Dinero, felicidad, lujo. Mucho más que un color.


¿Cuántos tonos de oro conoce usted? 19 tonos de oro

  1. Oro: mucho más que un color
  2. ¿Cómo se obtiene el oro?
  3. Oro amarillo, rojo, blanco y verde
  4. Símbolo de la felicidad
  5. El oro de los alquimistas
  6. El brillo de la fama
  7. Fiel como el oro
  8. El color del Sol y de Leo
  9. El color de la belleza. Los trajes de color oro
  10. El color del lujo
  11. El becerro de oro y el ganso de oro. El color del deslumbramiento
  12. El oro de los pintores
  13. El oro heráldico
  14. El color decorativo
  15. El oro en la publicidad: el color de lo presuntuoso
  16. Las reglas de oro

¿Cuántos tonos de oro conoce usted? 19 tonos de oro


Son pocos los tonos de oro, y sólo los orfebres, los joyeros y los restauradores pueden distinguirlos a la primera. Y el tono de oro nada dice sobre el contenido de oro de una aleación. Nombres del color oro en el lenguaje ordinario y en el de los pintores:

Amarillo dorado
Amarillo topacio
Cobre dorado
Color bronce
Color latón
Dorado pálido
Dorado trigo
Oro amarillo
Oro antiguo
Oro blanco
Oro clásico
Oro fino
Oro florentino
Oro rojo
Oro viejo
Pardo dorado
Purpurina dorada
Rubio dorado
Rubio platino

1. Oro: mucho más que un color


Sólo el 1% de las mujeres nombra el oro como su color favorito. Entre los hombres, ninguno lo tiene como tal. El 2% de las mujeres y el 3% de los hombres declaran que el oro es el color que menos les gusta. Y, sin embargo, el color oro es el que más se asocia a la belleza.

Esto no es ninguna contradicción, pues un color preferido es preferido bajo muchos aspectos, y la belleza en sí es sólo un aspecto, y sin duda, el menos importante. Además, no todo lo que se asocia al oro es positivo —el oro es también demasiado materialista y demasiado arrogante.

El color oro está emparentado con el amarillo. Pero en el simbolismo, el oro no se parece a ningún otro color. Quien piensa en él, piensa ante todo en el metal precioso. El oro significa dinero, felicidad y lujo, y esto determina el simbolismo del color oro.

2. ¿Cómo se obtiene el oro?


El oro es raro, poco abundante, pero se puede encontrar en el mundo entero. Después de que, en el siglo XVI, los conquistadores españoles descubrieran el oro de los incas, se contó que en algún lugar de América existía una tribu india cuyo cabecilla se bañaba en polvo de oro. Su nombre: El Dorado. Los españoles buscaron enfebrecidos a El Dorado y el legendario país en el que abundaba el oro. Hasta hoy nadie lo ha descubierto.

Los egipcios explotaron hace ya 7.000 años minas de oro. En su lengua, nub significa “oro”, y Nubia era el país del oro para los egipcios.

En la edad media, el país europeo más rico en oro era Bohemia. Más tarde se descubrieron grandes yacimientos de oro cerca de Gastein y de Salzburgo, y luego en las montañas de Silesia, Turingia y Renania. Y en las arenas de todos los ríos había oro. El río más rico en oro era el Rin. El “Oro del Rin” de las leyendas no es una mera invención. Todavía en 1900, cuando la búsqueda de oro en el Rin hacía tiempo que había dejado de ser rentable, un romántico estadounidense extrajo de las arenas de Rin el oro para su anillo matrimonial.

Tres son los modos de obtener el oro:

1.º En las minas. Allí se encuentran los mayores nódulos, llamados pepitas de oro. Hay pepitas redondas, algunas con agujeros, como una esponja, y otras tienen forma de ramas o de agujas; también hay oro en forma de finísimas escamas. Por cada tonelada de tierra se obtienen de 1 a 25 gramos de oro.

2.º En los ríos. Es el oro aluvial u oro de las montañas, arrastrado por los ríos junto con los cantos y la arena. El oro aluvial se presenta en granos pequeños, como los de la arena, o en polvo.

3.º En plantas industriales. Actualmente, la mayor parte del oro que vemos —alrededor del 80%— se obtiene por procedimientos químicos. Algunos minerales contienen pequeñas partículas de oro que son procesadas y separadas. Primero se extrae el mineral de las minas, y luego se pulveriza junto con agua hasta formar un barro que es descompuesto con solución de cianuro. Esta solución disuelve también el oro, que así puede separarse químicamente. Para obtener 1 gramo de oro es preciso pulverizar 100-150 kilos de mineral. Las refinerías de oro están rodeadas de grandes montañas de barro. Este procedimiento, que multiplicó la producción de oro, empezó a emplearse en 1850.

El oro de las minas y de los ríos es el “oro de ley”, que es como se llama al oro obtenido directamente de la naturaleza. Este oro contiene siempre algo de plata y de otros metales, como cobre, platino, mercurio, hierro, paladio y níquel. El oro de ley es fundido varias veces para separar con ácidos los metales no preciosos que contiene. Al oro purificado a partir de cualquier elemento se le llamaba antes “oro refinado” u “oro fino”.

Aunque todos los yacimientos de oro acaban por agotarse, no por eso disminuye la producción mundial de oro. Nuevas técnicas hacen posible la extracción donde antes no era posible o no resultaba rentable. Aunque el oro ya no se atesora como sustituto del dinero, su demanda en los últimos decenios ha aumentado enormemente debido a que cada vez se desea tener más alhajas, incluso en los países pobres, donde antes las alhajas de oro sólo estaban al alcance de las personas extremadamente ricas. Al abaratarse la producción, el precio del oro ha descendido, con lo que la demanda ha continuado aumentando. En la actualidad, la producción de oro se rige sólo por la demanda.

He aquí las cifras de la producción anual, en el mundo, en distintas épocas:

Hacia 15006 toneladas
Hacia 16007 toneladas
Hacia 170011 toneladas
Hacia 180018 toneladas
Hacia 185055 toneladas
Hacia 1855200 toneladas
Hacia 1900390 toneladas
Hacia 1930600 toneladas
Hacia 19651450 toneladas
Hacia 19873000 toneladas
Hacia 20004000 toneladas
Las mayores reservas de oro, estimadas en 70.000.000 de toneladas, se encuentran en el agua marina, pero aún no se ha descubierto un método rentable para obtener oro del agua del mar.

3. Oro amarillo, rojo, blanco y verde


Como la pureza del oro se expresa en tanto por mil, el oro puro tendría que aparecer sellado con un 1000. Pero incluso el oro refinado nunca es perfectamente puro, y el oro más puro, el oro de lingote, tiene marcadas las cifras 999 o 999,9 en el llamado contraste.

Con el oro puro no se pueden hacer joyas, pues es casi tan blando como el plomo, y las alhajas hechas con oro puro se doblarían y se rayarían. Por eso se emplean aleaciones de oro con otros metales. La plata y el cobre lo hacen más duro, aunque sigue siendo igual de maleable.

En muchos países se expresa el contenido de oro en quilates:
Marca 333 = 8 quilates
Marca 585 = 14 quilates
Marca 750 = 18 quilates
Marca 999 = 24 quilates

Hay aleaciones de acuerdo con cada número de quilates. En las joyas, la aleación con más contenido de oro es la de 22 quilates, correspondiente a 835 partes de oro por mil, y la de contenido mínimo es la de 6 quilates, equivalente a 250 partes por mil.

En EE.UU., los quilates más comunes en las joyas son 10, 14 y 18. En Suiza, Bélgica, Holanda, Luxemburgo, Noruega y Dinamarca, el mínimo es de 14 quilates. En Francia y en Suecia el mínimo es más alto: 18 quilates. Y en la India son corrientes las joyas de 22 quilates.

La pureza del oro se determina de la siguiente manera: se frota ligeramente la muestra de oro contra una pizarra negra, sobre la que aquélla deja un trazo dorado. Luego se hace otro trazo con una aguja de oro cuya pureza se conoce. Ambos trazos se someten después a la acción conjunta del ácido clorhídrico y el ácido nítrico: si desaparece primero el trazo de la aguja, la pureza de la misma es menor que la de la muestra. Esta prueba se repite con agujas de más quilates y con diferentes mezclas de ácidos, hasta que los dos trazos se disuelven a la vez. Cuanto mayor la pureza, más concentrados han de ser los ácidos para disolver el oro.

Los matices del oro están determinados por los metales con él mezclados. El oro amarillo, el oro “normal”, contiene plata y cobre. El oro rojo contiene cobre. Las alhajas antiguas son en su mayoría de oro rojo, antes considerado el oro más hermoso. Una pieza de joyería de antes de 1920 brilla con un tono mucho más rojizo que otra actual. El precio del oro depende sólo del grado de su pureza; el precio de los demás metales de la aleación es completamente indiferente.

El oro blanco es una aleación muy dura con paladio y níquel.
El oro verde es una aleación con plata y cadmio.
Se puede dar al oro incluso un tono azul mezclándolo con acero.

Pero independientemente del tono, al oro corresponde siempre lo valioso. Rubíes, esmeraldas, zafiros, brillantes y perlas auténticas sólo se engastan en oro o en platino.

Hay cosas de valor sentimental —un talismán, un rizo, la foto de un niño— que se guardan en medallones de oro → fig. 91. En sentido figurado, también se enmarca en oro la imagen de una persona querida; se la rodea de oro. El pintor Gustav Klimt usó el color oro en este sentido → fig. 94. Todo lo que está rodeado de oro es noble.

4. Símbolo de la felicidad


  • La felicidad: oro, 22% · rojo, 15% · verde, 15% · amarillo, 13%

El color oro forma con el rojo y el verde el acorde de la felicidad, pues el dinero, el amor y la salud constituyen la felicidad. Aunque “el dinero solo no da la felicidad”, lo cierto es que el oro domina en este acorde. En alemán, la palabra Glück significa felicidad y suerte. En los juegos de azar (Glückspiele) se juega con dinero, y el hada moderna (Glücksfee) concede aciertos en la lotería. Fortuna era la diosa antigua de la suerte, y en inglés fortune, como en español “fortuna”, significa, además de suerte y felicidad, patrimonio.

Oro y dinero son conceptos inseparables. En alemán es evidente su comunidad: Gold (oro) y Geld (dinero), y de la antigua palabra para “dorado” (gülden), procede el nombre Gulden, “florín”. Muchos países tenían como moneda la “corona”, y una corona real es siempre de oro.

Antes el oro no se fundía en lingotes sino en barras, por eso en alemán existe la expresión “eso cuesta una barra de oro”.

En el antiguo reino de Lidia, que estuvo situado en el Asia Menor occidental, se encontró gran cantidad de oro. El rey Creso (595-546 a.C.) fue el primero que hizo acuñar monedas de oro. “Es un Creso”, “es rico como Creso”, se dice desde entonces de quien ha acumulado grandes riquezas.

El tesoro más famoso de las leyendas antiguas es el “vellocino de oro”. El vellocino era la piel de un carnero con su lana de oro, que robaron de Cólquida los argonautas griegos. Y éste era el trasfondo real de la leyenda: el país de Cólquida, ribereño del mar Negro, era célebre por el oro de las arenas de sus ríos. Sus habitantes sumergían pieles de cordero en los ríos; para quitarles la arena las lavaban varias veces, de manera que, al final los granos de oro, más pesados, quedaban retenidos en la lana. Luego se quemaban las pieles, y el oro que quedaba en las cenizas se separaba con agua.

Todo lo que sirve para hacer dinero tiene también el reflejo del oro: un cantante de éxito tiene “oro en la garganta”, un futbolista de éxito tiene “oro en la rodilla”. Aquel que tiene una “mano de oro” puede ganar “una nariz de oro”. Un “buscador de oro” posee una empresa lucrativa y una “buscadora de oro” es una mujer que se interesa por los hombres ricos.

Resulta curioso que en todas las culturas se establece una relación entre el madrugar y la riqueza: Morgenstund hat Gold im Mund [La mañana trae oro en la boca], dicen los alemanes; “Las musas sonríen a Aurora”, decían los romanos. Aurora es la diosa del amanecer, y su nombre viene de aurum, oro.

El petróleo es “oro negro”. Y en otros tiempos la porcelana y el marfil eran “oro blanco” —y hoy hasta la publicidad turística de las estaciones de esquí llama a la nieve oro blanco—. Y, en Alemania, la publicidad llama al café braunes Gold [oro castaño]. Todo lo que se vende caro acaba siendo oro.

Antes existía en Alemania el “domingo dorado”, que no era una fiesta religiosa; los domingos de adviento se abrían los comercios, y el “domingo de oro” era el último antes de Navidad, y en él se hacían muchas compras.

En el fútbol, el “gol de oro” da la victoria, y con ella la fama y el dinero, después de un juego indeciso, al equipo que mete un gol en la prórroga.

5. El oro de los alquimistas


El oro sale de las piedras —de eso estaban convencidos los alquimistas, pues donde hay oro, hay piedras—. En las rocas de las montañas se forman nódulos de oro, y en los lechos de los ríos se encuentran pepitas de oro.

También la plata, el cobre y el mercurio salen de las piedras. En consecuencia, tendría que haber una piedra que lo transformara todo en metal. Los alquimistas llamaban “transmutación” al misterioso proceso de transformación de la materia vulgar en oro. Y a la piedra capaz de transformarlo todo en oro, la “piedra filosofal”.

Los que creían en la piedra filosofal no eran simples especuladores o locos. Los individuos más inteligentes de todas las naciones la buscaban —y sólo a sabios y religiosos se les pudo ocurrir llamar a la piedra que traería todas las riquezas “piedra filosofal” o “piedra de los sabios”—. Se imaginaba así la transmutación: en contacto con la piedra filosofal, ciertas sustancias no nobles —pero desgraciadamente desconocidas— se fundirían, y al solidificarse se convertirían en oro.

También se intentó hacer oro sin la piedra filosofal. La cuestión central era aquí la siguiente: ¿de qué se compone el oro? Como el oro al fundirse se vuelve misteriosamente verde, se tomaron en consideración muchas sustancias para fabricar el oro. Pero, siguiendo el principio de “lo semejante con lo semejante”, los alquimistas lo intentaron principalmente con sustancias doradas.

En 1450, un tal Berhard von Trier ensayó una receta con tres ingredientes amarillos: 20.000 yemas de huevo, la misma cantidad en peso de aceite de oliva y la misma cantidad de azufre. Coció la mezcla a fuego lento durante dos semanas. El decepcionante producto resultante acabó como pienso para sus puercos, que murieron intoxicados.

La búsqueda del oro artificial comenzó hace cinco mil años, y condujo sólo a dos descubrimientos: en 1699, el alquimista Brand descubrió el elemento fósforo, que aisló de un material de color dorado: la orina; y en 1710, el alquimista Böttger consiguió producir “oro blanco”: había descubierto el secreto de la porcelana.

Naturalmente, también se atribuyeron al oro propiedades curativas: algunos ricos ingerían oro en polvo contra las “enfermedades amarillas”, como la ictericia. Los alquimistas producían “vino dorado”, supuestamente capaz de curar la lepra y la sífilis.

Sólo hay un efecto médicamente comprobado del oro: para el reúma son eficaces ciertos medicamentos que contienen una sal de oro, pero esta sal tiene el aspecto de la sal común, no del oro. Aunque se reconoce el efecto de esta sal, todavía se desconocen las causas de tal efecto. En las farmacias se vende un remedio, también comprobado, contra los piojos de la cabeza, denominado “espíritu de oro”, pero que no contiene oro.

Pero la transmutación con que soñaban los alquimistas se ha hecho posible: en los reactores nucleares se puede transformar el mercurio en oro alterando su núcleo atómico. Pero este oro es infinitamente más caro que el oro natural.

6. El brillo de la fama


  • El orgullo: oro, 24% · azul, 14% · rojo, 12% · plata, 11% · blanco, 10%
  • El mérito: azul, 20% · oro, 18% · rojo, 16% · plata, 8%

El color de la fama es el oro. El vencedor recibe una medalla de oro. La más alta distinción alemana por méritos sociales es la Cruz Federal al Mérito Civil, y esta cruz es de oro → fig. 88. Cada ciudad, cada institución tienen un “libro de oro” en el que visitantes ilustres escriben unas palabras.

La fama brilla como el oro. De las películas con estrellas muy famosas se dice a veces que son de “muchos quilates”. Los galardones cinematográficos de Alemania son el “Oso de Oro” y el “Bambi de Oro”; el de Francia, la “Palma de Oro”; y el de China el “Gallo de Oro”. Y el Oscar de Hollywood es, naturalmente, de oro. Y hasta la distinción contraria, la concedida a la peor película y a los peores actores, es de oro: la “Frambuesa de Oro”. Al director cuyas películas más palomitas de maíz hicieron consumir a los espectadores, lo distinguen los norteamericanos con la “Mazorca de Oro”.

En todos los ámbitos hay galardones de oro. En el de la industria francesa de la moda se concede cada año a un modisto el “Dedal de Oro”. Todos estos premios de oro son de escaso valor material, pues sólo tienen un baño de oro. Sólo la “Rosa de Oro”, que el Papa concede a la mujer católica que más méritos haya hecho en el servicio a la Iglesia, es de oro macizo, con brillantes y perfumada con incienso.

En el acorde del orgullo y del mérito, el azul simboliza la constancia, siempre necesaria para adquirir auténtica fama.

7. Fiel como el oro


Fiel como el oro —esto, traducido al lenguaje sin poesía de la química significa: “inerte como el oro”. Porque el oro, cuando no está fundido, no se combina con otros elementos.

El oro es capaz de resistir la acción de los ácidos y las lejías, y no se oxida. Sólo hay una manera de disolver el oro, que consiste en someterlo a la acción de una mezcla de ácido clorhídrico y ácido nítrico concentrados. Esta mezcla, más fuerte que el oro, se denomina “agua regia” —aunque el oro puede recuperarse con una base—.

Los anillos matrimoniales no son de oro sólo por el valor de este metal; también porque el oro, después de estar durante decenios en el dedo, sigue brillando como el primer día. También el poder debe durar eternamente; por eso todos los signos del poder son dorados: el globo imperial continúa, después de ochocientos años, como nuevo → fig. 89.

El oro es el más reciclado de todos los materiales reciclables. El oro nunca se tira: siempre se recupera. El oro nunca pierde su valor.

El color del oro es el color de la permanencia. Es el color de las “bodas de oro” con la profesión o el matrimonio, celebradas después de 50 años. El color oro acompaña a las cualidades que se acrisolan con los años: la fidelidad, la amistad, la honradez y la confianza. Pero nunca es el color dominante de estas cualidades, pues es sobradamente patente su vinculación a las recompensas materiales.

8. El color del Sol y de Leo


Siempre se ha asociado el oro al Sol. Según una antigua creencia, el oro se forma con sus rayos. También se creía que era fuego celeste que había caído sobre la tierra.

Para los incas, el oro era la sangre del Sol. Los aztecas creían que el oro era excremento del dios Sol. Oro se dice en su lengua teocuitatl, que significa “heces de los dioses”.

El antiguo símbolo químico del oro era un sol. Al ser el metal más noble, el oro es masculino —siendo su opuesto femenino la plata—. Goethe lo decía poéticamente: “Las mujeres son bandejas de plata, en las que ponemos manzanas de oro.”

En el simbolismo cristiano, el oro no es sagrado, pero sí es signo de lo divino. Al nimbo o resplandor de la santidad se le llama “aureola”, de aurum.

En las religiones que adoraban a los astros como seres divinos, el Sol era la divinidad suprema. Los dioses solares son siempre masculinos. En los tesoros de los faraones podemos apreciar su origen divino: son hijos del dios Ra, el Sol. Los faraones regresan al Sol cuando acaba su vida terrena.

El sarcófago en que Tutankamon regresó al Sol es de oro —225 kilogramos de oro de 22 quilates.

El oro confiere la máxima dignidad a todo lo profano: en las tumbas egipcias se han encontrado vainas de oro para escorpiones, pues los escorpiones se consideraban encarnaciones de la diosa Selket → fig. 92. En Birmania hay una gran piedra, situada al borde de un precipicio, totalmente recubierta de oro; es el mayor objeto sagrado del país → fig. 93.

En la astrología, el color oro pertenece al signo de Leo, el de los meses de julio y agosto, cuando el Sol está más alto. Como centro del sistema solar, el Sol es único, y por eso tiene, a diferencia de los planetas, un único signo. El león es el rey de los animales y vive en zonas cálidas; ningún otro animal podría estar tan perfectamente asociado al Sol.

Los astrólogos atribuyen a Leo todas las características de un soberano: puede estar por encima de todas las cosas, pero también puede ser tiránico; puede preocuparse paternalmente por su familia, pero también espera ser el centro del mundo. A los nacidos bajo el signo de Leo se les atribuyen, naturalmente, cualidades “típicamente masculinas”. Como no hay ninguna gema amarilla que sea especialmente valiosa, a Leo se le asigna el metal oro.

9. El color de la belleza. Los trajes de color oro


  • La belleza: oro, 24% · blanco, 23% · rojo, 18% · plata, 13%
  • La pompa: oro, 57% · plata, 11% · violeta, 8% · rojo, 8%
  • La solemnidad: oro, 32% · plata, 17% · blanco, 13% · negro, 13%

Se equivoca quien cree que el color favorito de una persona tiene que ser también el que ésta asocia con la belleza. Nadie piensa y actúa de una manera tan unidimensional que todo en la vida se rija por la menor cantidad posible de criterios. Las preferencias concretas relativas a colores son en su mayoría independientes del color favorito. El color favorito es sólo un criterio, mientras que la funcionalidad o la adecuación de un color tienen casi siempre un papel más importante.

Quien escoge un color para la belleza no piensa necesariamente en el color de un coche o de un traje —piensa en una atmósfera en la que dominan claramente determinados colores. En todo ambiente pomposo domina el color dorado.

Los brocados, el lurex y el lamé oro están reservados a las fiestas. Los brocados son telas de seda de algún color con hilos de oro entretejidos, el lurex un tejido hecho con hilo de un color determinado combinado con hilo metálico, y el lamé, el tejido más brillante, un tejido hecho únicamente con hilos dorados.

Hoy sólo las mujeres visten trajes dorados, pero en otros tiempos, cuando los hilos eran de auténtico oro, también los hombres llevaban trajes dorados en cualquier ocasión. El duque Carlos el Valiente de Borgoña se llevó consigo en 1467, en una campaña militar, cien trajes bordados en oro. Y el rey Francisco I de Francia (1494-1547) encargó 13.600 botones de oro para adornar un solo traje de terciopelo. Los pagó con dinero de la caja del ejército.

Francisco I, que se consideraba el hombre más elegante de su época, para no tener competidores decretó que ninguna persona de rango inferior al príncipe heredero podía vestir prendas doradas.

Cuando la nobleza se volvió económicamente dependiente de los ricos burgueses, éstos pudieron vestir prendas doradas. Puede decirse que su posición social se podía deducir de la cantidad de brocados de oro que les estaba permitido llevar. A fines del siglo XV, los muniqueses ricos podían usar 60 cm de tela dorada y 30 gramos de oro bordado en sus trajes. Con 30 gramos de oro se podía hacer un traje muy lujoso (con un gramo se puede hacer un hilo de 3 kilómetros).

Para los bordados en oro se envuelve un hilo en pan de oro. El hilo de oro no pasa al revés de la tela, pues es demasiado delicado, por lo que sólo se cose por la cara superior.

En la antigüedad, el hilo de oro se fabricaba de la siguiente manera: se enrollaba una tripa de oveja en un palo y se pegaban a la tripa láminas de oro. Luego, la tripa así dorada, se cortaba en espiral en tiras de un milímetro de ancho.

Hacia 1500 se pusieron de moda los gorros dorados para las damas, que continuaron llevándose durante siglos. Eran sombreros o caperuzas bordados con abundante hilo de oro. Aunque todas las mujeres deseaban un gorro de oro para los días de fiesta, durante mucho tiempo no todas pudieron llevarlo. Todavía en 1749, la policía de Múnich entraba en las iglesias cuando se celebraba la misa de Año Nuevo para incautarse de los gorros dorados que llevaban sirvientas y obreras por ser prendas inadecuadas a su clase. Esta actuación policial provocó un tumulto.

Cuando, a fines del siglo XVIII, se permitió el libre uso de las prendas bordadas en oro, aumentó la demanda de imitaciones de oro. Éstas estaban hechas principalmente con cobre: el latón, de color dorado, es una aleación de cobre y zinc, y el dorado bronce una aleación de cobre y estaño.

Las aleaciones con que se hacen joyas de moda tienen muchos nombres: smilior, pinchbeak, oro de Mannheim, oro musivo, tumbaga. Todas estas aleaciones son de cobre y zinc: cuanto mayor es el contenido de cobre, más oscuro el tono dorado, y cuanto mayor el contenido de zinc, más claro.

La imitación denominada tallois-demi-or, debida al inventor parisino Tallois, contiene un 1 por ciento de oro; luego se abrevió como “talmi”, y hoy es el prototipo de lo no auténtico. Sólo el doublé contiene algo más de oro: en él se recubre una pieza de acero con una delgada chapa de oro y por eso se denomina chapado en oro.

La emperatriz Eugenia hizo un uso bastante extravagante del oro: empolvaba su oscuro cabello con polvo de oro, que por supuesto era auténtico.

En la actualidad, las joyas de oro apenas identifican a los ricos, y los hilos dorados en los tejidos son de aluminio coloreado. Los tejidos dorados no son ya nada extraordinario. Además son demasiado llamativos para resultar elegantes → fig. 87. Hoy en día, ningún miembro de una casa real llevaría un traje de noche dorado —resultaría demasiado arrogante—. Con una excepción: la reina Isabel II de Inglaterra lució un vestido dorado —a la edad de 72 años y en la fiesta celebrada con motivo de sus bodas de oro—.

10. El color del lujo


  • El lujo: oro, 38% · plata, 13% · rojo, 12% · violeta, 10% · negro, 8%

Cualquier cosa puede ser lujosa. ¿Cómo se diseña un artículo de lujo? El principio más sencillo es fabricar con oro un objeto que normalmente se produce con algún material barato. De este modo se puede hacer de un encendedor o de un reloj un objeto de lujo. De este modo cualquier bolígrafo, polvera, peine o botón se puede convertir en un símbolo de estatus. Para los escritorios más lujosos existen abrecartas, perforadores, tijeras, reglas y hasta calculadoras doradas. Lo que no puede fabricarse en oro puede recibir un baño de oro. Hasta una goma de borrar puede convertirse en un objeto de lujo.

También hay una configuración cromática creativa en el diseño de joyas: objetos banales, como sujetapapeles, tornillos o macarrones, de oro o plata, y en todas sus formas, presentados como joyas modernas.

El acorde del placer es naranja-oro-rojo, y al lujo está ligado el placer. El artista Friedensreich Hundertwasser organizó en 1980 una comida en la que se celebraba el lujo —o en la que se mostraba su sinsentido: los comensales utilizaron cubiertos de oro y bebieron en copas de oro. Todos ellos comieron patatas, verduras y asados recubiertos con panes de oro. No era la primera vez que comían o bebían pan de oro, pues los bombones tienen a menudo decoraciones doradas, y las laminillas de aguardientes como el Danziger Goldwasser son de auténtico pan de oro.

¿Dónde acaba la elegancia del lujo? ¿Dónde comienza la ostentación vulgar? No hay una respuesta universalmente válida a estas preguntas. Nadie verá ostentación alguna en un hombre que lleva una alianza de oro. ¿Cuándo comienza la ostentación? ¿Cuando, además de la alianza, lleva un anillo de sello? ¿Y gemelos de oro? ¿Y un alfiler de oro en la corbata? ¿Y un reloj de oro con pulsera también de oro? ¿Cuando usa además un encendedor de oro? ¿Y una tarjeta de crédito dorada? ¿Y un llavero de oro? ¿Y un mondadientes de oro? ¿Y una cucharilla de oro? ¿Cuando encima conduce un Rolls-Royce dorado? ¿Y tiene toda la dentadura de oro?

11. El becerro de oro y el ganso de oro: el color del deslumbramiento


El “becerro de oro” es el símbolo bíblico del ofuscamiento, de la creencia en falsos dioses. El becerro representa al dios Baal, y Moisés lo destruye; aniquila incluso el oro: “Y tomó el becerro que habían hecho, y lo arrojó al fuego, donde se fundió, y pulverizó el oro, y lo esparció en el agua, que dio a beber a los israelitas.” (2 Moisés, 32, 20).

En el cuento de Grimm del “Ganso de oro”, los tontos se quedan pegados al ganso. Las víctimas de la comodidad y el lujo viven en una “jaula de oro”. “¿De qué sirve una horca de oro cuando se va a morir ahorcado?”, dice la sabiduría del pobre. Que la riqueza arruina el carácter, es también otro consuelo: que “el fuego pone a prueba al oro, y el oro pone a prueba a la gente.”

El oro depurado de metales menos valiosos es el oro refinado. Limpios y purificados serán también los pecadores. El oro se acrisola por medio del fuego, y los pecadores por el fuego del purgatorio.

El color oro es el color de →la vanidad. En la primera narración utópica, Utopía de Tomás Moro, publicada en 1516, el dinero y la vanidad son el origen de todo mal. En el país ideal, en Utopía, el oro sólo tiene una implicación: las cadenas de los reos condenados a trabajos forzados son de oro puro.

En la película de James Bond Goldfinger aparecen personas cubiertas de oro —que se ahogan porque la piel no puede transpirar—.

12. El oro de los pintores


En la pintura medieval, el oro simboliza la luz supraterrenal. Hasta 1500 fue común el fondo dorado en la pintura de motivos piadosos. Los iconos rusos han conservado hasta hoy ese fondo dorado.

Este fondo está hecho con pan de oro que se prepara laminando el oro hasta que tenga el grosor de un papel y cortándolo luego en cuadrados. Entre las láminas de oro se colocan “películas de batihoja”, hechas de tripa de buey, muy delgadas y transparentes, pero muy resistentes. Las láminas se baten con el martillo para hacerlas cada vez más delgadas. Los cuadrados se van cortando conforme se van agrandando. De un gramo de oro se pueden obtener 3.000 cm² de pan de oro. El pan de oro más usado actualmente es de una diezmilésima de milímetro, mil veces más delgado que el papel de escribir a máquina. En las pinturas antiguas el pan de oro era mucho más grueso, de una milésima de milímetro.

El método más hermoso de los doradores es el del dorado con pulimento. Primero se dispone una tierra arcillosa untuosa, a la que queda pegado el pan de oro. La capa de esta tierra adherida al pan es casi siempre de color pardo rojizo, y se trasluce a través del oro. El dorador se pasa una brocha por el cabello, que queda electrostáticamente cargada, y mantiene el pan de oro suspendido de modo que permite su colocación sobre la base.

Finalmente se da lustre al pan de oro con alguna piedra semipreciosa perfectamente plana. Para obtener un brillo inmaculado, la base ha de ser dura, por eso las antiguas imágenes sagradas están pintadas sobre tablas recubiertas de yeso.

Los dorados que han de resistir la intemperie, como los de las torres de ciertas iglesias, son al aceite. El pan de oro se coloca sobre una mezcla adherente de aceite de linaza y solución de goma. Los dorados al aceite no se pueden pulir, por lo que no brillan tanto. En la pintura los ornamentos de filigrana, como los usados para los finos rayos de las aureolas de los santos, se aplicaban con aceite de linaza y solución de goma, y sobre ellos pan de oro. El oro depositado se uniformizaba luego con una pluma de ave. El oro que sobraba se aprovechaba de nuevo. El pan de oro tenía un lugar aparte en las cuentas de los pintores.

Hoy el oro ha desaparecido de las pinturas, pero sigue estando presente de otra forma: los marcos de los cuadros son en su mayoría dorados.

13. El oro heráldico


En otros tiempos, los documentos importantes se solían sellar; “bula” es una antigua palabra para un documento sellado. Los de importancia especial los sellaba el emperador con oro: era la “bula dorada”. La más importante “bula dorada” del Sacro Imperio Romano Germánico es la que hizo redactar el emperador Carlos IV en 1356, que regulaba la elección del emperador alemán y el derecho del más fuerte.

El oro es el más importante de los colores heráldicos. Todo escudo debe tener oro o plata; un escudo era un arma defensiva de metal, pero nunca debían estar hechos con los dos metales, pues entonces habría que soldar las diferentes partes, con lo que dejaría de ser estable y no podría usarse como arma protectora.

Cuando se transfieren los escudos a las banderas, es decir, a tejidos, el blanco sustituye al color plata, y el amarillo al oro. Por eso decimos que la bandera alemana es negro-roja-oro, no negra-roja-amarilla.

Antiguamente la jerarquía establecía quién tenía derecho al oro como metal heráldico y quién debía contentarse con la plata. Desde que los ciudadanos pueden inventarse sus propios escudos, predomina el oro.

La norma heráldica según la cual un escudo sólo puede mostrar un metal tiene una excepción: el escudo del Papa. Los colores del Vaticano son oro y plata. San Pedro es el guardián de las puertas del cielo, y sus atributos son las llaves de oro y plata. El Papa se interpreta como el sucesor de Pedro, a quien representa en la tierra, por eso se llama al Vaticano “el trono de San Pedro” y por eso hay en la bandera del papa una llave de oro y otra de plata.

En Alemania, las señales de carretera que indican una iglesia católica, muestran una iglesia amarilla sobre fondo blanco. Y en los congresos eclesiásticos se izan banderas con los colores amarillo y blanco, aunque se denominan dorado y plateado.

14. El color decorativo


El oro es un producto natural, pero no un material vivo. Sólo se lo conoce ya trabajado ya sea por el orfebre, el acuñador de monedas o el fundidor. Por eso, el color del oro es también uno de los colores de →lo artificial.

Ópticamente, el oro parece ligero debido a su brillo, pero este efecto se desvanece cuando se sabe que el oro es el metal más pesado. Una botella de vino de un litro de capacidad, llena de oro, pesaría más de 19 kilos.

Las grandes superficies doradas atraen por su belleza, pero parecen distantes, pues representan al poder. Por su efecto simbólico, el oro es grande y poderoso. En nuestra experiencia es pequeño: incluso cuando el color oro no es de auténtico oro, se usa parcamente. Si se pide a varias personas que pinten una superficie con cuadrados de colores de distinto tamaño usando también el color oro, la mayoría pintará de dorado el cuadrado más pequeño.

Pues, en la vida cotidiana, el oro aparece sólo como color decorativo, como color de ciertos detalles.

15. El oro en la publicidad: el color de lo presuntuoso


  • La presuntuosidad: oro, 28% · amarillo, 16% · naranja, 16% · violeta, 12%

Todo el mundo sabe que el oro es caro. Pero también que el papel dorado, la chapa dorada y el plástico dorado no contienen oro.

El poeta ve color oro donde el realista ve sólo amarillo: espigas doradas, uvas doradas, otoño dorado… Pero en la poesía actual, este estilo se considera anticuado. Los textos publicitarios hablan de cosas doradas que para los consumidores son objetos banales: pasta dorada, pan dorado, margarina dorada. En la publicidad, este estilo parece que pervive e incita al consumo.

La afición de la publicidad a lo dorado se manifiesta particularmente en el diseño de cajas y envases. Cualquier artículo sin valor es “ennoblecido” con alguna decoración dorada, y el prototipo de lo barato es el “sello de oro”… de plástico. La publicidad ha convertido el color oro en algo vulgar. Por eso, el oro es también uno de los colores de →lo cursi. El oro, combinado con el amarillo, con el oro falso, forma el acorde de lo presuntuoso.

“No es oro todo lo que reluce”; el viejo dicho es perfectamente aplicable a la moderna publicidad. En la publicidad, el color oro no expresa ningún valor, sólo es presuntuosidad. Nuestra experiencia diaria nos enseña que aquellas personas que buscan aparentar por medio del oro, son casi siempre personas con bajo nivel adquisitivo. Goldene Tressen - nichts zu fressen [Galones de oro, boca hambrienta], se decía antes en Alemania de los empleados que vestían uniformes vistosos, pero estaban mal pagados.

16. Las reglas de oro


El oro, el blanco y el azul forman los acordes de →lo ideal, el bien y la verdad. La “regla de oro de la vida” encuentra en la Biblia la siguiente formulación: “Aquello que queréis que los demás os hagan a vosotros, hacédselo vosotros a ellos” (Lucas, 6,31; también Mateo, 7,12). Más conocida es la forma popular negativa: “No hagas a los demás lo que no quieres que te hagan a ti”, o “No quieras para los demás lo que no quieras para ti”.

Lo ideal es, en todos los casos, el dorado término medio, la aurea mediocritas: ni demasiado ni demasiado poco.

El oro se compra por gramos, y para ello se utilizan balanzas muy precisas. De aquel que da mucho valor a las palabras de otro se dice en alemán que “pone las palabras en la balanza de pesar oro”. De una cosa que se vende demasiado cara se dice en España que se vende “a peso de oro”. Y de lo que es muy valioso o de gran excelencia que “vale su peso en oro”.

La “sección áurea” define la proporción ideal entre anchura y altura. En la arquitectura se aplica la “sección áurea” para calcular las proporciones de una casa, así como de sus puertas y ventanas, y en la pintura para calcular el formato más armónico. Según esta proporción, la relación entre anchura y altura es de aproximadamente 5 : 8. Es la proporción más bella: la proporción áurea.

El oro es atributo del bien y de lo bueno. En Alemania Goldmarie y Pechmarie son dos personajes de cuentos que representan lo bueno y lo malo. Obviamente Goldmarie es buena y rubia. Los cabellos rubios son tan hermosos como el oro. Del bondadoso se dice en español que “tiene un corazón de oro”, y de lo excelente que es “oro molido”. Y en alemán goldig significa “bonito”, “precioso”, “encantador”, y de lo que no puede ser mejor, que es goldrichtig, que es “oro puro”.

FIGS

86 La princesa Diana con un elegante traje plateado.

87 Marilyn Monroe con un traje dorado menos elegante por ser demasiado llamativo.

88 Las máximas distinciones son de oro: la Cruz Federal al Mérito Civil (Alemania).

89 Los signos máximos del poder son de oro: el globo imperial alemán. Todo lo engastado o enmarcado en oro es valioso:

90 El color plata es inseparable de la velocidad. En este Mercedes, el color plata tiene más fuerza que el color oro.

91 El rizo de una persona querida.

92 Un escorpión, encarnación de una diosa.

93 Los más importantes objetos sagrados son de oro o han sido dorados: la piedra dorada de Birmania.

94 El color oro simboliza los sentimientos más elevados: El beso, de Gustav Klimt.