De la púrpura del poder al color de la teología, la magia, el feminismo y el movimiento gay.
¿Cuántos violetas conoce usted? 41 tonos de violeta
- Color mixto, sentimientos ambivalentes
- Lilas, violetas y violencia
- ¿Cómo es el color púrpura?
- El color del poder
- El color de la teología
- El color de la penitencia y de la sobriedad
- El color más singular y extravagante
- El color de la vanidad y de todos los pecados “bonitos”
- El color de la magia, de la transmigración de las almas y de Géminis
- Los colores de los chakras en el esoterismo
- El color de la sexualidad pecaminosa
- El color de lo original y de lo frívolo
- El menos natural de los colores
- El color del feminismo
- El color de la homosexualidad
- Color ambiguo y vacilante
- El violeta de los artistas
- “Lila, el último intento”
¿Cuántos violetas conoce usted? 41 tonos de violeta
¿Violeta o lila? Violeta es la mezcla de rojo y azul. El color lila contiene siempre blanco.
Nombres del violeta en el lenguaje ordinario y en el de los pintores:
Azul brezo Azul violáceo Barniz de granza oscuro Cambur morado Campánula violeta Ciruela Color berenjena Color feminista Color malva Color mora Endrino Grana morada Gris de Payne Gris violáceo Heliotropo Lavanda Lila Lila orquídea Lila rojizo Magenta Malva Morado eclesiástico Morado episcopal Pardo violáceo Púrpura real Rojo azulado Rojo Burdeos Rojo cardenalicio Rojo púrpura Ultravioleta Uva negra Violeta claro Violeta cristal Violeta de cobalto Violeta de manganeso Violeta de Parma Violeta pastel Violeta púrpura Violeta rojizo Violeta sólido Violeta ultramarino
1. Color mixto, sentimientos ambivalentes
El violeta es el color de los sentimientos ambivalentes. Las personas que lo rechazan son más que las que lo prefieren. El 12% de las mujeres y el 9% de los hombres lo nombran como el color que menos les gusta, mientras que sólo el 3% de las mujeres y de los hombres lo nombran como su color favorito.
Fuera de modas efímeras, el violeta nunca ha gozado de preferencias especiales. Del rechazo hacia él nace, en muchas personas, una resistencia a percibirlo de manera diferenciada, pues no saben distinguir el violeta del lila. La diferencia es que el violeta es la mezcla de rojo y azul, mientras que el lila es la de violeta y blanco.
La aversión a determinados colores no es ningún problema para quienes no trabajan con ellos, pero los artistas tienen que saber tratar con todos los colores, y conocer los efectos de cada uno. El profesor de la Bauhaus, Johannes Itten, obligaba a sus alumnos a usar con mayor frecuencia aquellos colores que menos les gustaban. Naturalmente, la mayoría de los alumnos descubría entonces que los colores menos apreciados eran de una belleza antes insospechada.
En ningún otro color se unen cualidades tan opuestas como en el violeta: es la unión del rojo y del azul, de lo masculino y de lo femenino, de la sensualidad y de la espiritualidad. La unión de los contrarios es lo que determina el simbolismo del color violeta.
El violeta tiene un pasado grandioso. En la antigüedad era el color de los que gobernaban, el color del poder. Este violeta es el color púrpura.
2. Lilas, violetas y violencia
El lila y el violeta son los colores que más raramente se ven en la naturaleza. Ambos reciben en la mayoría de las lenguas el nombre de las escasas flores o frutas de estos colores violeta o lila que existen. Así la violeta, la flor de la lila y, en español, el fruto del moral. La flor de la lila da nombre al violeta o morado claro; en inglés es lilac, en francés lilas y en alemán lila. Y la violeta, violet en inglés y violette en francés, da nombre a su color. En alemán, el nombre de la flor es Veilchen, y el de su color violett, pero el origen común es evidente.
La violeta da su nombre incluso al elemento químico yodo: en griego clásico, violeta es ion, de donde se deriva yodo (iodes=de color violeta). Cuando el yodo se calienta, desprende vapores de color violeta.
Es curiosa la proximidad fonética de “violeta” a “violencia”. En italiano, violeta es viola, “violencia”, violenza, y violare, violar. En Inglaterra y en Francia, “violencia” es violence, y violación, violation. Es históricamente plausible que esta relación tenga que ver con el color púrpura, pues el púrpura violado era en la antigüedad el color de los poderosos. De ese modo, el color de la violeta se convirtió, junto al nombre de la púrpura, en el color del poder y de la violencia.
3. ¿Cómo es el color púrpura?
Cuando se pregunta cómo es el color púrpura, la mayor parte de la gente inmediatamente señala un rojo luminoso y ligeramente azulado que los pintores llaman “rojo carmín”. Pero esto ocurre solamente cuando se pregunta a alemanes. Si se plantea la misma pregunta a los estadounidenses y a los ingleses, señalan como de color púrpura típico algún objeto de un color violeta parecido al de la amatista → fig. 69.
Esta diferencia causa gran asombro en tertulias en las que participan personas de distintas nacionalidades. Entre los varones da lugar a discusiones sobre diferencias culturales que concluyen reclamando la presencia de especialistas nacionales para todos los problemas. Entre las mujeres alemanas, la opinión divergente de las estadounidenses merece una corrección compasiva; y es que las mujeres alemanas consideran a las estadounidenses como carentes de gusto, y en este caso como incapaces de apreciar “correctamente” los colores. Las estadounidenses, por su parte, consideran a las alemanas ergotistas y demasiado emancipadas —pero callan por educación y porque no están seguras de sus apreciaciones en relación a los colores hasta que no preguntan a sus maridos—.
¿Quién tiene razón? Ya el escritor romano Plinio el Viejo (23-79) comparó el color de la muy noble púrpura al de la amatista.
En la abadía de Westminster en Londres se encuentra la silla en la que desde 1308 son coronados los reyes y las reinas de Inglaterra. Sus brazos están tapizados de terciopelo violeta intenso. También están guarnecidas con terciopelo violeta todas las coronas reales → fig. 70. El coche descubierto desde el que la reina asiste al desfile del día de su cumpleaños está tapizado de violeta.
Pero consideremos los hechos históricos: entre las representaciones antiguas de vestimentas de color púrpura que conservan sus colores inalterados, se encuentran los mosaicos de San Vital en Rávena, que datan del 574; estos mosaicos muestran al emperador Justiniano y a la emperatriz Teodora con su corte. Los trajes púrpura del emperador y la emperatriz son de un violeta muy oscuro, casi pardusco.
En las Biblias más antiguas, escritas a mano, las imágenes de los santos aparecen con frecuencia pintadas sobre fondo púrpura. También este púrpura es un violeta azulado.
No se sabe desde cuándo difiere la idea que se tiene en Alemania del color púrpura de la que se tiene en los demás países. En su teoría de los colores, Goethe suele llamar al color carmín “rojo púrpura”, pero en una ocasión añade lo siguiente: “A veces hemos dado a este color el nombre de púrpura debido a su dignidad, aun sabiendo que el púrpura de los antiguos se inclinaba más al azul.”
Las distintas ideas de los colores a menudo conducen a errores de traducción: purple mountains se convierten en “montañas rojizas”, cuando se quiere decir que son de color violeta pálido, que es como se ven las montañas lejanas. Y los famosos purple eyes de la actriz Elizabeth Taylor no son evidentemente ojos rojizos, sino de color violeta lavanda.
Por lo tanto, debemos partir del hecho de que la historia conoce el púrpura violeta y el púrpura rojo. Empecemos por el púrpura violeta, que es donde comienza la historia del color púrpura.
La púrpura antigua se hacía con la tinta de un molusco. Este molusco vive en el mar; su concha de rayas pardas y blancas está provista de grandes pinchos, y tiene una cola en forma de tubo. Se encuentra por todo el Mediterráneo, y aún hoy se vende en los mercados, aunque no para teñir con él, sino para comerlo, pues es un apreciado marisco, un frutto di mare.
La púrpura más célebre de todos los tiempos provenía de Fenicia, de las ciudades de Tiro y Sidón, las actuales Sur y Saida del Líbano. Todavía hay allí, formando capas de varios metros, restos de conchas de esos moluscos testigos de la antigua producción de púrpura. Se cree que los fenicios descubrieron hacia 1500 a.C. el secreto del teñido con púrpura. También en Italia se producía púrpura: el monte Testaccio, cerca de Taranto, está formado por conchas del molusco de la púrpura.
Para obtener el tinte púrpura se necesita la mucosidad incolora que segrega el molusco. Esta mucosidad contiene el principio del tinte —antes se creía que la púrpura era la sangre del animal—. En primer lugar se llenaban calderas de moluscos y se dejaba que se pudrieran, con lo que se obtenía más mucosidad además de un hedor insoportable por el que las ciudades tintoreras eran famosas.
A continuación, las calderas de moluscos podridos se ponían al fuego durante diez días. El olor aumentaba, y el líquido se reducía: 100 litros de este pestífero líquido se quedaban en 5 litros de extracto.
Este extracto era turbio y de color amarillento, el mismo que adquirían los tejidos de lana y de seda después de haber sido sumergidos en él.
Después se ponían a secar al sol, y el amarillo sucio iba transformándose: primero en verde, después en rojo y finalmente en violeta —en púrpura—. Este púrpura es perfectamente estable a la luz, porque es el resultado de la acción de la misma. Por eso, el púrpura fue, en aquellos tiempos en que casi todos los tintes se descoloraban, símbolo de la eternidad.
El tono del púrpura dependía de otras sustancias que los tintoreros añadían, pero sobre todo de las variedades de moluscos empleados. Con el morex trunculus se obtenía un violeta rojizo, y con el morex brandaris el más preciado violeta oscuro.
Los indios de México tiñen aún hoy con este tipo de moluscos, que allí viven en los acantilados. Los indios ponen los moluscos sobre hilos mojados con agua de mar y dejan caer gota a gota sobre ellos zumo de limón para que segreguen su mucosidad. Los hilos puestos luego al sol quedan teñidos en pocos minutos.
El químico Paul Friedländer intentó en 1908 analizar este antiguo tinte para producirlo sintéticamente. Para ello, en primer lugar, tuvo que producir púrpura según la antigua receta. Friedländer compró en Trieste 12.000 moluscos a los vendedores de mariscos, los coció y obtuvo de ellos 1,4 gramos de tinte púrpura —lo justo para teñir un pañuelo—. Para teñir un manto real hacían falta tres millones de moluscos. Aunque los moluscos y la mano de obra eran baratos, en la antigua Roma el teñido de un kilogramo de hilo costaba veinte veces más que el más caro de los tejidos. Un metro de seda púrpura costaba el equivalente a varios miles de euros.
El análisis de Friedländer concluyó con una sorpresa: el colorante de la mucosidad del molusco era químicamente casi idéntico al del índigo natural. Índigo más dos átomos de bromo: tal era la púrpura. Con esos dos átomos de bromo, el azul de índigo se tornaba violeta. Pero el descubrimiento de Friedländer no tuvo las consecuencias económicas que tuvo el descubrimiento de la estructura del índigo: la producción sintética del color púrpura resultaba extremadamente cara, de manera que el púrpura conservó así su exclusividad.
La casa Kremer-Pigmente produce tintes históricos según las antiguas recetas, o los importa de sus países de origen; entre ellos figura la púrpura de molusco; para obtener un gramo de púrpura se necesitan 10.000 moluscos, y el gramo cuesta 2.000 euros.
4. El color del poder
Ya el Antiguo Testamento menciona el púrpura como el color más preciado. Dios indica a Moisés cuáles han de ser los colores del velo del templo y de las vestiduras sacerdotales: púrpura azul, púrpura rojo y rojo escarlata bordados en oro. Los púrpuras azul y rojo provienen de distintas variedades de molusco, y sus tonos variaban según las sustancias secretas que se les añadía. El “rojo escarlata”, el segundo color más costoso de la antigüedad, era el rojo carmesí.
En el mundo antiguo, el color para honrar a Dios era el mismo que el de los soberanos. Cuando el rey Baltasar bebe vino en las copas de oro robadas por su padre del templo de Jerusalén, aparecen dibujadas en la pared las enigmáticas palabras Mene mene tekel u-par-sin, y el rey, asustado, promete el máximo honor a quien sea capaz de descifrarlas: “Quien sea capaz de leer las palabras y explicar su significado, será vestido de púrpura y se le pondrá una cadena de oro al cuello.” Vestir de púrpura era un privilegio mayor que llevar oro.
La preparación de una vestidura púrpura duraba años: a través de las rutas de las caravanas se transportaba la seda de China a Damasco, en Siria, y allí la tejían los mejores tejedores de seda del mundo; y después se llevaban los tejidos a Tiro, en Fenicia, donde se teñían de púrpura. De Tiro partían luego las telas teñidas hacia Alejandría, en Egipto, donde eran bordadas en oro.
En el imperio romano sólo el emperador, su esposa y el heredero podían llevar túnicas de color púrpura. A los ministros y altos funcionarios se les permitía llevar sólo una orla púrpura en la túnica. Llevar algo de color púrpura estaba castigado con la pena de muerte. Julio César decretó que los senadores podían llevar fajas de color púrpura en la toga, pero él era el único que podía llevar la túnica púrpura. Cleopatra, reina de Egipto, que no tenía que obedecer el decreto de César, tiñó de púrpura la vela de su barco.
Hacia el año 300, el emperador Diocleciano hizo del teñido de púrpura un monopolio imperial. Trasladó los talleres a Bizancio (posteriormente Constantinopla y en la actualidad Estambul). Los emperadores romanos de oriente mantuvieron el secreto del teñido de tono púrpura. El púrpura era por ley color imperial. La tinta con que el emperador firmaba era purpúrea, y la custodiaba un funcionario que tenía el título de “custodio del escritorio imperial”. El cuarto donde la emperatriz daba a luz a sus hijos estaba tapizado de seda púrpura.
En los mosaicos de San Vital en Rávena, que muestran al emperador Justiniano y a la emperatriz Teodora con su corte, se puede reconocer la importancia de cada persona por la cantidad de púrpura que lleva. El emperador aparece vestido enteramente de púrpura. Como además era cabeza de la Iglesia, tiene también una aureola. Junto a él, un obispo —sin aureola— luce una estola dorada sobre una túnica blanca, pero solamente lleva el púrpura que le está permitido: dos orlas en las mangas y en los bordes de la túnica. Los más altos funcionarios podían llevar cosido a sus túnicas un gran rectángulo de tela púrpura.
Frente al emperador está la emperatriz Teodora → fig. 71. Ésta tiene también aureola y viste enteramente de púrpura. Las damas de su corte, que tuvieron el honor de ser eternizadas en el mosaico, no podían llevar nada de color púrpura.
Los historiadores del arte Hagen y Hagen citan en su descripción de los mosaicos al historiador Procopio, contemporáneo de Teodora, quien informa de que, en el año 532, cuando se produjo una rebelión, la emperatriz se negó a ir al exilio. La emperatriz declaró: “Nunca renunciaré a la púrpura, y nunca llegará el día en que todos los que se dirijan a mí no me llamen emperatriz. La púrpura es una buena mortaja.” Teodora ordenó la represión de la revuelta. Hubo 40.000 muertos, pero salvó la corona. Cuando murió, en 548, fue enterrada con una túnica púrpura.
El púrpura siguió siendo el color del poder mientras hubo auténtico púrpura. Las telas teñidas de púrpura llegaban a occidente sólo como regalos de los emperadores bizantinos. El manto púrpura que llevó Carlomagno cuando fue coronado era un regalo de Bizancio.
Pero, desde 1453, cuando Constantinopla fue conquistada por los turcos, la púrpura desapareció. Las tintorerías imperiales fueron destruidas y los tintoreros asesinados. El ocaso del Imperio Romano de Oriente fue también el fin del teñido con púrpura de molusco. Desde entonces fue el carmesí, el tinte rojo de los quermes, el color más preciado. Y así se volvió rojo el púrpura.
5. El color de la teología
La devoción / la fe: blanco, 33% · negro, 25% · violeta, 20%
En el acorde de la devoción, el blanco es el color divino, el negro, el color político, y el violeta el color de la teología.
La única institución pública cuyos ministros visten de violeta es la Iglesia católica. Es el color de obispos y prelados, cuyas sotanas, en los actos oficiales, son de color morado. Pero en sus sotanas negras de diario también se reconoce el rango: la de los obispos tiene botones violetas, y la de los cardenales botones rojos.
El violeta eclesiástico también tiene su origen en el púrpura. El color del poder terrenal es, en su interpretación eclesiástica, el color de la eternidad y de la justicia. Así resolvió la Iglesia el dilema de aparecer sus ministros, por una parte, como aspirantes al poder y, por otra, como humildes servidores de Dios.
Mientras hubo auténtico púrpura de molusco, el violeta fue el color de los cardenales de más alto rango. En otros tiempos, un cardenal tenía con frecuencia más poder y más dinero que un rey. Pero ya en 1464, pocos años después de que desapareciera el negocio del tinte de Constantinopla, el papa Pablo III dispuso que los trajes de los cardenales se tiñeran con quermes. La “púrpura cardenalicia” era ahora un luminoso rojo ligeramente azulado. Los trajes de los obispos, inferiores en rango, se tiñeron con una mezcla de quermes e índigo, más barato, que daba un color violeta. De ese modo, los colores de los rangos cambiaron de acuerdo con su coste.
Cuando los profesores de las universidades aún llevaban trajes talares, los de teología llevaban además, en los actos oficiales, un birrete violeta. En algunas universidades también era violeta el propio traje talar, pero en la mayoría era negro con adornos violetas.
En la Iglesia evangélica, el violeta ha sido hasta hoy el color eclesiástico. En los días de servicio religioso se izan banderas blancas con una cruz violeta. Las señales de carretera que indican los servicios evangélicos muestran una iglesia de color violeta → fig. 72.
En la novela de Alice Walker The Color Purple (El color púrpura), las flores campestres de color lila significan que Dios está en todas las cosas. El color lila, o violeta, es también el de lo divino y el de la fe.
6. El color de la penitencia y de la sobriedad
Como color litúrgico, el violeta es el color de la penitencia. En la confesión, el sacerdote lleva una estola violeta. Y los confesionarios tienen casi todos cortinas de color violeta.
El violeta es el color del tiempo de ayuno en el adviento y del tiempo de cuaresma que precede al domingo de Resurrección; en estos días, todos los sacerdotes católicos visten de violeta cuando dicen la misa. En muchas iglesias se cubren los crucifijos durante la Semana Santa con paños morados.
Desde el Concilio Vaticano II (1962-1965), el violeta también está presente en las misas de difuntos. El negro fue suprimido porque el color del duelo terrenal no puede ser el de un ceremonial religioso.
En el simbolismo cristiano, el violeta es el color de la humildad. La contradicción evidente con el simbolismo del púrpura violeta como color del poder, la resolvió la Iglesia de esta manera: los soberanos gobiernan mediante la fuerza, mientras que los cardenales y la Iglesia lo hacen mediante la humildad.
De acuerdo con esto, la violeta se convirtió en la flor simbólica de la modestia: “Sé como la violeta en el musgo: modesta, honesta y pura.” Ya en la antigüedad era la violeta la flor de la moderación, aunque en un sentido muy profano: en los festines se llevaban coronas de violetas en la cabeza porque se creía que el aroma de las violetas preservaba de las modorras alcohólicas y de las jaquecas.
El mismo efecto se atribuía a la amatista, piedra preciosa de color violeta. Quien llevaba una amatista estaba a salvo de las borracheras. De ahí el nombre mismo de la amatista: la palabra griega amethysos significa “sobrio, no borracho”. Una posible explicación lógica de esta superstición antigua es la siguiente: en la antigua high society se bebía a veces en vasos de amatista, y en estos vasos el agua no se distinguía del vino, y así, quien quería permanecer sobrio podía beber agua sin que se notara.
Los Papas ponen a los cardenales un anillo de amatistas, pero este acto tiene otro sentido: no significa sobriedad sino humildad.
La amatista es la piedra del mes de febrero, dado que su color es el de la penitencia y el ayuno. De acuerdo con esto, muchos astrólogos asignan el color violeta al signo de Piscis, pues los nacidos bajo este signo cumplen años en tiempo de cuaresma, cuando no se puede comer carne, sólo pescado. El planeta dominante en esta época es Neptuno, que recibe este nombre en honor al dios romano del mar. El violeta es el más adecuado a las profundidades del mar, y además Neptuno puede, como rey del mar, llevar púrpura violeta.
Al signo de Piscis correspondía en principio el planeta Júpiter, señor del cielo en la mitología romana. Y en el sistema astrológico, Júpiter rige también bajo el signo Sagitario. De ahí resultó la contradicción de que, bajo el signo de Sagitario, Júpiter pertenece al cielo, y bajo el signo de Piscis, al agua. Esto era demasiado ambiguo para los astrólogos. Tradicionalmente para cada planeta hay dos signos zodiacales, aunque, en este caso ahora se separan: Júpiter para Sagitario, y Neptuno para Piscis. La solución de este problema remite al problema fundamental de la astrología: desde hace siglos se han venido descubriendo nuevos planetas que deben integrarse en el sistema astrológico si la astrología quiere seguir sosteniendo su verdad —aun por encima de la ciencia—.
Cuando se declaró al planeta Neptuno, descubierto en el siglo XIX, el planeta dominante de Piscis, algunos astrólogos pretendieron así quedar como “modernos”. El signo de Piscis está simbolizado por dos peces, lo que concuerda con la duplicidad del violeta, en el que unas veces domina el rojo y otras el azul, y unas veces las cualidades masculinas y otras las femeninas. También es violeta el signo de Géminis → Violeta 9.
7. El color más singular y extravagante
- Lo extravagante: violeta, 26% · plata, 18% · oro, 16%
- Lo singular: violeta 22% · plata, 15% · amarillo, 12% · naranja, 10% · negro, 10%
Al ver a una persona vestida de violeta, nadie piensa en la humildad, la modestia o, menos aún, la penitencia sino que el violeta se percibe, en este caso, como un color extravagante. Violeta-plata-oro es el acorde de la elegancia no convencional; en cambio, el acorde negro-plata-oro es el de la elegancia tradicional.
El violeta es el más singular de los colores. Nada de lo que nos ponemos, nada de lo que nos rodea, tiene el violeta como su color natural. Las cosas que son de color violeta existen también en otros muchos colores. El violeta responde a una elección consciente de un color especial.
Nadie se viste con una prenda de color violeta sin pensárselo dos veces, como ocurre con el beige, el gris o el negro. Quien se viste de violeta quiere llamar la atención, quiere distinguirse de la masa. Quien elige el violeta sin que verdaderamente le guste, da la impresión de estar disfrazado, y parece que el color tiene más fuerza que quien lo usa. Quien se viste de violeta ha de saber por qué lo hace.
Cuando Elizabeth Taylor estuvo casada con el político republicano John Warner y lo acompañaba en sus campañas, no podía vestir de violeta —su color favorito, y que armonizaba con sus ojos— porque el partido estimaba que el color de los reyes no era el más adecuado para un partido que se llama republicano. Cuando Warner ganó las elecciones, Elizabeth Taylor celebró la victoria con un traje de pantalón y chaqueta de color violeta.
8. El color de la vanidad y de todos los pecados “bonitos”
- La vanidad: violeta, 24% · rosa, 20% · oro, 18% · amarillo, 12% · naranja, 7%
El significado eclesiástico del violeta se opone al efecto del violeta profano. Incluso puede decirse que el violeta es el color de todos los pecados “bonitos”.
Como color de los pecados bonitos, el violeta es, naturalmente, femenino. Esto se muestra en los nombres de mujer “Viola”, “Violetta” o “Violeta”. Todos los nombres violetas de mujer son nombres de flores. Yolanda es violeta en griego. Del brezo violeta o erica procede el nombre Erika, antes muy popular en Alemania. Tenemos también los nombres Hortensia, de la flor de color lila rosado, y Malvina, de malva. Y del francés lilas, lila, el nombre Lila. Aunque el violeta es el color de la Iglesia, no existe ningún nombre violeta de varón.
Un indicio moderno del sexo psicológico que puede tener un color lo encontramos en productos considerados masculinos, como los coches: se agotaron todos los matices del negro, el blanco y el gris, después los tonos azules, verdes, rojos y marrones, hasta que quedó el violeta como el último de los colores que los fabricantes de automóviles ofrecieron como un color serio. Los coches de color violeta empezaron a ser populares en 1995: eran al principio coches pequeños, llamados en algunos países “coches de mujer”.
El violeta es el color de la vanidad. La vanidad es, según la tradición cristiana, uno de los siete pecados capitales —hoy seguramente el más inocente—. Pero en el mundo medieval, con sus normas en el vestido, la vanidad era un tema importante de los sermones: un gran pecador era el que prefería agradar a los hombres antes que a Dios. Lo poco que hoy se considera la vanidad una falta, lo muestra el acorde mismo de la vanidad: violeta-rosa-oro, donde está ausente el negro, que es el color del pecado. La vanidad es demasiado bella e inofensiva para ser pecado.
Hay un perfume de Dior contenido en un frasquito de color verde veneno y encerrado en una caja violeta, que se llama “Poison”, es decir, “veneno”. Naturalmente, no quiere sugerir que el líquido sea un veneno, sino que su fragancia puede trastornar.
Los cofrecillos con joyas a menudo están forrados de terciopleo violeta. Asprey, el joyero real de Londres, tiene como color identificativo un violeta rojizo, poco común en una firma comercial.
El violeta o el lila han sido siempre los colores preferidos para empaquetar tabletas de chocolate, desde Cadbury hasta Milka, con su vaca lila. El violeta es, por lo tanto, el color de los pecados dulces.
9. El color de la magia, de la transmigración de las almas y de Géminis
- La magia: negro, 48% · violeta, 15% · oro, 10%
- Lo oculto: negro, 33% · violeta, 28% · plata, 10% · oro, 8%
- La fantasía: azul, 22% · violeta, 19% · naranja, 16% · verde, 10%
El violeta es el color de la magia. Cierto que los encuestados nombraron más el negro —porque inconscientemente piensan en la “magia negra”—, pero sólo acompañado del violeta se vuelve el negro mágico y misterioso.
¿Cómo viste un brujo? “Lleva una túnica morada”, responde casi todo el mundo espontáneamente. Las brujas malas van de violeta, y las brujas buenas de lila.
El violeta de los brujos se inscribe en la tradición del púrpura. Cuando Moisés hizo saber a los israelitas que los sacerdotes debían vestir túnicas de color púrpura, los sacerdotes y los magos eran todavía mediadores del más allá, que poseían el mismo rango. Como complementario del amarillo, el color del entendimiento, el violeta es el color de la fe, y también de la superstición.
El violeta combina la sensualidad y la espiritualidad, el sentimiento y el entendimiento, el amor y la abstinencia. En el violeta se funden todos los opuestos.
El violeta es el color más íntimo del arco iris, pues enlaza con el invisible ultravioleta. El violeta marca el límite entre lo visible y lo invisible. De noche es el último color antes de la oscuridad total.
En el simbolismo indio, el violeta es el color de la metempsicosis o transmigración de las almas. En el simbolismo moderno es el color de las drogas alucinógenas, que abren la conciencia a sensaciones irreales. Los nombres de estas drogas suelen ser violetas, como purple heart o purple rain. Hacia 1970, la “ampliación de la conciencia” fue el tema de la nueva década, y, en consonancia con ello, el violeta se puso de moda. De esta época es el famoso grupo de rock llamado Deep Purple.
El violeta simboliza el lado inquietante de la fantasía, el anhelo de hacer posible lo imposible.
El cuadro que representa al signo zodiacal Géminis → fig. 77, del pintor surrealista Brauner, de quien se decía que poseía dotes de vidente, combina el naranja, el color de la transformación, con el mágico violeta.
La mayoría de los astrólogos también vincula el color violeta al signo de Géminis, porque al igual que el también violeta signo de Piscis —representado siempre con dos peces—, el símbolo de los gemelos indica un ser doble en el que se unen dos contrarios y que mediante esos contrarios se transforma continuamente. “Dos almas habitan en mi pecho”: este verso de Goethe es el leitmotiv de Géminis, de los contrarios masculino y femenino simbolizados en el rojo y el azul.
Al signo de Géminis corresponde el planeta Mercurio, el dios del comercio —y el comercio significa transformación—. Ningún color le es más apropiado que el mudable, y quizá también veleidoso, violeta.
10. Los colores de los chakras en el esoterismo
En las ciencias esotéricas se denominan chakras a las zonas del cuerpo y a las energías y vibraciones que, según esta doctrina, corresponden a cada zona y constituyen el aura de las personas. El cuerpo humano se divide en siete zonas que se hallan una sobre otra a modo de capas. A cada chakra se atribuye un color, y los distintos chakras que hay desde la cabeza hasta los pies constituyen el espectro del arco iris referido al cuerpo. Acerca de las distintas zonas y, sobre todo, de los colores de las mismas, no hay total coincidencia entre los esotéricos, pero la mayoría se ajusta al siguiente esquema:
Piernas y órganos sexuales: rojo
El rojo es el color de la base, el primer color, por eso todo el cuerpo se alza sobre él. El rojo es tradicionalmente el color que simboliza la sexualidad y, por tanto, los órganos sexuales. En general, el rojo es el color fundamental de la columna vertebral, los huesos y, naturalmente, la sangre.
Abdomen: naranja
En el esoterismo, el sentimiento es más importante que el entendimiento, y el abdomen es el centro de todos los sentimientos racionalmente inaccesibles. El sentimiento “gobernado por el vientre” es más fuerte que el pensamiento “gobernado por la cabeza”, por eso corresponde al abdomen el color naranja, símbolo de lo no-racional y de la diversión. En esta zona del cuerpo se encuentran los órganos de la reproducción. El naranja se presenta aquí como el color del centro de la fuerza impulsiva, lo cual se aviene con las concepciones indias en las que se inspira el esoterismo.
Plexo solar/Zona entre el ombligo y el pecho: amarillo
Al centro nervioso llamado plexo solar corresponde lógicamente el amarillo, el color del sol. Además, en esta zona corporal se encuentran la vesícula biliar, que segrega la bilis amarilla, y el hígado, que cuando enferma tiñe la piel de amarillo.
Corazón y pecho: verde
El color de la vida y del crecimiento simboliza el centro de la vida.
Zona del cuello hasta los dientes: azul claro
Esta zona apenas es influenciable por los sentimientos; es la zona de la laringe, es decir, del habla, por eso domina en ella el frío azul del frío entendimiento.
Rostro: azul oscuro (índigo)
Los ojos, los oídos y la nariz pertenecen al dominio de la percepción, gobernado por el entendimiento. En esta zona está también la frente, y el azul oscuro simboliza además la profundidad de los pensamientos.
Cerebro: violeta
Aquí se unen los sentimientos y el entendimiento, como el rojo y el azul para dar el violeta.
Según algunos esotéricos, existe también un cuerpo no material, un “cuerpo etéreo”, cuyo color simbólico es el magenta, el rojo más puro. Y si es preciso, los esotéricos distinguen además otras zonas de color, por ejemplo las doradas, que se hallan en el centro del cuerpo, o las rosadas, que pertenecen al corazón.
En el esoterismo es especialmente popular la curación con colores. En teoría hay dos maneras:
1.ª Las zonas enfermas del cuerpo son tratadas con el color del chakra correspondiente para intensificar su energía.
2.ª Las zonas enfermas del cuerpo son tratadas con el color contrario para debilitar las energías nocivas. Algunos terapeutas usan como colores contrarios los colores complementarios, aunque la mayoría emplea los psicológicamente contrarios —así, las enfermedades rojas son tratadas no con el color verde, sino con el azul, pues los efectos de los contrarios psicológicos son mayores en la mayoría de las personas, y los colores complementarios no todo el mundo los conoce. Con todo, en la mayoría de las terapias se prueba con ambos, de manera que en los tratamientos se usa tanto el color del chakra como su contrario.
Las terapias con colores pueden consistir en tratamientos con aceites coloreados, aplicados tópicamente o administrados oralmente, en la contemplación o la aplicación tópica de gemas de determinados colores, en baños en aguas coloreadas, en irradiaciones con luz coloreada, en el uso de gafas con cristales de color, etc. Existen muchas terapias y aún más teorías sobre sus efectos, pero ni una sola prueba de su eficacia que pueda ser aceptada por la ciencia moderna. De nuevo hay que aclarar aquí que el título de cromoterapeuta no tiene ningún reconocimiento, y cualquiera puede decir que lo es aunque carezca de toda formación médica o psicológica. Y precisamente en los legos en psicología, la creencia en el efecto curativo de los colores y en los poderes suprasensoriales de los mismos es a menudo peligrosa.
Sin duda está médicamente demostrado que la ausencia prolongada de luz solar y la alimentación insuficiente pueden causar graves daños en los huesos, como en el raquitismo, pero estas situaciones extremas, que fueron corrientes en otros siglos en barrios obreros azotados por la miseria, hace mucho tiempo que afortunadamente no se dan. Cuando los cromoterapeutas afirman que con una terapia a base de colores se pueden evitar enfermedades como el raquitismo, están hablando de forma engañosa y poco seria sobre posibilidades fácticas. Seguramente la luz solar tiene efectos curativos sobre muchas enfermedades de la piel, pero las irradiaciones especiales con luz coloreada no producen ningún efecto. Una terapia cromática podrá tener algún sentido en ciertos trastornos psíquicos sin causa orgánica, que pueden curarse con reposo y meditación. En este caso, la concentración en un color determinado podría servir de ayuda a la meditación.
Todas las publicaciones sobre el tema de la sanación mediante los colores deberían insistir en la necesidad de consultar siempre a un médico cuando se padecen verdaderas enfermedades. Esto no significa que los médicos deban hacer un seguimiento de las terapias cromáticas, sencillamente se trata de aplicar los tratamientos reconocidos por la medicina aunque de forma paralela se acuda a esa terapia cromática → Rojo, 22.
11. El color de la sexualidad pecaminosa
El más bello de todos los pecados es —para muchos— el sexo. Sólo acompañado del violeta adquiere el rojo un sentido inequívocamente sexual. El rojo, el violeta, el negro y el rosa, dispuestos en el orden que se quiera, forman el acorde de → la inmoralidad, → lo seductor y → la sexualidad. En el violeta hay más sexo que en el rojo. Esto es lo misterioso del violeta.
Oscar Wilde se refirió al sexo prohibido como “las horas violetas en el tiempo gris”. Y el poeta Keats fantaseó sobre el “palacio de los dulces pecados, tapizado de violeta”.
En Estados Unidos se prepara un cóctel tan famoso como temido, cuyo nombre es purple passion, y que por su elevado contenido de alcohol invita al sexo desinhibido.
12. El color de lo original y de lo frívolo
- Lo frívolo / lo no convencional: violeta, 28% · naranja, 22% · amarillo, 11%
- Lo original: violeta, 23% · naranja, 19% · plata, 12% · oro, 10% · rosa, 9%
- La moda: negro, 19% · violeta, 16% · naranja, 14% · azul, 10% · amarillo, 9%
El violeta es un color típico en la moda, aunque muy raras veces define una moda concreta. Muchos encuentran el violeta demasiado atrevido. En el acorde de la moda, domina el negro, el color favorito de la moda juvenil, pero el negro no es un color que suela estar propiamente de moda, pues es un color atemporal. Los colores que podrían constituir una moda, son el violeta y el naranja, colores sujetos al tiempo, que pasan de moda después de haber estado en boga por breve tiempo.
Lo frívolo es violeta, y también lo original. A pesar de su frialdad, el violeta es un color intenso, y su intensidad aumenta de manera especial cuando aparece combinado con el alegre naranja. Violeta-naranja: no hay combinación de colores menos convencional que ésta.
13. El menos natural de los colores
- Lo artificial / lo no natural: violeta, 22% · plata, 18% · rosa, 17% · oro, 14% · naranja, 10%
El violeta es el color menos habitual en la naturaleza, y el menos natural de los colores, esto es, el más artificial. El violeta era el color favorito de aquella corriente artística que se inició en Francia hacia 1890 con el nombre de fin de siècle, se propagó luego a Inglaterra hacia 1900 bajo el nombre de art nouveau, y finalmente pasó a Alemania, donde se denominó Jugendstil y alcanzó una gran popularidad. En aquella época en que las industrias habían adquirido grandes dimensiones y parecía que todo podía producirse artificialmente, se despreciaba todo lo natural como carente de arte.
En los ornamentos con motivos vegetales del Jugendstil, la naturaleza aparecía tan estilizada que parecía creada por diseñadores. Cada ornamento podía servir de modelo para una producción en serie por medio de la tecnología.
En esta estética de lo artificial, el color violeta ocupó un puesto de honor. El salón violeta, con sus muebles tapizados de violeta, se consideró la culminación de la cultura interiorista. Estos interiores violetas, en su mayoría combinados con negro, producen hoy horror cuando se contemplan en los museos; si se observan a la luz de una auténtica lámpara de petróleo, producen un efecto misterioso y se convierten en el escenario ideal para las femmes fatales, las mujeres ideales de la época.
No es casualidad que el violeta fuese el primer color sintético. En 1856, William Henry Perkins, un ayudante de laboratorio de 19 años, destiló carbón —lo hizo por error, pues se le había encargado otra labor— y, ante el pasmo general, obtuvo un colorante violeta. Perkins lo patentó con el nombre de Perkins mauve, un violeta muy intenso al que bautizó con su nombre y con el de la malva. Pero los tintoreros ingleses se negaron a usar este color desconocido. Treinta años más tarde, los tejedores de seda de Lyon, que dominaban el mercado, descubrieron que la patente de Perkins no tenía validez en Francia, y decidieron producir telas teñidas con el Perkins mauve. El color se puso tan de moda que el período de 1890-1900 recibió el nombre de the mauve decade —la década malva. Casi todos los útiles de aquella época que vemos hoy en los museos, o en los mercados de viejo, son de color violeta o lila.
Las demoniacas figuras femeninas de los artistas del Jugendstil, como Gustav Klimt, visten a menudo de violeta, casi siempre combinado con plata y oro. Tal era el acorde típico del art nouveau, de una extravagante artificialidad. En los cuadros de la época apenas hay colores primarios, pues lo no artificial, lo natural, no podía ser arte.
14. El color del feminismo
El movimiento feminista comenzó con la lucha por el derecho de las mujeres al voto, por el derecho al suffrage, esto es, al sufragio; por eso se llamaron aquellas mujeres suffragettes, sufragistas. Esta lucha empezó hacia 1870 en Inglaterra, cuando estaban excluidos de este derecho los presos, los enfermos mentales recluidos en los manicomios, los asociales enviados a los correccionales y las mujeres, independientemente de su honradez, inteligencia o fortuna.
Las mujeres lucharon en toda Europa por el derecho al voto. En 1918, las sufragistas lograron su objetivo en Inglaterra. Un año más tarde, en 1919, se concedió este derecho en Alemania. En Francia tuvieron que esperar hasta 1944.
En 1908, la inglesa Emmeline Pethick-Lawrence popularizó los tres colores del movimiento feminista: violeta, blanco y verde. Su explicación: “El violeta, color de los soberanos, simboliza la sangre real que corre por las venas de cada luchadora por el derecho al voto, simboliza su conciencia de la libertad y la dignidad. El blanco simboliza la honradez en la vida privada y en la vida política. Y el verde simboliza la esperanza en un nuevo comienzo.”
Tenían que ser tres colores, pues desde la Revolución francesa las banderas tricolores eran el símbolo de todos los movimientos liberadores. Y sobre todo: tenían que ser colores que hubiera en el armario ropero de toda mujer y que no implicaran adquisiciones caras. Además, los colores debían parecer cotidianos, pero reconocerse sin confusión posible como los colores del movimiento femenino; este efecto identificador no podía conseguirse con un solo color.
Cada mujer tenía entonces una blusa blanca y una falda larga de algodón, blanca y guarnecida con encajes y pestañas. O una falda violeta, color muy popular en aquella época, especialmente en la ropa de invierno. Y el verde estaba siempre presente en el atuendo cotidiano. En las manifestaciones, aquellas mujeres llevaban escarapelas con los tres colores —violeta, blanco y verde— y bandas del hombro a la cintura → fig. 75.
Las sufragistas también llevaban sus colores a diario: trajes verdes con pestañas o ribetes violetas, plumas violetas o verdes prendidas en sombreros blancos y, cuando el movimiento llegó a su apogeo, zapatos y guantes con la combinación violeta-blanco-verde. Muchos hombres apoyaron a las sufragistas llevando ellos mismos sus colores en las cintas de sus sombreros y en sus corbatas. Las sufragistas se casaban con un ramo de flores moradas y blancas.
Hoy suele ridiculizarse el hecho de que un movimiento feminista se identificase a través de la vestimenta, pero en aquel momento fue lo más adecuado: era la mejor manera de demostrar públicamente las muchas mujeres y los no pocos hombres que estaban con el movimiento.
Alrededor de 1970, el violeta volvió a ser popular como color del movimiento feminista. Los objetivos —hasta hoy inalcanzados—, eran: derecho de las mujeres al aborto y al mismo salario que los hombres. El signo internacional del movimiento era el símbolo femenino con un puño dentro → fig. 76.
Las bragas lilas de 1980 marcaron el fin de lo que fue la moda feminista.
La lucha por los derechos de la mujer duraron cincuenta años. A diferencia de las victorias bélicas, aquella victoria hace tiempo que ha quedado olvidada. El recuerdo sólo conserva una palabra: sufragista, usada de forma despectiva.
15. El color de la homosexualidad
En el violeta se unen lo masculino y lo femenino. Ningún otro color puede simbolizar mejor la homosexualidad.
En el tiempo en que se despreciaba y castigaba la homosexualidad, las camisas de color lila y los pañuelos de color violeta eran signos discretos para los que “entendían”.
The purple hand —una mano violeta— se convirtió en símbolo de la gay liberation estadounidense. En 1969, los homosexuales se manifestaron ante el edificio del diario Examiner de San Francisco, que publicaba artículos contra los homosexuales. El personal del diario arrojó a los manifestantes pintura violeta por las ventanas. Los manifestantes mojaron las palmas de sus manos con la pintura violeta y las imprimieron sobre los muros del edificio.
Desde 1980 se adoptó la bandera del arco iris como símbolo del movimiento gay. En los love parades, los homosexuales exhiben banderas del arco iris, y en los locales y, en general, en todos los ambientes donde trabajan y viven, colocan pegatinas con los colores del arco iris. ¿Cuál es el origen de esta costumbre?
En 1969, en el entierro de Judy Garland, la estrella de los musicales cinematográficos, algunos homosexuales portaban la bandera del arco iris. Judy Garland había cantado la canción favorita de los círculos homosexuales: Somewhere over the rainbow, por lo que algunos de sus fans asistieron a su entierro con esas banderas. Pero debieron de pasar años antes de que el arco iris se convirtiera en signo de identidad del movimiento homosexual.
El arco iris es un símbolo originariamente bíblico: el de la alianza de Dios con los hombres. Después del diluvio, al que sólo Noé y su familia sobrevivieron, prometió Dios: “No aniquilaré la vida una segunda vez”. Y como signo de su promesa puso el arco iris en el cielo y dijo: “Cada vez que el arco aparezca entre las nubes pensaré en la promesa que acabo de haceros a vosotros y a todos los seres vivos.” Este simbolismo bíblico era bien conocido entre los homosexuales, debido a las tradicionales interferencias entre ellos y los círculos eclesiales. Para hacer del arco iris un símbolo independiente, al principio se propagó una imagen invertida del arco iris —con la banda violeta arriba—, que estaba en consonancia con la entonces común denominación de “invertido”. Se había creado así un signo que pasaba inadvertido a los ajenos al movimiento y que adquirió una gran importancia para los homosexuales, que entonces eran socialmente despreciados. Pero la idea del arco iris invertido se desvaneció porque, en la misma época, el violeta se hizo popular como el color del feminismo.
Encuestas realizadas hoy a los homosexuales alemanes (que desconocen que el violeta es el color de la realeza) muestran que ellos interpretan el violeta como “color de las emancipadas”, de las “lesbianas” o de las “mujeres frustradas”. Así que el arco iris volvió a mostrarse como de costumbre: el rojo arriba, y el violeta abajo. Sobre todo desde la popularización mundial del lazo contra el sida, los homosexuales se identifican más con el rojo, el color masculino clásico.
Entre tanto, otros grupos han adoptado el arco iris como símbolo; así las “listas multicolores” electorales, integradoras de todos los colores políticos —pues el símbolo de todos los colores, de todos debe ser.
16. Color ambiguo y vacilante
- La ambigüedad: violeta, 21% · gris, 20% · marrón, 13% · rosa, 11% · naranja, 10%
- Lo inadecuado / lo subjetivo: violeta, 20% · naranja, 20% · rosa, 14% · gris, 12% · marrón, 10%
Todos los colores mixtos parecen ambiguos, subjetivos, inseguros. El color lila, en el que el rojo, el azul y el blanco están nivelados, es el de la máxima ambivalencia. En el violeta está siempre presente la duda de si en él predomina el rojo o el azul, aparte de que este color cambia con la luz.
L’heure mauve, la hora violeta, era la elegante expresión con que antes se designaba el ocaso, la hora de la penumbra. El violeta, el color más ambiguo, también forma parte de los acordes de → la mentira y → la infidelidad.
En el test de los colores que en 1948 ideó Max Lüscher, se observa que el violeta es un color señalado con particular frecuencia como color favorito por las embarazadas. Lüscher reduce este dato a causas hormonales. Y como toda especulación sobre la irracionalidad femenina, esta observación fue citada como una verdad científica. Antes que hacer especulaciones con causas hormonales desconocidas, debió analizarse lo que las embarazadas pensaban cuando elegían ese color. Y lo que pensaban era algo bien claro: si hubieran nombrado el azul como color preferido, se habría interpretado su elección como el deseo de tener un niño, y si hubieran elegido el rojo, como el deseo de tener una niña. Cuando se popularizó el test de Lüscher estaban de moda los colores azul celeste y rosa para los niños y las niñas respectivamente. Y la cuestión de si el futuro retoño sería niño o niña era un tema central de todo embarazo, pues aún no era posible, como lo es hoy, conocer el sexo de la criatura antes de su nacimiento. Todo el mundo sabe que cuando se desea que la criatura sea de un sexo o del otro, las decepciones son frecuentes. ¿Qué más lógico que elegir el color mixto de ambos sexos?
17. El violeta de los artistas
Si se intenta obtener violeta mezclando rojo y azul, a menudo se obtiene marrón. Esto se debe a que tan pronto como el rojo tiene algo de amarillo, se forma el marrón. El violeta sólo se puede obtener mezclando el magenta, el rojo puro, con el azul, que tampoco debe contener nada de amarillo.
Lo más sencillo es utilizar directamente pigmento violeta, que garantiza un violeta luminoso. Y el mejor violeta es el violeta de cobalto. Hay “violeta de cobalto claro” y “violeta de cobalto oscuro”. Usado al óleo o en tinta de imprenta, el violeta de cobalto es uno de los colores más caros, lo que concuerda con su extravagancia. Y el que el “violeta de cobalto claro” sea uno de los colores más tóxicos —pues se produce empleando arsénico— concuerda con su imagen demoniaca.
18. “Lila, el último intento”
“Lila, el último intento” es una antigua expresión alemana. Se refiere a los últimos destellos del deseo sexual.
El color lila, que es un violeta aclarado con blanco, es el color de las solteronas. Era en otro tiempo el color de las mujeres solteras demasiado mayores ya para el infantil rosa, pero que deseaban llevar un color pastel de jovencita. El lila significaba: a pesar de mi edad, aún se pueden fijar en mí. Así nació la imagen negativa del violeta. Hay en él “algo vivaz, pero sin alegría”, decía Goethe. En su época, la moda empezó a distinguir entre colores para hombres y colores para mujeres. Sólo las mujeres vestían de lila, de ahí el juicio negativo del lila como indicador de deseo sexual; para los hombres no hay límite de edad en la sexualidad permitida, ningún color para el último intento.
También los aromas violetas son propios de las solteronas: lavanda, violeta, romero.
El lila y el violeta se emplean con frecuencia en el diseño de las cajas y los envases de los cosméticos recomendados para la mujer “madura”. Los diseñadores siguen aquí la convención del violeta como color de las mujeres mayores. Pero ¿les resulta agradable a las mujeres maduras esta asociación?
Purple Heart (Corazón violeta), se llama una condecoración militar, muy célebre por ser la más concedida. La reciben los soldados estadounidenses que fueron heridos por el enemigo, o los parientes más cercanos si el soldado murió a causa de sus heridas. El violeta es aquí el color que está entre la vida y la muerte.

69 ¿Cuál de estos dos colores es el púrpura? Los alemanes señalarían inmediatamente el rojo, y los ingleses y esta-dounidenses el violeta. ¿Por qué? Originariamente, el púrpura era violeta, pero en Alemania se cambió el nombre del color.

70 Las coronas inglesas están guarnecidas con terciopelo violeta, el color de la púrpura en Inglaterra.

71 La emperatriz Teodora vestida de púrpura — violeta aquí también.

72 El violeta del antiguo color púrpura se convirtió en color de la Iglesia evangélica.

73 El púrpura violeta se extraía de un molusco marino. A partir de 1500, el tinte rojo de cochinillas era el más caro. La Iglesia cambió entonces la jerarquía de sus colores: desde entonces, los cardenales vistieron de rojo, y los obispos de un violeta que ya no era el verdadero púrpura.

74 Uso creativo del color: la famosa vaca de Milka.

75 El movimiento feminista comenzó luchando por el derecho al voto. Símbolos de las sufragistas de 1908. El púrpura inglés simboliza la libertad y la dignidad.

76 Símbolo del poder femenino en torno a 1970. Aquí, el violeta simboliza la unión de lo masculino y lo femenino.

77 El pintor surrealista Brauner pintó el signo de Géminis como un ser doble, masculino y femenino. El naranja simboliza la transformación, y el violeta la magia.
FIGS 69 ¿Cuál de estos dos colores es el púrpura? Los alemanes señalarían inmediatamente el rojo, y los ingleses y esta-dounidenses el violeta. ¿Por qué? Originariamente, el púrpura era violeta, pero en Alemania se cambió el nombre del color.
70 Las coronas inglesas están guarnecidas con terciopelo violeta, el color de la púrpura en Inglaterra.
71 La emperatriz Teodora vestida de púrpura — violeta aquí también.
72 El violeta del antiguo color púrpura se convirtió en color de la Iglesia evangélica.
73 El púrpura violeta se extraía de un molusco marino. A partir de 1500, el tinte rojo de cochinillas era el más caro. La Iglesia cambió entonces la jerarquía de sus colores: desde entonces, los cardenales vistieron de rojo, y los obispos de un violeta que ya no era el verdadero púrpura.
74 Uso creativo del color: la famosa vaca de Milka.
75 El movimiento feminista comenzó luchando por el derecho al voto. Símbolos de las sufragistas de 1908. El púrpura inglés simboliza la libertad y la dignidad.
76 Símbolo del poder femenino en torno a 1970. Aquí, el violeta simboliza la unión de lo masculino y lo femenino.
77 El pintor surrealista Brauner pintó el signo de Géminis como un ser doble, masculino y femenino. El naranja simboliza la transformación, y el violeta la magia.