

La moda del periodo rococó estuvo envuelta en artificialidad: cinturas apretadas, pantorrillas acolchadas, el cabello bajo una peluca y la cara cubierta de blanco. El ideal de libertad exigía el “regreso a la naturaleza”, y la nueva moda buscaba, en lugar de corsés, un aspecto natural.

La moda antigua, creada por la nobleza, era una demostración de riqueza, y lo que los burgueses deseaban demostrar era grandeza espiritual. Renunciar a los valores externos exigía subrayar los valores interiores.

Si la moda uniformizante de los jeans en el siglo XX quiso ser expresión de una actitud progresista que no juzga a nadie por su aspecto exterior, la moda única del vestido blanco del siglo XIX manifestaba la pertenencia a un estrato social que quería representar los verdaderos valores de la cultura.

Napoleón favoreció en Francia el “estilo imperio”, que en el resto de Europa era el estilo clasicista. En su teoría de los colores, Goethe describió así la moda de 1800: “Las mujeres van casi enteramente de blanco, y los hombres de negro.” Los trajes negros eran desde hacía tiempo habituales para los días de fiesta, pero los blancos eran una novedad. Esta moda femenina blanca se convirtió en una moda mundial porque expresaba el ideal del clasicismo, porque era clásico-griega.

En aquella época, la burguesía soñaba con la antigua Grecia. Este sentimiento es patente en el pasaje más célebre de la Ifigenia de Goethe: “… buscar con el alma la tierra de los griegos …”. La antigua Grecia se idealizaba como una democracia perfecta, en la que los filósofos eran más importantes que los políticos y los hombres se valoraban según sus méritos en el dominio del saber y del arte. Este ideal fue el que permitió que Napoleón Bonaparte, miembro de una familia burguesa empobrecida, se erigiera en emperador.

Los arquitectos intentaron resucitar la antigüedad. El estilo clasicista se concebía como una recreación fiel del estilo griego. Todo era blanco.

La imagen típica que de la antigüedad se formó el clasicismo era la de los filósofos que paseaban vestidos de blanco dialogando entre blancas columnas de mármol; el único ornamento de sus vestimentas eran los pliegues de las mismas, y la única decoración arquitectónica, un relieve; la sencillez del blanco era sinónimo de sublimidad.

Entusiasmado por la blanca antigüedad, Goethe escribió: “Los hombres cultivados tienen cierta aversión a los colores”. Cuantos más colores, más bárbaro el gusto, y en esto estaban de acuerdo Goethe y sus contemporáneos: “Los hombres que viven en estado de naturaleza, los pueblos rudos y los niños sienten una gran inclinación por el color en su máxima energía … También sienten inclinación por lo multicolor.”

Goethe se equivocaba en lo concerniente al gusto de los cultivados griegos. Después de publicar su teoría de los colores, los estudiosos de la Grecia clásica descubrieron que los templos griegos, y hasta las estatuas, estaban pintados. Los muros de los templos estaban pintados con frisos tanto por su cara exterior como por su cara interior, los motivos vegetales de las columnas eran verdes, y las figuras de mármol tenían sus ropas pintadas de diversos colores; la piel de las estatuas tenía un color natural, y en sus ojos había incrustadas piezas de vidrio de color. Lo que a Goethe y a sus contemporáneos parecía tan perfecto no eran sino ruinas que habían perdido su capa de color.

En 1817, el anticuario británico William Gell escribía lo siguiente sobre los colores recién descubiertos de la antigua Grecia: “Ningún pueblo ha mostrado jamás tanta pasión por los colores suntuosos”. Goethe no pudo dar crédito a este descubrimiento.

La moda femenina del clasicismo a la griega renunció a los colores pero contaba con otro tipo de atractivos: las mujeres extravagantes vestían como las diosas griegas, y con sus telas transparentes parecía que iban casi desnudas. No les faltaba ni las sandalias con correas de cuero hasta las pantorrillas. No llevaban medias, sino adornos de oro en los dedos de los pies. La moda establecía que el vestido, el calzado y las alhajas no debían pesar juntos más de 250 gramos. Un detalle curioso era que el bolso de mano debía tener forma de vasija griega.

La mundana Madame de Récamier aparece en el retrato pintado por Jacques-Louis David sobre un sofá —que tiempo después se llamó récamiere— vistiendo una chemise blanca que no se distingue de un camisón de noche. Su cabello es corto y rizado, como el de las estatuas griegas. Madame de Récamier recibía a sus amigos descalza, también como las estatuas, incluso a los 65 años.

Pero vestir de diosa no era lo más acertado en los climas fríos: muchas mujeres murieron de pulmonía, la “enfermedad de las muselinas”, se decía entonces, pues los vestidos eran de muselina, una batista muy fina y transparente.

La moda de estilo griego era demasiado poco práctica para durar. Pero el blanco continuó siendo el color más elegante durante decenios. El blanco indicaba el estatus social de la mujer. Las damas de blanco tenían criadas encargadas de mantener inmaculada la blancura de sus trajes.

Con la moda del blanco nació también el traje de novia blanco → Blanco 19.

12. El blanco político


El significado político más notorio del color blanco es la señal de rendición. Quien no quiere o no puede seguir combatiendo, muestra una bandera blanca. El 29 de abril de 1945 se pidió a la población de Múnich, a través de la radio, que colocara sábanas en las ventanas para que la ciudad pudiera esperar en paz a los soldados americanos sin oponer ninguna resistencia. Las sábanas eran las banderas blancas de la capitulación. Hitler se suicidó el 30 de abril de 1945, y el 8 de mayo del mismo año toda Alemania colgaba sábanas en las ventanas, pues era el día de la capitulación sin condiciones, que dejaba ya atrás la Segunda Guerra Mundial.

Como color de banderas, el blanco, el color divino, ha sido casi siempre el color de la realeza, y como color de los movimientos políticos, el de la monarquía absolutista. El primer movimiento cuyos partidarios se llamaron a sí mismos “Los Blancos” surgió en 1814 en Francia tras la caída de Napoleón, cuando los Borbones se propusieron recuperar el poder. Lucharon bajo una bandera blanca con la flor de lis y propagaron el blanco como color de la monarquía —de origen supuestamente divino. Al “terror rojo” de la Revolución sucedió el “terror blanco” de la Restauración.

En la Revolución rusa (1918-1920) lucharon los “rojos” contra los “blancos”, los comunistas contra los defensores del despotismo zarista.

En 1871 se encendió en Italia una nueva polémica en torno a la cuestión de cuánto poder debía tener el Papa y cuánto el rey. La “fracción blanca” apoyaba al rey, y la “fracción negra” representaba a la religión. El Papa estuvo así, excepcionalmente, del lado negro.

13. El blanco de los esquimales y el blanco de la Biblia


La “muerte blanca” es la muerte por congelación. En invierno, muchos animales cambian a blanco el color de su piel para hacerse invisibles sobre la nieve. Los osos polares tienen bajo su pelo blanco una epidermis muy negra para recibir mejor los rayos solares que atraviesan el pelo.

El frío acorde del invierno es —para nosotros, europeos, no para todo el mundo— blanco-gris-plata-azul. Soñamos con “Navidades blancas”, que sin la nieve son “Navidades verdes”. Para nosotros, el blanco más blanco es el de la nieve. Nada es tan blanco como la nieve recién caída sobre la que brilla el sol.

Los esquimales tienen —y esto forma ya parte de la sabiduría popular— muchos nombres para el color blanco; a menudo leemos en reportajes periodísticos que disponen de 40 o más palabras distintas para el color blanco. Esto puede parecer extraño, pero es comprensible teniendo en cuenta que los esquimales viven adaptados a un mundo blanco. Pero los lingüistas han demostrado que las palabras no se refieren al color blanco, sino a la nieve y sus distintas consistencias. Los esquiadores europeos también conocen múltiples términos especiales referidos a la nieve. Pero los esquimales, como auténticos expertos en nieve, no tienen ninguna palabra que la designe, esto es, ninguna palabra genérica que comprenda todos los tipos de nieve.

El asombro ante el sorprendente mundo de los esquimales nos hace olvidar que los pueblos especializados en algo concreto tienen numerosos términos especiales para referirse a aspectos o variedades del mismo. Que los italianos tienen 500 variedades de pasta es algo que leemos con frecuencia, pero, ¿cuántos italianos serían capaces de emplear todos esos términos? Seguramente no todos los esquimales conocen las 40 palabras referentes a la nieve. ¿Y cuántos tonos de blanco conoce un dentista?

Sin embargo, cuanto más se especializa uno en un campo determinado, más se amplía su vocabulario relativo a ese campo. Quien estudia los colores puede reconocer y nombrar más colores que alguien que tiene problemas para distinguir el lila del rosa.

¿Y cómo diferencian los esquimales el blanco de una oveja del blanco de un perro de trineo? Muy sencillo: el primero es “blanco oveja”, y el segundo “blanco husky”.

Cuanto menores son las diferencias de color, más dependen de los objetos, y la impresión del color queda entonces determinada por ciertas cualidades especiales, como, por ejemplo, el brillo de una piel.

En los países donde apenas hay nieve o no la hay en absoluto, las comparaciones son muy distintas. En los textos bíblicos apenas encontramos la expresión “blanco como la nieve”, abundando en cambio las expresiones “blanco como la leche”, “como el lino puro” o “como la luz”.

En el Cantar de los Cantares de Salomón, que cuenta los amores entre un hombre y una mujer, ambos muy terrenales, encontramos una comparación particularmente bella: “Hermosa eres, mi amiga… Qué espléndidamente blancos brillan tus dientes, cual ovejas recién esquiladas cuando vuelven del abrevadero.” Un piropo que hoy seguramente dejaría a cualquier mujer estupefacta.

14. El color del diseño minimalista


-La objetividad / la neutralidad: blanco, 44% · gris, 18% · azul, 11% · plata, 6% · negro, 6%

El blanco y el negro son los colores preferidos por los diseñadores técnicos, pues como “no colores” no se apartan de la función de los aparatos. Para los técnicos, el color es mera decoración, pues los aparatos funcionan aunque no tengan colores.

El estilo minimalista del diseño técnico entendía la estética como una liberación de todo ornamento y de todo color. Los arquitectos minimalistas diseñaron edificios que eran blancos por fuera y por dentro; para ellos el único objeto de interés eran las líneas arquitectónicas, y a menudo manifiestaban bien poco interés por las necesidades de los habitantes y los visitantes de esos edificios.

El diseño posmoderno devolvió el ornamento y el color a los objetos. El color y el ornamento volvieron como expresión de viveza e ingenio. Pero el blanco continuó siendo el color principal también en el diseño posmoderno —ahora se ha convertido en un color de fondo sobre el cual los demás colores ganan en vistosidad.

Sin duda los colores parecen más luminosos sobre un fondo negro que sobre un fondo blanco, por lo que los diseñadores prefieren presentar sus diseños sobre fondo negro → fig. 58. Pero el negro es inadecuado para las grandes superficies y como color de los espacios habitables, pues en estos casos su fuerza no permite que los demás colores resalten, sino que los mata.

Todo estilo que halle aceptación en amplios círculos nace de alguna necesidad auténtica. Sólo entonces puede percibirse un estilo como algo adecuado a los tiempos, y no como una imposición. El blanco no es un color de moda; es simplemente un color moderno.

El perfume más comprado del mundo, el Chanel nº 5, se vende desde 1920 encerrado en una caja blanca con letras negras. La única decoración de la caja son unos cantos negros → fig. 59. Esta sencillez produce la impresión de que el Chanel nº 5 es el perfume de los perfumes, un perfume atemporal. Y ciertamente parece serlo.

15. El blanco es vacío, ligero y está siempre arriba


  • Lo ligero: blanco, 37% · amarillo, 21% · rosa, 12% · plata, 8% · azul, 8%

Donde está presente el blanco, no hay nada. En muchos idiomas, “blanco” equivale a “vacío”. En francés, una “voz blanca” es una voz insonora, y una “noche blanca” una noche de insomnio, como en español una noche pasada en blanco. En español y en italiano, “cheque en blanco” es un cheque ya firmado, pero sin ninguna cantidad especificada en él.

“Album” es “blanco” en latín, y un álbum es un libro vacío, en blanco, que ha de llenarse con recuerdos y fotografías.

Con el concepto de lo vacío suele relacionarse también la ausencia de sentimientos, y el blanco es, con el gris, el color de la insensibilidad. También el blanco resplandeciente es un color frío.

Blanco es también el color de lo desconocido. En los mapas antiguos, los territorios en blanco eran los aún inexplorados. En alemán, una expresión cortés para referirse al desconocimiento de alguna cosa es hablar de “una mancha blanca”.

Lo que está vacío es ligero. Lo ligero se asocia a lo claro, y el blanco, el color más claro, es también el más ligero. Esta vinculación también es conocida en la vestimenta. La ropa veraniega es clara, y la invernal oscura. Las prendas claras reflejan los rayos solares, por lo que son más frescas.

Sin embargo, los campesinos de los países meridionales han vestido durante siglos de negro. ¿Por qué? Porque la tierra y el barro eran omnipresentes en sus labores, y el agua era demasiado preciada para derrocharla cada día en lavados. Muchos pueblos del desierto visten túnicas negras que cubren el cuerpo desde la cabeza hasta los pies, dejando una abertura sólo para los ojos. Este atuendo consta además de varias capas, bajo las cuales se conserva el aire fresco de la casa, donde el individuo se ha vestido.

Por experiencia, todos esperamos encontrar las sustancias ligeras encima de las pesadas, y, por tanto, también los colores ligeros sobre los pesados; éste es un principio estético. Una carta breve, una notificación de pocas líneas, cualquier texto que no llene una hoja de papel, es más agradable de ver y leer si el espacio sobrante es más grande arriba que abajo. El espacio superior siempre debe ser mayor que el inferior, pues de lo contrario se tiene una impresión de inestabilidad, parece que el texto se va a caer.

Una habitación en la que los colores están invertidos, esto es, con suelos blancos y techo negro, resulta desconcertante para nuestro sentido espacial. Parece que el techo va a caerse sobre nosotros, al tiempo que nos invade la sensación de que perdemos el suelo bajo nuestros pies. Quien entra en un espacio con el suelo claro y el techo oscuro, encoge la cabeza y, a cada paso que da, mira inseguro al suelo.

16. Alimentos blancos


En los alimentos, el blanco es con frecuencia signo de depuración —de que han sido decolorados artificialmente. El azúcar blanco es un producto decolorado, ya que originalmente el azúcar es moreno, y el arroz blanco, que naturalmente es marrón, es arroz descascarillado. Los alimentos blancos tienen un aspecto más atractivo, pero los consumidores han aprendido que con el color muchas veces desaparecen también ciertas cualidades nutritivas.

La margarina es un producto artificial que existe desde fines del siglo XIX. Su nombre es distinguido y adecuado a su color blanco: “margarina” viene de márgaron, que en griego significa “perla”. Otro producto, que no es un alimento, pero no por eso menos conocido, es la crema Nivea. Nivea es una palabra latina cuyo significado se hace evidente si se coloca un acento en la i: nívea, esto es, del color de la nieve. Tal era en otros tiempos la manera de inventar nombres de marcas.

A la carne de ternera y de pollo se le llama “carne blanca” no sólo porque su color es más claro que el de la “carne roja”, sino también porque contienen menos grasa y tienen menos valor nutritivo. También el “pan blanco” tiene menos valor nutritivo y menos gusto que el “pan moreno”. Y el vino blanco, cuyo color es más bien amarillento, parece tener menos grados de alcohol que el vino tinto, aunque la mayoría de las veces no es así.

La combinación de colores típica de los productos congelados y de las bebidas espirituosas que se beben muy frías es blanco-azul. Y cuando se enfatiza la condición de producto fresco, la combinación típica de colores es blanco-verde.

Los alimentos blancos han adquirido un atractivo contradictorio: parecen finos y puros, y a la vez artificiales e insustanciales. De la tendencia contraria a consumir alimentos más naturales surge la paradoja de que el azúcar moreno y el arroz negro sean más caros que los mismos productos decolorados. Los productos naturales son ahora los verdaderos artículos de lujo.

Los alimentos blancos pueden tener en principio muy diversos gustos. El azúcar es blanco, pero también la sal y la harina. Por eso el color blanco es ideal para confundir a las personas en los tests. Si se llena un salero de detergente y se pide a alguien que diga qué sabor tiene el polvo que hay en el salero, dirá que salado; si se hace lo mismo con un azucarero, supondrá que su sabor es dulce; y si el mismo detergente se comprime, dándole la forma de una tableta, parecerá que su gusto es neutro.

Se puede dar al detergente en polvo incluso el aspecto de un caramelo de menta o de la nata montada —todo el mundo dirá que tiene el gusto correspondiente a su aspecto exterior. Pero, en cuanto lo prueben, todo el mundo advertirá enseguida que se trata de detergente.

Este ejemplo nos muestra en qué medida el efecto de un color depende del conocimiento previo. Y también nos muestra que la razón interviene antes y después de cada efecto emocional.

17. El blanco de los artistas


Todo el mundo conoce la creta. Pero pocos saben de qué se compone. La creta procede de los caparazones de moluscos y otros pequeños animales marinos —del cretácico. En la pintura se usa la creta para preparar lienzos, y también el yeso, que es un mineral blanco molido. Las barras de tiza para las pizarras escolares y los lápices pastel no están hechos con creta, sino con yeso.

El blanco más conocido de los pintores está hecho con plomo. Es el blanco de plomo o albayalde. Los antiguos egipcios ya conocían este blanco. El modo más antiguo de producirlo consistía en añadir vinagre a un recipiente lleno de gres; sobre el vinagre se colgaban delgadas placas de plomo, se cerraba el recipiente y se enterraba en estiércol de caballo. El estiércol aportaba calor, y después de unos meses los vapores del vinagre habían corroído el plomo reduciéndolo a un polvo blanco. Ese polvo se dejaba secar y se molía para hacerlo más fino. Mezclado luego con un aglutinante se usaba en pintura artística y para blanquear paredes, y mezclado con grasa se empleaba también como cosmético.

En la época en la que comenzó la fabricación industrial de colores, el blanco de plomo empezó a producirse en grandes cantidades. El blanco de plomo es tóxico, y en aquellos tiempos no existían medidas de protección para los trabajadores, muchos de los cuales enfermaban de parálisis y morían. Como ningún hombre quería trabajar en esas fábricas, se empleó a mujeres. George Bernard Shaw describió su situación en toda su crudeza: hacia 1900, las mujeres que no eran lo suficientemente ricas como para casarse ni lo suficientemente hermosas como para ser prostitutas, a menudo tenían que elegir entre arruinar su salud en las fábricas de blanco de plomo o morir de hambre. Muchas se “tiraban al río”, pues morir ahogadas era entonces la forma de suicidio típica de las mujeres.

El blanco de plomo se llama también albayalde y blanco de Krems. Ningún otro blanco cubría tan perfectamente las superficies hasta que en 1930 apareció en el mercado el blanco de titanio. Éste es un pigmento artificial de origen mineral, producto del tratamiento químico del mineral de titanio, que es de color negro profundo. El blanco de titanio no sólo es el blanco más blanco, sino también, y después de experimentar con él, el mejor blanco para todas las técnicas pictóricas, además es totalmente inocuo.


18. El cuello y el chaleco blancos: símbolos de estatus


Hace tiempo, el color de la camisa que llevaba un hombre en el trabajo era signo de su rango profesional. Los obreros vestían camisas azules o grises. En una camisa blanca podía reconocerse a los superiores, cuyo trabajo no manchaba. El color de los cuellos de las camisas era en Inglaterra y en Estados Unidos indicativo de la clase social: los blue-collar workers eran los obreros, y los white-collar workers, los oficinistas. En sus primeros años, la firma IBM obligaba por contrato a sus empleados a llevar siempre camisa blanca. Hasta 1970 no empezaron a aceptarse las camisas de colores en los empleados, y hasta 1990 entre ejecutivos y directivos.

La camisa blanca recién planchada era un símbolo de estatus cuando aún no había lavadoras ni tejidos resistentes. Los cuellos y los puños estaban abotonados a las camisas, de modo que no era preciso lavar y planchar la camisa entera. Las amas de casa más prácticas disimulaban con tiza la suciedad de los bordes.

Para que las prendas blancas se mantuvieran blancas, se las colocaba sobre la hierba. La hierba blanquea porque desprende oxígeno, y el sol y el aire decoloran los tejidos. Hoy se emplean como decolorantes la lejía y el agua oxigenada.

Los tejidos sintéticos son blanquísimos, pero las fibras sintéticas en su estado original son de color gris. Se tiñen con luminosos colorantes blancos. Sin embargo, estos tejidos amarillean con los lavados y no se pueden decolorar, pues los productos decolorantes destruyen el colorante blanco. Los detergentes especiales para tejidos sintéticos contienen partículas fluorescentes que hacen brillar el blanco, son lo que llamamos “blanqueantes”.

Aún hoy las camisas más elegantes son las camisas blancas. Y cuanto más elevada la posición profesional, más conservadora es la vestimenta. De ahí la expresión “delincuencia de cuello blanco” en referencia a quienes cometen fraudes o estafas en ciertos círculos financieros; o que se hable de “operaciones limpias” cuando se evita el derramamiento de sangre. Casi siempre se trata en estos casos de dinero oculto al fisco que fluye por oscuros canales hacia “cajas negras”, pero cuando este tipo de operaciones salen a la luz pública, los implicados suelen salir “limpios” de ellas.

Si limpio equivale a blanco, la expresión “tener las manos limpias” significa que la conducta de quien así las tiene es intachable —en todo caso, que es imposible demostrar lo contrario. Aquí el simbolismo tiene una tradición más antigua: quien en la antigua Roma aspiraba a un cargo político debía primero presentarse en público, y en este acto el aspirante vestía siempre una toga blanca. El blanco radiante se llama en latín candidus, y por eso llamamos hoy a los aspirantes a cargos políticos “candidatos”.

19. ¿De qué color vestían las novias?


El traje de novia blanco con corona y velo no es ninguna tradición antigua. La moda de la novia de blanco nació en el siglo XIX.

¿Cómo vestían antes las novias? Simplemente usaban sus mejores prendas; no había una moda. Ciertamente había novias ricas que vestían de blanco, como María de Médicis, que en 1600 casó con Enrique IV —los cronistas describen su vestido de seda blanco, bordado con hilo de oro, adornado con piedras preciosas y con una cola dorada. Pero María de Médicis no creó con ello ninguna moda blanca —según otros cronistas, María se casó con tanto oro sobre el vestido, que la seda blanca no podía verse—. A pesar de estos lujos, no puede decirse que tales atavíos fueran propios de las bodas. Durante siglos no hubo ningún color determinado para las novias, ni tampoco un estilo establecido; ni siquiera existió la idea del “traje de novia”.

En Romeo y Julieta, de Shakespeare (1597), la condesa Julia Capuleto debe casarse por deseo de sus padres con el conde Paris. Julia tiene catorce años, que en su época era una edad adecuada para casarse. Todo estaba preparado desde hacía tiempo para una gran fiesta; se había contratado a los veinte mejores cocineros del país… pero la noche anterior a la boda, la madre de Julieta pregunta qué vestido llevará la novia. Julieta examina con su doncella los arcones y escoge un vestido que no se describe —el tema está resuelto. La condesa Julia no iba a llevar ningún vestido nuevo, no era costumbre hacerlo—.

En El matrimonio de los Arnolfini (1434)⁹, de Jan van Eyck, podemos ver cómo se celebraban las bodas en el siglo XV. El cuadro es célebre no sólo como obra sobresaliente de la historia de la pintura, sino también porque es uno de los primeros que muestra a personas reales en situaciones reales en lugar de santos. Los colores no son en él simbólicos, sino realistas.

La señora Arnolfini se casó con un vestido pomposo de color verde luminoso. La pareja de novios dio su promesa matrimonial en su casa, lo cual era muy común entonces, y les bastó con un testigo. El testigo de este casamiento fue el pintor, como consta en una inscripción del cuadro, que no era sólo un recuerdo de la boda, sino más bien un acta de matrimonio.

El matrimonio era entonces algo parecido a un negocio, un negocio que sólo podía ser importante para las gentes adineradas; en él contaban los derechos hereditarios, reflejados en el cuadro con claro simbolismo: el novio da a la novia no la mano derecha, sino la izquierda —y los espectadores del cuadro sabían así que se trataba de un “matrimonio de mano izquierda”, es decir: la novia renunciaba a los derechos hereditarios, se supone que en favor de los hijos de un matrimonio anterior del señor Arnolfini, bastante mayor que ella.

La jovencísima novia (Giovanna Cenami) estaba a todas luces embarazada, pero no era ninguna mancha; al contrario: estaba excluido el riesgo de un matrimonio estéril; además el matrimonio virginal no era todavía un ideal. Sorprendentemente, los historiadores del arte no se cansan de afirmar que la novia no estaba embarazada, sino que sólo se seguía la moda de la época, según la cual el ideal de belleza lo encarnaban las mujeres de vientre hinchado.

Pero hay muchos datos que apoyan la tesis del embarazo: la novia coloca una mano sobre su vientre, gesto típico de la embarazada, que también en la pintura simboliza el embarazo. Y sobre todo: cualquier observador de aquella época podía reconocer enseguida que la novia no era virgen, pues lo evidenciaba su tocado.

Las mujeres casadas llevaron durante siglos el cabello recogido, y en los lugares públicos una especie de velo colocado a modo de gorra o cofia. Por el contrario, en las pinturas religiosas se reconoce siempre a la Virgen por sus cabellos largos, lo propio en una mujer virgen. Pero la señora Arnolfini cubre su cabello, un cabello peinado de modo especial y propio de las mujeres casadas: recogido a izquierda y derecha como formando dos cuernos —dos cuernos del diablo que debían ahuyentar los celos de las esposas.

Los espectadores actuales no encuentran del todo normal que una novia esté encinta y, por este motivo, creen que es poco probable que en aquella época, en que la moral era todavía más rígida, se pintase a una novia en estado. Pero la historia nos resuelve el misterio: cuando se pintó el cuadro de los Arnolfini no existía aún el matrimonio por la Iglesia, algo que hoy nos resulta difícil de creer.

“El matrimonio es un asunto mundano”, sentenció Lutero, queriendo decir que el matrimonio no tiene nada que ver con la Iglesia. En la Iglesia católica hay siete sacramentos o acciones que infunden la gracia divina, y el matrimonio es uno de ellos, pero a diferencia de los del bautismo, la comunión, la eucaristía o la ordenación sacerdotal, el del matrimonio no lo otorga la Iglesia; simplemente los contrayentes se comprometen a llevar una vida que sea del agrado de Dios (en la Iglesia evangélica, sólo el bautismo y la eucaristía son sacramentos). Como la Iglesia no casaba, era indiferente cuándo la novia quedase embarazada.

La influencia de la Iglesia en las bodas empezó con el concilio de Trento (1545-1563). Entonces se dispuso que todo matrimonio se celebrase ante un párroco. Pero la ceremonia no tenía lugar en el interior de la iglesia, sino delante del pórtico. Hasta el siglo XIX, las personas de “buena familia” no se casaban ni siquiera delante del pórtico, sino en su domicilio particular o en algún salón, adonde acudía el párroco para oficiar el enlace.

Allí se levantaba un altar provisional, que inmediatamente después de la ceremonia se retiraba para seguir con el banquete y el baile.

Poco a poco fueron estableciéndose los rituales de las ceremonias religiosas, pero no así la moda en la vestimenta. Mientras hubo normas sobre los colores de los trajes, la Iglesia las apoyó, y todo lujo era condenado. Un vestido para usarlo sólo un día era pecado.

Para esta ocasión, las mujeres vestían sus mejores prendas. Entre las damas de la corte del rococó, lo más común eran los vestidos de baile muy escotados; entre las novias campesinas, el traje de los domingos; y las mujeres de la burguesía vestían casi siempre de seda negra.

En la novela de Charlotte Brontë, publicada en 1847, Jane Eyre, la protagonista, institutriz de una casa rica, posee exactamente tres vestidos: uno para el verano, otro para el invierno y un tercero para ir a la iglesia. Y para la boda recibe un vestido nuevo de lana gris.

La primera mujer que se casó conforme a la moda actual fue la novia más famosa del siglo XIX: la reina Victoria de Inglaterra, que en 1840 contrajo matrimonio con el príncipe Alberto de Sajonia-Gotha. La reina vistió un traje de satén natural blanco y algo que causó sensación: un velo de novia. Una novia con velo en la cabeza era algo nuevo, pues el velo sólo se llevaba después de la boda.

El velo de novia de Victoria se interpretó entonces como el velo de una monja, de modo que ella se presentaba ante el altar como novia de Cristo. Pero tras el deseo de la reina de llevar velo había otra intención: quería apoyar a la industria inglesa de los encajes, que luchaba contra su competidora francesa. El deseo de la reina se cumplió, y su velo de novia hizo furor. Luego, la reina llevó siempre en la cabeza lo que parecía un pequeño pañuelo de encaje.

Cuando, en 1853, se casó el emperador Napoleón III, su novia, Eugenia, llevó también un velo blanco. La muy elegante Eugenia eligió para su vestido un tejido poco habitual: terciopelo blanco.

En aquella época, las novias reales determinaban la moda mucho más de lo que lo hacen hoy. Pero la nueva preferencia por el traje de novia blanco era también expresión del espíritu de la época. En 1808, Jacquard puso en el mercado la primera máquina tejedora, lo que abarató notablemente los tejidos. Y a partir de 1830 fueron apareciendo las primeras máquinas de coser. Con un traje de novia blanco, muchas mujeres podían realizar su sueño de ser reinas al menos por un día.

Pero la mayoría de las mujeres piensa de manera más práctica de lo que se cree. Examinando fotografías antiguas de bodas puede observarse que, hasta 1950, las novias prefirieron el práctico traje de seda negra, que luego podían volver a vestir en todas las fiestas, pero eso sí, con el velo blanco.

Aunque los vestidos de novia son cada vez más asequibles, incluso los más vistosos, son muchas las novias que hasta hoy han renunciado al sueño de casarse de blanco.

20. Reglas sobre el color y el atavío de la novia y de los invitados


Un vestido blanco radiante, de tejido brillante, bordado o con encajes, de cintura ajustada y largo hasta los pies, más un velo: así es el traje de novia clásico. El blanco puro simboliza la virginidad de la novia, aunque son pocas las mujeres que hoy en día dan importancia al hecho de parecer que han llegado vírgenes al matrimonio. Por eso, algunas renuncian al blanco puro y prefieren el crema. La princesa Diana vistió un traje de color blanco crema. Su boda se celebró en 1981, y la prensa interpretó aquel color como que ella reconocía públicamente que no llegaba virgen al matrimonio. Estos matices ya no causan ningún efecto en la moral pública, mucho menos en el caso de novias que no pertenecen a la realeza.

Pero todavía hay leyes no escritas por las que algunas novias deben elegir un color determinado y no otro. Por ejemplo, muy pocas mujeres separadas vuelven a vestir de blanco y con velo cuando celebran un nuevo matrimonio. Y para muchos, una novia visiblemente embarazada con gran traje blanco es, incluso si se casa por primera vez, una imagen contraria a las buenas costumbres.

Mucha gente piensa que el lujoso traje blanco sólo es apropiado en las bodas religiosas, pues sólo la Iglesia puede legitimar la pompa en el vestir. La moda nupcial está dirigida, como ninguna otra moda, a las mujeres jóvenes, pero a partir de la edad en que las experiencias cuentan más que las expectativas, las mujeres con traje de novia blanco parecen más dignas de compasión que conmovedoramente inexpertas. Esta limitación sólo es aplicable al traje de novia blanco, pues un sencillo vestido blanco se adapta a cualquier edad, incluso a una octogenaria que se case por quinta vez.

La que no desee o no deba casarse de blanco, puede muy bien llevar un hermoso vestido de boda —por ejemplo, de color rojo pasional o azul celeste, o con rosas estampadas o dorado, más un velo del mismo color. Un velo de color, ajeno al simbolismo cristiano, es un accesorio que puede llevar cualquier mujer. En todo desfile de alta costura se muestra al final un gran traje nupcial, y todos los diseñadores de moda presentan también trajes de novia en colores creativos.

Sólo hay una regla que todas las novias deben observar: su atuendo debe ser más lujoso que el de sus invitadas. En todas las demás celebraciones, lo válido es lo contrario: anfitriones y anfitrionas deben vestir más sencillamente que sus invitados. Especialmente cuando invitan en su propia casa. La anfitriona que dice a sus invitados que pueden acudir vestidos informalmente, pero ella exhibe un nuevo y elegante vestido de fiesta, no tiene que extrañarse de que los invitados se sientan incómodos y deseen marcharse cuanto antes. Si una anfitriona quiere lucir en una fiesta un traje de noche largo, debe advertir a sus invitadas de que conviene que acudan con traje de noche, y a sus invitados de que acudan con esmoquin. Los invitados tendrán entonces que seguir esa indicación si no quieren llamar la atención.

En una boda, todo gira en torno a la novia. Actualmente, muchas novias desean que su traje sea un secreto hasta el día de la boda. Sin embargo, el novio necesita saber cómo es de lujoso el traje de ella. Un traje gris o azul oscuro con corbata sólo armoniza con un traje sencillo o un vestido corto blanco. Pero junto a una novia con un lujoso traje, el novio debe vestir un traje negro de tejido ligeramente brillante —y en ningún caso un esmoquin, que sólo se lleva de noche.

Tanto si la ceremonia es religiosa como si es civil, los invitados a la boda deben vestir con trajes elegantes de día. Los trajes de fiesta brillantes no son mal recibidos, pero tampoco son los más adecuados. Los caballeros deben vestir un traje de día con una corbata de su gusto. Si los novios desean otro tipo de vestimenta para sus invitados, deben hacérselo saber con antelación. El atavío informal es siempre inadecuado en las bodas. Quien opina que un casamiento no es más importante que una compra en un supermercado, no debe acudir a una boda.

Una particularidad de las bodas más elegantes es que en la ceremonia, el novio, y sólo el novio, viste un frac de color gris claro con corbata, el llamado morning suit. Los demás caballeros llevan trajes oscuros. Observando fotografías de bodas de la nobleza, a muchos les parece el novio acaso demasiado sencillamente vestido con su sencillo gris, pero olvidan que el morning suit es un frac.

En la mayoría de las bodas se celebra por la tarde una fiesta. La novia debe entonces dejar a un lado todo secretismo y decir si va a presentarse con traje largo o corto. Si es corto, ninguna de las invitadas podrá llevar uno largo para no ser el centro de atención. Si se espera que la novia vista un traje sencillo, ninguna de las invitadas podrá llevar un traje demasiado llamativo. El atuendo de la novia debe ser en esta ocasión el más hermoso de todos.

En 1998, cuando la princesa Gabriela de Leinigen contrajo, segundas nupcias con el Aga Khan, encargó al modisto parisino Christian Lacroix un traje de novia y el vestido para la fiesta. Pero no dijo que era para su boda, sino para asistir ella a la boda de una amiga. Como era su segundo matrimonio, no deseaba ningún traje blanco, pero entre sus ricos y nobles invitados tenía que vestir el traje más suntuoso, por lo que le pidió a Lacroix lujosos bordados y encajes. Pero el modisto, ignorante de todo, le respondió que eso sería inadecuado, pues de esa manera destacaría más que la novia.

Las invitadas a una boda deben tener en cuenta sobre todo que para ellas hay un color tabú: el blanco. Incluso si la novia se casa de rojo o de azul, ninguna invitada vestirá de blanco, pues si lo hace, daría la impresión de que ella quiere parecer la novia. Naturalmente, podrá llevar una blusa blanca o un vestido con dibujos blancos. Pero la novia es la única que puede llevar un traje blanco o un sombrero blanco.

FIGS

53 La reina de Inglaterra viste de blanco en las grandes ocasiones.

54 Fuera de la iglesia, el Papa viste siempre de blanco, y dentro de ella sólo en las festividades “blancas”.

55 La muerte viste de blanco cuando la envía Dios, y de negro cuando la envía el diablo.

56 El gran problema de Goethe: la mezcla aditiva de colores. Los colores de la luz se mezclan de distinta manera que los colores materiales, es decir, las pinturas. Los colores de la luz son los del arco iris, los de los proyectores de luz de color y también los de la televisión. Los colores fundamentales son el naranja, el violeta y el verde. Mezclándolos se obtiene, en cada caso, el color que tienen en común, por ejemplo, luz naranja + luz verde = luz amarilla. Si se añade otro color más, la luz obtenida es más clara, pues se añade más luz. Y con los tres colores mencionados se obtiene luz blanca. Goethe se negó a creer esto.

57 Mediante placebos (medicamentos fingidos), se comprobó que las píldoras y cápsulas blancas parecen calmar el dolor, las azules producir efecto tranquilizante, y las amarillas y las rojas ser excitantes. Las píldoras rosas y rojas parecen hacer más efecto que las azules, las de dos colores más que las de un solo color, y las cápsulas resultan más eficaces que los comprimidos. Pero estos pseudoefectos duran poco tiempo. Con simples colores no se consiguen efectos verdaderos.

58 Los colores son menos luminosos sobre blanco que sobre negro.

59 Un clásico de la elegancia en blanco y negro.