Color de lo acogedor, de lo corriente y de la necedad.


¿Cuántos marrones conoce usted? 95 tonos de marrón

  1. Marrón: el color menos apreciado, pero que está en todas partes
  2. El color de lo feo y lo antipático
  3. El color de la pereza y la necedad
  4. El color de lo acogedor
  5. El color de sabor más fuerte
  6. El color de lo corriente y de lo anticuado
  7. El color de los materiales robustos
  8. El marrón de los pobres
  9. El color del amor secreto
  10. Los “colores de la pulga” de los ricos y los colores de moda deGoethe
  11. El color del nacionalsocialismo alemán
  12. Por qué el tono bronceado llegó a ser ideal de belleza
  13. El marrón de los artistas: de sepias y de momias
  14. La pátina

¿Cuántos marrones conoce usted? 95 tonos de marrón


Nunca se nos ocurriría decir que el café es de color tabaco, o que el tabaco es de color nogal. Las ideas que tenemos de estos colores son inseparables de sus contextos.

Nombres de tonos marrones en el lenguaje ordinario y en el de los pintores:

Almagre
Amarillo intenso
Amarillo viejo
Ámbar
Barro arcilloso
Beige
Cabello castaño
Café con leche
Caoba
Caput mortuum
Carmín tostado
Castaño oscuro
Cedro
Cigarro puro
Color adobe
Color arcilla
Color arena
Color arenisca
Color asfalto
Color asta
Color avellana
Color bronce
Color bronceado
Color cacao
Color café
Color canela
Color caramelo
Color chocolate
Color cieno
Color coco
Color coñac
Color corcho
Color cuero
Color curry
Color de la herrumbre
Color de la raza negra
Color de las heces
Color de venado
Color hígado
Color lodo
Color madera
Color miel
Color mostaza
Color nicotina
Color nuez
Color nutria
Color pimienta
Color sándalo
Color sepia
Color tabaco
Color té
Color tierra
Color tostado
Color visón
Color whisky
Cortezas de árbol
Cuero natural
Gris pardo
Madera de teca
Marrón anaranjado
Marrón caqui
Marrón cobrizo
Marrón dorado
Marrón granate
Marrón glacé
Marrón gris
Marrón momia
Marrón negro
Marrón olivo
Marrón otoño
Marrón rojizo
Marrón Van Dyck
Marrón veronés
Marta cebellina
Nogal
Nuez moscada
Ocre
Oro viejo
Papel de envolver
Pátina
Pelo de camello
Piel de cebolla
Roble
Rojo inglés
Rojo pardusco
Rojo zorro
Rubio oscuro
Siena natural
Siena tostada
Sombra natural
Sombra tostada
Terra Pozzuoli
Terracota
Tierra verde
Vino de Madeira
  • “Marrón” es un galicismo cuyo empleo en el castellano actual se ha hecho tan frecuente, que ha dejado en lugar secundario al tradicional “castaño”. En la presente traducción se usa “marrón” como el nombre más genérico, y “castaño” y “pardo” en los casos en que es más común, o normativo, el uso de una de estas dos últimas palabras (p.e., “cabello castaño”, “oso pardo”). [N. del T.]

1. Marrón: el color menos apreciado, pero que está en todas partes


El marrón es el más rechazado de todos los colores. El 17% de las mujeres y el 22% de los hombres lo nombran como “el color que menos me gusta”. Y gusta menos conforme pasa el tiempo →tabla inferior. De los menores de 25 años, el 16% de los hombres y el 10% de las mujeres lo nombran como el color que menos aprecian; y de los mayores de 25 años, el 26% de los hombres y el 20% de las mujeres declaran que no les gusta nada.

Casi nadie siente predilección por este color. Sólo el 1% de los hombres y de las mujeres lo tiene como color favorito. En ningún otro color se da tal rechazo.

Esto no deja de resultar asombroso, pues se trata de un color muy presente en la moda. El color de la tierra en todos sus matices es muy apreciado. Y como color de multitud de materiales naturales, como la madera, el cuero y la lana, es uno de los colores preferidos para decorar las viviendas.

Teóricamente es pertinente la siguiente pregunta: ¿es el marrón un color? Propiamente no. El marrón o castaño es la mezcla de todos los colores. La mezcla de rojo y verde da marrón; la de violeta y amarillo da marrón; la de azul y anaranjado da marrón; la de rojo, amarillo y azul da marrón; y si se combina cualquier color con negro, se obtiene también marrón →fig. 95. El marrón es más una mezcolanza de colores que un color.

Pero, en un sentido psicológico, el marrón es, de manera inequívoca, un color, pues tiene su propio simbolismo, que es distinto del de los demás colores. La mayoría de los conceptos “típicamente marrones” tiene connotación negativa. Ahí está el siniestro pasado político del color pardo. Éste es también un color feo y vulgar. Es el color de la pereza y de la necedad.

No obstante, es también un color muy aceptado en la moda, pues se cree que la mezcla de todos los colores armoniza con todos los colores y sirve para todas las ocasiones.

El marrón está en todas partes, pero como “color en sí” es despreciado.

LOS COLORES MENOS APRECIADOS EN EL TRANSCURSO DE LA VIDA

Mujeres14-2526-4950+Hombres14-2526-49+50
Marrón10%22%20%Marrón16%26%25%
Rosa25%16%8%Rosa29%17%7%
Gris10%12%20%Gris9%11%20%
Amarillo8%8%4%Negro2%8%10%
Negro3%5%12%Oro5%2%1%

2. El color de lo feo y lo antipático


  • Lo feo: marrón, 25% · gris, 25% · negro, 19% · violeta, 8%
  • Lo antipático: marrón, 25% · gris, 18% · violeta, 12% · negro, 10% · rosa, 8%
  • Lo antierótico: marrón, 30% · gris, 26% · blanco, 6% · verde, 6%
  • Lo desagradable: marrón, 20% · gris, 17% · verde, 14% · violeta, 12% · negro, 12%

Al marrón lo asociamos espontáneamente con la inmundicia y los excrementos. El marrón es el primer color que aparece en las asociaciones negativas con el cuerpo. En Estados Unidos se llama al adulador interesado brown nosed o brownnoser, expresión comúnmente traducida por “lameculos”. Y en Inglaterra se dice I’m browned off cuando algo produce fastidio, cuando se está hasta las narices.

En el marrón desaparecen todos los colores luminosos, desaparece toda pasión. Si el violeta es el color más misterioso porque en él se unen los grandes contrario rojo y azul, también el marrón contiene rojo y azul, además del tercer color primario, el amarillo; pero la unión de todo con todo es lo que hace del marrón una mezcla sin carácter. Por eso es el marrón el color de lo antierótico.

Como el marrón es la mezcla de colores más oscura, es junto al negro, uno de los principales colores del mal y de lo malo. Las cosas que se pudren se ponen marrones, por eso es el marrón el color de lo descompuesto y lo desagradable, tanto real como simbólicamente. En la naturaleza es el color de lo marchito, de lo que se extingue, el color del otoño.

Cuando se piensa en los años que tienen las cosas, se piensa casi siempre en el color marrón: el papel y las telas amarillean hasta volverse marrones, y la madera y la piel viejas se ponen cada vez más oscuras. Sobre todas las cosas se forma una pátina marrón de polvo y suciedad. Así se cumplen las palabras de la Biblia en el libro I de Moisés: “Polvo eres y en polvo te convertirás”.

3. El color de la pereza y la necedad


  • La pereza: marrón, 44% · gris, 12% · negro, 10% · violeta, 8%
  • La necedad: marrón, 24% · gris, 20% · rosa, 18% · negro, 8%

La pereza es uno de los siete pecados capitales. Y, como todos los pecados capitales, es una faceta del egoísmo. La pereza consiste en el egoísmo de no hacer nada por los demás. Por eso se llamó al pecado de pereza “indolencia del corazón”.

El marrón es el color de la necedad. Se comprende que a esta tan poco disimulable cualidad negativa se atribuya el color más feo. Du bist ganz schön braun, se dice en alemán, queriendo decir que alguien ha perdido a la vez la inteligencia y la vergüenza. ¿Qué color caracterizaría mejor a los apáticos que el marrón? En el acorde de la necedad, el marrón simboliza la necedad en sí, el gris la incultura, el rosa la ingenuidad y el negro la ignorancia.

4. El color de lo acogedor


  • Lo acogedor: marrón, 27% · verde, 20% · amarillo, 10% · azul, 13% · naranja, 9%

El marrón es un color valorado positivamente para los espacios habitables. Lo natural, lo esencialmente carente de artificialidad, hace del marrón el color de la comodidad. Parecido es el acorde del →recogimiento.

El marrón es el color de los materiales rústicos, como la madera, el cuero y la lana. Las habitaciones con muebles y alfombras marrones y revestimientos de madera en paredes y techo, parecen más estrechas, pero esta limitación invita al recogimiento. El marrón crea en una habitación el clima ideal —es uno de los colores de la calidez, pero no es un color caliente.

El marrón resulta particularmente agradable cuando se combina con colores más animados, como el oro y el naranja. Su combinación con el negro debe evitarse en las habitaciones, pues el negro lo hace demasiado sombrío. Junto al negro, el marrón forma el acorde de →lo estrecho y →lo pesado.

El estilo rústico es más apreciado en Alemania que en ningún otro país. Los extranjeros se maravillan de las muchas oficinas y habitaciones de hotel decoradas en un estilo rústico de tonos marrones, que les parecen típicamente alemanas. Esta impresión no tiene por qué ser negativa; a los estadounidenses, la Gemütlichkeit (comodidad, apacibilidad) alemana les parece tan típica, que han hecho sitio a esta palabra en su léxico.

5. El color de sabor más fuerte


  • Lo áspero: marrón, 27% · gris, 16% · verde, 15% · violeta, 10%
  • Lo amargo: marrón, 22% · verde, 18% · amarillo, 12% · gris, 10%

El marrón es el color de sabor más fuerte. El color de lo tostado: la carne asada es marrón, y la masa bien horneada toma color marrón. El marrón tiene además un intenso aroma: el café, el té, la cerveza y el cacao son marrones. Los huevos morenos parecen tener más gusto que los blancos.

Marrón es el color de los alimentos cocinados. Lo que era blanco, se vuelve marrón, desde la cebolla dorada hasta el azúcar hecho caramelo. Es el color de las “bombas de calorías”, como el chocolate, los bombones y las nueces. Cuando los alimentos blancos toman color oscuro, parecen más ricos en calorías. Quien piensa en las calorías, considera los oscuros pasteles de chocolate más peligrosos que los blancos pasteles de nata.

Hay tipos de cerveza, inventados especialmente para las mujeres por los estrategas del márketing, cuyo color es más claro. Y cervezas oscurecidas especialmente para hombres. Los cigarrillos son blancos, pero también los hay con papel marrón, adecuados a un tabaco más fuerte o así presentados para sugerir un sabor más fuerte. Las mujeres prefieren comer carnes y salsas claras, y los hombres carnes de color marrón oscuro y salsas oscuras, que parecen especialmente fuertes y sustanciosas. Cuanto más fuerte es el color marrón, más fuerte la comida, aunque sólo se trate de una ilusión creada por los colores de los alimentos.

6. El color de lo corriente y de lo anticuado


  • Lo corriente: marrón, 25% · gris, 23% · oro, 9% · rosa, 8%
  • Lo anticuado: marrón, 37% · gris, 25%

Los tonos marrones contienen en su mayoría rojo, amarillo, azul y negro, y a menudo incluso blanco. El marrón anula el carácter de todos los colores que contiene. En el marrón desaparece la “individualidad” de los colores básicos. Por eso es el marrón el color de lo corriente, lo simple y lo honrado.

Una conocida figura de cómic que personifica la mediocridad —al bueno, pero eterno perdedor— no por casualidad se llama “Charlie Brown”. Quien viste de marrón no quiere destacar, sino adaptarse. El marrón no sólo se adapta, sino que quita su fuerza a todo otro color independiente. Junto al marrón, incluso el rojo se apaga, el azul pierde su claridad, y el amarillo, su luz.

“El marrón es un color neutro que se adapta a todo”; tal es la profesión de fe de todos los que no dan valor a la moda o a la elegancia en el vestir.

Pero lo malo del marrón es que no se adapta a todo. Tampoco es siempre un color cálido; sólo lo es cuando predomina su parte de rojo, mientras que cuando predomina el azul es un color frío. Un marrón frío combinado con un color cálido, o un azul cálido combinado con un color frío, produce un contraste desagradablemente fuerte, incluso en colores apagados →fig. 96.

Las revistas de modas hablan del “rojo noble”, del “negro noble” o del “blanco noble”, pero nunca de un “marrón noble”. Los miembros de las casas reales nunca visten en las recepciones oficiales de marrón —un color demasiado vulgar para ellos—. El marrón nunca resulta adecuado para las ocasiones en que la elegancia es un requisito indispensable, y en la moda masculina de gala, los trajes marrones están fuera de lugar, al igual que los zapatos marrones, verdadero tabú aunque su aspecto no desmerezca de los negros; un traje marrón, incluso de la mejor tela, nunca será realmente elegante en estos casos. Los más prestigiosos bancos privados ingleses incluso prohíben a sus ejecutivos vestir trajes marrones en sus oficinas, pues resultan demasiado ordinarios.

El marrón es el color de lo anticuado porque es el color del pasado. Pero en la moda, con sus perpetuos retornos y contradicciones, lo anticuado es a menudo moderno.

7. El color de los materiales robustos


Ninguna cosa se tiñe de marrón para embellecerla, sino que la mayoría de las cosas marrones tienen este color como color natural. Sólo los materiales sintéticos se tiñen de marrón para darles la apariencia de materiales naturales, aunque los materiales sintéticos se reconocen al instante por la uniformidad del color. El marrón natural nunca es uniforme, sino que siempre muestra manchas más claras y más oscuras, como la madera, la vegetación mustia, la lana sin blanquear o la piel sin teñir. Beige, la palabra francesa con que designamos el marrón claro, significa “crudo”.

A muchas mujeres y a muchos hombres les gusta vestirse de marrón; dado que es un color tan insensible a las manchas, es ideal para el ocio. El marrón es el color de cabello más frecuente, llamándose entonces castaño o trigueño.

A lo que es por naturaleza poco delicado se le llama “robusto”, del latín robustus, que originariamente significaba “pardo rojizo”. ¿Y qué color más robusto que el pardo rojizo?

8. El marrón de los pobres


Ya en la edad media se consideraba el marrón como el color más feo. Era el color de los campesinos pobres, de los siervos, los criados y los mendigos.

Las ropas marrones, o más precisamente, pardas, eran simplemente los tejidos sin teñir hechos de borra y pelo de cabra, ciervo y liebre hilados con lino y cáñamo crudos y parduscos. En una época en que las ropas de colores luminosos eran símbolo de estatus, las ropas sin teñir mostraban claramente una condición inferior.

Los primeros monjes cristianos vestían hábitos sin teñir. Cuando se establecieron los colores para las distintas órdenes, los colores pardo y gris eran los de aquellas órdenes que hacían voto de “máxima pobreza”. Los franciscanos eran los “monjes pardos”. Su fundador, Francisco de Asís, monje mendicante, no vestía un hábito de color uniforme, sino de tejido sin teñir, salpicado de manchas grises y pardas. Este pardo era también símbolo de humildad cristiana.

Marrón fue también, durante siglos, el color del luto de los pobres, pero lo fue a la fuerza, por lo inasequible de los tejidos teñidos de color negro, que resultaban mucho más caros; por eso era marrón oscuro el luto de los pobres. Hay una canción en la que un siervo en duelo exclama:

[Dios mío, cuánto duele despedirse… Soy un pobre siervo, Voy a vestir mi castaño oscuro]

9. El color del amor secreto


“Castaño es el color de la avellana, castaño soy yo también, castaña será mi novia, igual, igual que yo”.

En canciones populares y poemas antiguos alemanes aparece con frecuencia la figura de la “muchacha morena”. A veces la muchacha es “castaña”, a veces “trigueña” —estos adjetivos no se refieren al color del cabello, sino al de la piel—. Una “morena” era una campesina tostada por el sol, y se suponía que era pobre. Las mujeres distinguidas protegían su palidez con sombrillas, sombreros y pañuelos. Especialmente importantes eran las manos blancas, sin marcas de ningún trabajo, que las damas protegían con guantes. La piel tostada por el sol era un signo de pobreza.

En el Cantar de los Cantares de Salomón, del Antiguo Testamento, una campesina dice a las muchachas de la ciudad:

“Morena soy, oh hijas de Jerusalén… No reparéis en que soy morena, es que me ha quemado el sol. Mis hermanos se enfadaron conmigo, me pusieron a guardar las viñas, y mi viña no supe guardar”.

En el simbolismo antiguo, el color moreno es femenino. Es el color de la Tierra, de la fecundidad. “La morena” es, en algunas lenguas antiguas, la parte sexual femenina. Lo mismo significa Miss Brown en el argot de Estados Unidos. La vagina suele también asociarse a algunos frutos marrones, como el higo y la ciruela. Hoy casi nadie dirá en Alemania que una ciruela es de color castaño, pero antes se llamaba braun [castaño] al violeta oscuro. Alberto Durero usaba el término Veielbraun [castaño violeta]. “Violeta” es una denominación muy moderna. Por eso habla la antigua lírica alemana de braune Veilchen [violetas marrones].

En el simbolismo de la poesía trovadoresca, el color castaño es Gebundenheit in Minne [estar atado a Minne (el amor)], es decir, una relación sexual. No es el amor hecho público, simbolizado por el color rojo:

el color castaño es el del amor discreto, o secreto, fuera de la clase social del amante. En una canción con el ilustrativo título de Es spielt ein Graf mit einer Maid [Un conde coquetea con una muchacha], un conde ofrece a una joven en reparación una suma de dinero en vez del matrimonio; y también un sustituto:

“No llores más, mi morena, pagaré por tu honor. Te daré a mi palafrenero y trescientos táleros”.

Castaño era también el color de la infidelidad. Y las “morenas” de la poesía y las canciones populares aparecen siempre como mujeres ligeras, dispuestas a la entrega:

“… una moza morena, un joven galano, que juntos tan protegidos están, como un aprisco con el lobo dentro”.

Lo importante no era tanto la moral como el dinero. La gente pobre —la gente parda— no podía casarse, pues para obtener un permiso de matrimonio había que demostrar que se tenía alguna propiedad. El sueño de una vida familiar no estaba al alcance de rústicos y sirvientes, que ni siquiera tenían una habitación donde vivir. El matrimonio era para los que podían dejar algo en herencia; los pobres no necesitaban herederos, pero tenían hijos.

Cuando un hombre regalaba a su amada un anillo con una piedra parda, el simbolismo no tenía que ver solamente con el de este color como color del amor secreto, sino sobre todo, con la situación económica del amante: castaño rojizo es el granate, una piedra semipreciosa que en otros tiempos era barata, y aún más barato es el ámbar, que varía del pardo amarillento al castaño oscuro. Las antiguas alhajas con granates, típicas en otros tiempos de las mujeres pobres, si son realmente antiguas, nunca tienen las piedras engastadas en oro, sino en plata o en latón. Las “morenas” no podían esperar regalos caros de sus novios.

“Tira tu camisa, morena y tiéndete junto a mí, que contigo compartiré lo que tengo.”

10. Los “colores de la pulga” de los ricos y los colores de moda de Goethe


El ideal estético de los colores luminosos duró mientras se mantuvo el elevado coste de los tintes luminosos. En el siglo XVIII se pudo teñir por primera vez de rojo puro, de azul puro y de verde puro a precios razonables. Con ello cambió la valoración de los colores. Los colores puros se consideraron entonces simples, y el arte del tintorero se transformó en el arte de mezclar tintes.

La época rococó tuvo predilección por los colores pastel, y hasta el castaño fue un color de moda. Pero no era un castaño obtenido de la mezcla de dos o tres tintes: los tejidos se teñían varias veces con diversos colores, unos después de otros, para obtener los tonos más variados.

Luis XVI (1754-1793) sentía predilección por los couleurs de puce —los “colores de la pulga”. Se comentaba que quien vestía de castaño podía estar seguro de su éxito ante el rey. El rey era un infeliz, pero lo que gustaba al rey, gustaba a todo el mundo —los historiadores De Goncourt describen el entusiasmo de un caballero que presenta a unas damas una pulga muerta: “Admiren, damas mías, el color de esta pulga. Es un negro que no es negro, un castaño que es más que un castaño, pero la verdad es que es un color precioso…—.” Había “colores de la pulga” en los más finos matices, cuyos nombres había fijado el propio rey: “pulga vieja”, “pulga joven”, “espalda de pulga”, “cabeza de pulga”, “pierna de pulga”, “vientre de pulga” y “vientre de pulga antes de poner los huevos”. En inglés, el castaño rojizo se llama puce —pulga—; los ingleses adoptaron la palabra francesa, como si sólo en Francia hubiera pulgas.

La época que siguió al rococó, el clasicismo, tuvo como ideal estético el blanco de la antigüedad clásica. Hacia 1800, se creía que los antiguos griegos y romanos habían usado siempre telas blancas, pero la verdad es que usaban telas de todos los colores. El marrón era un color despreciado, y los romanos llamaban a los andrajosos pullati, es decir, “pardos”. Y los pueblos que no dominaban las artes tintoreras se consideraban bárbaros.

Pero en la época de Goethe, bárbaro era todo lo coloreado. Goethe caracterizó así el gusto de su época en lo referente a los colores: “Las personas cultas sienten cierta aversión a los colores.” Y explica esta aversión con la idea de que los colores fuertes, o “colores enteros”, como él los llamaba, son difíciles de combinar en la vestimenta: “El uso de colores enteros sin duda tiene muchas limitaciones; en cambio, los colores como sucios, muertos, los llamados colores de la moda, muestran muchísimas gradaciones y matices, la mayoría de los cuales tiene su gracia.” Los “colores sucios” eran todos los tonos marrones, y los “colores muertos” los oscurecidos con negro.

Otra desventaja de los colores “enteros” es, según Goethe, que las mujeres que visten de colores fuertes tienen que pintarse el rostro: “Hay que notar, además, que las habitaciones de colores enteros presentan el inconveniente de que hacen parecer todavía más apagado el color de un rostro no demasiado luminoso; de este modo las mujeres se ven forzadas a intensificar el color de su rostro con pinturas para mantener el equilibrio con un entorno muy luminoso.”

La aversión de Goethe a los colores demasiado alegres se extendió por toda Alemania →Gris, 17. Los “colores sucios y muertos” recibieron hacia 1900 un impulso adicional al proponerse Alemania legitimar culturalmente sus aspiraciones a ejercer el poder sobre otros pueblos. Su modelo se lo proporcionaron los belicosos germanos, incluso en la moda. Se redescubrieron así, y a menudo también se inventaron, los trajes populares germánicos. Rústico el material, rústica la forma, rústico el color. Lo originario, lo producido por la naturaleza: eso era lo “auténticamente alemán”. Hasta se pusieron de moda los nombres germánicos: Bruno, es decir “moreno”, y Brunhilde [Brunilda], su equivalente femenino.

El color marrón se consideraba ahora un color hermoso. Por eso se convirtió, un poco más tarde, en el color del nacionalsocialismo.

11. El color del nacionalsocialismo alemán


Hitler no estuvo presente cuando se eligió el color pardo como color del partido nacionalsocialista, aunque, naturalmente, dio luego su aprobación a esa elección. Arnold Rabbow, experto en la simbología política de los colores, investigó cómo se llegó a aquella elección: “Durante el tiempo en que Hitler estuvo en la prisión militar de Landsberg, Röhm preguntó, en una conversación con Göring y el jefe del cuerpo de voluntarios, Gerhard Roßbach, que tuvo lugar en Salzburgo en 1924, por el aspecto de los uniformes de la SA. Roßbach señaló la camisa caqui que llevaba puesta, y Röhm dijo: ‘Queda muy bien’, y Göring asintió con la cabeza. El 27 de febrero de 1925, día de la fundación oficial del NSDAP y la SA, se estableció oficialmente el color pardo como color único del partido”.

Actualmente todavía se llama a los nacionalsocialistas alemanes “los pardos”. Rabbow se pregunta irónicamente si con la elección de ese color el subconsciente de los fundadores del partido no les jugó una mala pasada: “¿Fue la SA realmente consciente de las groseras asociaciones que podía suscitar, por ejemplo, su canción de batalla ‘Somos las huestes pardas del Führer?’”

Al hacer estas interpretaciones psicológicas no debe olvidarse que el color marrón era omnipresente en la moda masculina de aquella época. Los trajes de diario eran marrones. Este color era algo completamente normal. El más importante efecto psicológico era que los simpatizantes del NSDAP hicieron una buena adaptación óptica de los uniformes del partido. Los simpatizantes no necesitaron ningún nuevo atavío de algún color poco habitual: bastaba la indumentaria corriente y una camisa parda, prenda también corriente en la moda de aquella época. También los cabecillas del NSDAP llevaban camisas pardas ya antes de que se decidiera el color de los uniformes.

En 1931, cuando la República de Weimar prohibió a las agrupaciones políticas los distintivos y los uniformes, los “batallones pardos” pudieron eludir fácilmente esta prohibición. No se podía prohibir algo tan común como el traje marrón, y la camisa de este color podía disimularse fácilmente con una chaqueta encima. Este atuendo permitía una fusión total con las masas. Como dice Robbow, algunos miembros del NSDAP aparecían en las asambleas del partido “con el pecho desnudo, lo que les daba un patético aspecto de macarras, pero la ausencia en ellos de la camisa parda recordaba a los asistentes la conveniencia de llevarla.”

Este color simbolizaba todos los ideales del nacionalsocialismo: es el color de →la brutalidad, →el conservadurismo y →la virilidad.

12. ¿Por qué el tono bronceado llegó a ser ideal de belleza?


Fue después de la Segunda Guerra Mundial cuando la piel tostada por el sol empezó a ser un ideal de belleza en Alemania y en los industrializados países nórdicos. Como la mayoría de la población trabajaba en fábricas y en oficinas, el bronceado demostraba que uno podía permitirse unas vacaciones en el sur. Luego el estar moreno no sólo en verano, sino también en invierno se convirtió en símbolo de estatus, pues este moreno revelaba que uno también podía permitirse unas vacaciones en las estaciones de esquí y los viajes a otros continentes. Hacia 1980, el turismo en países lejanos se hizo asequible a todo el mundo; luego se popularizaron las cámaras de rayos ultravioleta y los centros de estética, con lo que todo el mundo podía estar bronceado durante todo el año —y el bronceado dejó de ser signo de estatus social. El ideal de belleza empezó entonces a cambiar.

Antes, la publicidad de las cremas solares presentaba la imagen del cuerpo muy bronceado como ideal de belleza; hoy insiste en la protección contra los rayos solares. No obstante, la piel morena sigue estando de moda en la medida en que es característica del actual tipo de belleza de las personas deportivas.

Coco Chanel fue la primera que diseñó prendas adecuadas a la mujer deportiva y trabajadora. Chanel consideró ya en 1920 la piel pálida de las amas de casa, siempre recluidas en su hogar, como algo anticuado.

El ideal de belleza de los cuerpos bronceados explica por qué el color marrón es tan aceptado en la vestimenta, a pesar de ser considerado un color antipático: quien está bronceado y viste de marrón, parece aún más bronceado. Y quien es pálido y viste de blanco, parece aún más pálido. El blanco también contrasta fuertemente con la piel morena, pero la hace parecer más clara.

Con el ideal de belleza del bronceado, el negro y el marrón se convirtieron en los colores favoritos de los atuendos veraniegos —hace unos decenios, esto hubiera parecido inadecuado, pues el negro y el marrón eran colores propios del invierno—.

13. El marrón de los artistas: de sepias y de momias


Cuando los calamares son atacados, sueltan un fluido negro que genera una glándula, con lo que el atacante no puede ver al calamar en la nube oscura de ese fluido, y el animal puede huir. A ese fluido se le llama “tinta”. La tinta que suelta un pariente del calamar es, en cambio, de color sepia, y sepia es el nombre zoológico de este otro animal. El color sepia es un marrón negruzco. La composición de las tintas de estos animales es todavía hoy desconocida. Antiguamente se ponían a secar las sepias, secándose con ellas su tinta. Como la tinta podía volver a disolverse en agua, resultaba un método sencillo de obtener tinte, aunque éste resultaba bastante pálido y poco estable a la luz. Hoy sigue habiendo color sepia en las acuarelas, pero se trata de un color sintético —el auténtico sepia tiene un fuerte olor a pescado.

En la época de Goethe, la tinta de sepia, que variaba del marrón al gris, era sumamente apreciada. Entre los hombres cultos estuvo muy de moda la acuarela y el dibujo con sepia. Con este color se hacían sobre todo apuntes de viajes —lo más parecido a las actuales fotos de nuestros viajes de vacaciones—. El propio Goethe hizo numerosos dibujos a la sepia en sus viajes por Italia, pero los resultados le decepcionaron, y pronto abandonó su sueño de ser un pintor importante.

Los antiguos egipcios empleaban hierbas y resinas, y sobre todo asfalto, para momificar a los muertos. El asfalto es una pasta de color negro pardusco que se encuentra en la tierra o en el fondo de los mares; el asfalto es petróleo que rezuma de los yacimientos petrolíferos. Los muertos, incluso animales, eran cubiertos de una gruesa capa de asfalto, y luego vendados. El asfalto protegía a las momias de la humedad y penetraba lentamente en la carne y en los huesos. Por eso se han conservado durante milenios.

En el siglo XIX se abrieron todas las tumbas, y con el pretexto de los estudios arqueológicos se desvendaron y fragmentaron todas las momias para ver si escondían oro. Finalmente alguien tuvo la idea de hacer dinero con la materia pardusca en que las momias se habían convertido: las momias fueron trituradas y pulverizadas, y el producto resultante se vendió como pigmento para los pintores. Kurt Wehlte, profesor de bellas artes, asegura que, todavía en 1925, se vendía un color para los pintores denominado “momia auténtico” —porque era de auténtica momia—. En los trozos aún no pulverizados podían reconocerse huesos y venas. El color era muy caro, pero muy apreciado por los pintores, no sólo por su tono castaño profundo, sino también porque su grano era extraordinariamente fino, y con él se podía hacer, además, un hermoso barniz.

Pero en algún momento se empezó a sentir miedo ante tan bárbaro color: miedo a la “maldición de los faraones”. Kurt Wehlte aún pudo ver en una fábrica de pinturas cómo se calentaban restos de momias. Como todo lo que es caro, las momias pulverizadas también se vendieron como remedios.

La mayoría de los colores marrones son colores térreos, como el ocre o la sombra de Venecia. Estos colores se emplearon ya en las pinturas rupestres. La tierra es en su mayoría de color marrón amarillento, pero algunas también contienen hierro, y se vuelven rojizas al calentarlas. Por eso, del ocre, de la sombra y de otros colores térreos hay una variedad amarilla y otra roja, como el siena amarillento y el rojizo “siena tostada”; también la sombra de Venecia es parda amarillenta, pero la “sombra tostada” es parda rojiza.

En la pintura moderna, las sombras se suelen pintar con color azul o violeta, pero antes se pintaban con tonos pardos. A fines del siglo XIX, siendo todavía el impresionismo una corriente despreciada, en la pintura tradicional existía el color “asfalto”, un marrón profundo, también llamado “pez”, que era muy usado. Este “asfalto” era el color más importante para los que pintaban en el estilo historicista. Cuanto más asfalto, más se parecía un cuadro a los de Rembrandt. Nunca se volvió a emplear tanto color asfalto, y nunca se destrozaron tantos cuadros por abusar de un color. El asfalto es un producto natural, derivado del petróleo, por lo que se disuelve en el aceite y penetra en todas las capas de color, cambiando poco a poco su color a pardusco. También es sensible al calor, y cuanto más gruesas las capas de pintura, más fácilmente se desprende, con los años, del lienzo. En cambio, los cuadros de los impresionistas se han conservado hasta hoy casi sin fragmentaciones. Auguste Renoir dijo que la pintura con asfalto era “el mayor pecado de

14. La pátina


Estamos acostumbrados a que los cuadros antiguos tengan un tono pardo, y creemos que así fueron pintados en su época, pero no es más que el barniz que ha amarilleado y se ha ensuciado. Si se quita el barniz, el cuadro aparece con colores completamente nuevos y claros. La célebre Ronda de noche de Rembrandt se limpió en 1956, se descubrió que Rembrandt no había pintado ninguna escena nocturna: se trata de un desfile a plena luz del día. Los especialistas llaman ahora a este cuadro El desfile del capitán Coq.

Durante mucho tiempo fue común cubrir los cuadros, una vez limpios, de un barniz pardo para que parecieran antiguos. Este barniz se denominaba “pátina”, también conocido como tono de galería o museo. Hoy se le llama despectivamente “sopa marrón”. La diferencia entre los colores cubiertos por la pátina y los originales se puso de manifiesto de forma impresionante cuando se restauraron los frescos de Miguel Ángel en la Capilla Sixtina. Los tonos de la piel, antes de un color pardo grisáceo, se tornaron rosáceos; los tonos ocres de las vestiduras, amarillos luminosos; y el gris se convirtió en azul. Esta explosión de colores les pareció a los conservadores espantosamente moderna, pero son los auténticos colores de Miguel Ángel →fig. 97.

95 Mezcla sustractiva de colores: cuando se mezclan colores materiales(los de tubos y latas de pintura), lamezcla es cada vez más oscura. Los colores complementarios dan siempre color marrón. Si se mezclan los tres colores primarios —rojo, azul y amarillo—, el resultado es (casi) negro, pues cada vez que se añade un color, la mezcla absorbe —sustrae— más luz.

96 El marrón no es un color neutro que se adapte a todo: arriba, azul frío/marrón frío; abajo, naranja/marrón cálido. Los tonos cálidos y fríos no armonizan entre sí aunque sean tonos atenuados: el contraste entre ellos es demasiado fuerte.

97 Los amantes del arte poco informados se indignaron con el resultado de los trabajos de restauración de la Capilla Sixtina. Muchos creían que Miguel Ángel había pintado a Dios, a los santos y el cielo mismo con colores parduscos. Los nuevos colores les parecían demasiado vivos, si no kitsch, pero así eran los colores de Miguel Ángel.

98 Falsa creatividad: pastel de mármol rojo y azul. Nadie soporta colores insólitos en los alimentos.

99 Los colores del otoño más nombrados en la encuesta. Este acorde es tan inequívoco en sus colores como el cuadro de Itten que está junto a él. 100 Los colores del otoño según Itten.