El color de todas las pasiones —del amor al odio. El color de los reyes y del comunismo, de la alegría y del peligro.
¿Cuántos rojos conoce usted? 105 tonos de rojo
- Al principio fue el rojo
- El rojo, del amor al odio
- El color de la sangre y de la vida
- El simbolismo del fuego
- Rojo masculino y rojo femenino
- El color de la alegría
- Corales y caperuzas rojas contra el mal de ojo
- Cerca y alto
- El color de la nobleza y de los ricos
- Color de lujo (extraído de cochinillas), para reyes, cardenales y barras de labios
- El color de la agresividad, de la guerra, de Aries y de Escorpión
- Rojo con negro: el peligro y lo prohibido
- Rojo con violeta y rosa: rojo con sexo
- El color de lo inmoral. Colorete y pelo rojo —¡Dios nos libre!
- El rojo político: color de la libertad, de los obreros y del socialismo
- El color de las correcciones, los controles y la justicia
- El color del dinamismo
- El rojo de los artistas
- El color de los anuncios publicitarios
- ¿Cómo reaccionan los animales ante el rojo?
- ¿Efectos milagrosos en ciegos? Cómo el rojo nos vuelve agresivos
- Curar con colores
- ¿Cuál es el color de los signos zodiacales?
¿Cuántos rojos conoce usted? 105 tonos de rojo
Para los artistas hay una gran diferencia entre el rojo cadmio y el rojo carmesí, aunque sus matices sean bastante parecidos —el rojo cadmio cubre perfectamente las superficies, mientras que el carmesí queda siempre transparente.
Nombres del rojo en el lenguaje ordinario y en el de los pintores:
Anaranjado rojizo Bermellón Carmín Encarnado Escarlata Frambuesa Fucsia Granate Magenta Ocre rojo Ocre tostado Pink Púrpura Rojo alheña Rojo almagre Rojo amapola Rojo anaranjado Rojo arenisca Rojo atardecer Rojo aurora Rojo bengala Rojo brasa Rojo brillante Rojo Bugatti Rojo Burdeos Rojo cadmio Rojo cangrejo Rojo caoba Rojo cardenal Rojo carmesí Rojo cereza Rojo chillón Rojo ciclamino Rojo cinabrio Rojo claro Rojo cobre Rojo Congo Rojo coral Rojo cresta de gallo Rojo de China Rojo de cochinilla Rojo de cromo Rojo de granza Rosa de Parma Rojo de uñas Rojo diablo Rojo Ferrari Rojo flamenco Rojo fresa Rojo fuego Rojo geranio Rojo guinda Rojo indio Rojo inglés Rojo jaspe Rojo labio Rojo lacre Rojo ladrillo Rojo langosta Rojo lava Rojo llama Rojo luminoso Rojo Marte Rojo mate Rojo melocotón Rojo minio Rojo neón Rojo negro Rojo original Rojo orín Rojo óxido Rojo pálido Rojo pardo Rojo pastel Rojo pavo Rojo permanente Rojo persa Rojo pimienta Rojo pimiento Rojo Pompeya Rojo prelado Rojo primario Rojo rosado Rojo rubí Rojo rubor Rojo salmón Rojo sangre Rojo Saturno Rojo semáforo Rojo señal Rojo subido Rojo teja Rojo Tiziano Rojo tomate Rojo tráfico Rojo vamp Rojo Venecia Rojo viejo Rojo vino Rojo vivo Rojo zanahoria Sangre de buey Siena tostado Terracota Violeta rojizo
1. Al principio fue el rojo
Al principio fue el rojo. Es el primer color al que el hombre puso un nombre, la denominación cromática más antigua del mundo.2 En muchas lenguas, la palabra “coloreado” significa también “rojo”, como el español “colorado”.
El rojo es probablemente el primer color que los recién nacidos pueden ver. Y cuando se invita a alguien a nombrar espontáneamente un color, casi siempre dice “rojo” —aunque no sea su color preferido—. He aquí un juego asombroso: se pide a alguien que nombre de manera totalmente espontánea un color, luego un instrumento musical y, finalmente, una herramienta. Casi todo el mundo responde: rojo, violín y martillo.
El rojo agrada a hombres y mujeres en la misma proporción: en cada caso un 12% nombró el rojo como color favorito. Sólo el 4% de los hombres y de las mujeres nombró el rojo como “el color que menos me gusta”.
Está muy extendida la opinión de que el rojo gusta especialmente a los adolescentes, pero no es cierto; sólo el 8% de los menores de 25 años nombró el rojo como color favorito frente al 17% de los hombres y el 16% de las mujeres mayores de 50 años. El rojo gusta a los mayores mucho más que a los jóvenes → Negro 2.
Como el primer nombre de color que los niños aprenden es el “rojo”, la mayoría lo nombra como color preferido. Además, los niños asocian el rojo al sabor dulce, como el de los caramelos y el ketchup, y a éstos les encantan los dulces. No obstante, cuando los niños pintan, no parecen mostrar ninguna especial predilección por el rojo, y, simplemente, pintan de rojo lo que es rojo. Tampoco en el vestir valoran especialmente los niños este color. Más que el rojo como tal, a los niños les gustan los dulces a él asociados. El hecho de que algunos niños nombren espontáneamente el rojo como color preferido y los adultos, también de forma espontánea, como el primer color que se les ocurre, nada tiene que ver con sus verdaderas preferencias, y únicamente demuestra —y de una manera inequívoca— que en nuestro pensamiento “rojo” es desde el principio equivalente a “color”.
El simbolismo del rojo está determinado por dos experiencias elementales: el fuego es rojo, y roja es también la sangre. En muchas lenguas, como la de los antiguos babilonios y la de los esquimales, “rojo” significa, en sentido literal, “como sangre”. Fuego y sangre tienen, en todas las culturas de todos los tiempos, un significado existencial. Por eso son sus símbolos universales y por todo el mundo conocidos, pues todo el mundo comprende vitalmente el significado del “rojo”.
La sobresaturación ambiental del rojo, sobre todo por obra de la publicidad, es la causa de que este color cuente cada vez con menos adeptos,3 pues sin duda vemos más cosas rojas de las que desearíamos. Cuando todo se vuelve demasiado cromático, el primer color que molesta es el rojo, pues el rojo es el color de los colores.
2. El rojo, del amor al odio
El amor: rojo, 75% · rosa, 7% El odio: rojo, 38% · negro, 35% · amarillo, 15%
Del amor al odio: el rojo es el color de todas las pasiones, las buenas y las malas. La experiencia da origen a los símbolos: la sangre se altera, sube a la cabeza y el rostro se ruboriza —por timidez o por enamoramiento, o por ambas cosas a la vez—. Uno enrojece también porque se avergüenza, porque está airado o porque se halla excitado. Cuando la razón pierde el control, “todo se ve rojo”. Los corazones se pintan rojos porque los enamorados piensan que toda su sangre afluye a su corazón. También las rosas rojas y las cartas rojas se asocian al amor.
En los acordes cromáticos del amor y del odio se muestra con particular claridad que los colores nombrados en segundo o tercer lugar revelan la valoración moral de estos sentimientos. El amor es rojo, y en segundo lugar, delicadamente rosa. El odio es rojo, y en segundo lugar es negro, símbolo de lo malo. Y así, el rojo del amor se transforma con el negro en odio → Negro 5.
Reglas básicas sobre el efecto de los colores:
- ª El mismo color tiene un efecto completamente distinto si se combina con otros colores.
- ª Si un color se combina con el negro, su significado positivo se convierte en el significado contrario.
Esto ya era así en el simbolismo medieval, y la conciencia moderna reacciona también de acuerdo con este viejo patrón. Podemos especular todo cuanto queramos sobre las causas: ¿algo innato?, ¿estructuras anímicas inconscientes heredadas a lo largo de la historia de la humanidad?, ¿debemos hablar de “arquetipos”?, ¿de verdades transculturales? La mejor explicación científica es que hay muchos más sentimientos que colores, por lo que hemos de asociar parcialmente a cada color sentimientos y conceptos muy distintos. A pesar de lo limitado de nuestra selección de colores, hemos construido aquí un sistema lógico en el que, mediante colores adicionales, caracterizamos un significado positivo o negativo.
Los efectos de los colores no son innatos, de la misma manera que no es innato el lenguaje. Pero como los colores se conocen en la infancia, a la vez que se aprende el lenguaje, los significados quedan luego tan interiorizados en la edad adulta, que parecen innatos.
En esta investigación sobre los efectos de los colores, los encuestados pudieron elegir más colores que en otras investigaciones conocidas. Pero, aún así, la elección sigue siendo limitada. Carecería de sentido ampliar indefinidamente las posibilidades de elección queriendo encontrar para el concepto “amor” un matiz especial de rojo, pues la elección de este matiz especial estaría determinada por el resto de los conceptos a los que se asocia igualmente el rojo. El rojo del odio es seguramente más oscuro que el rojo del amor, ¿pero es el rojo del erotismo más claro que el del odio o sólo más oscuro que el del amor? Y ¿cómo es el rojo del peligro? Los resultados no serían verdades, sino relaciones válidas sólo en el sistema de los conceptos propuestos. (Los expertos en estadística criticarían con razón esta falta de lógica.) Por eso, los colores secundarios y terciarios dicen mucho más sobre un sentimiento o un concepto que todos los matices; ellos forman el acorde cromático típico.
Naturalmente, el amor tiene más colores que los universalizados en los simbolismos. Los colores del amor oscilan tanto como las alegrías y los sufrimientos ligados al amor. El amor puede a veces ser gris, y a veces incluso negro, y unas veces puede ser dorado y otras azul. Y todo esto es “normal”. Con todo el 25% de los encuestados no nombró el rojo como color del amor: el 7% citó el rosa, el 4% el oro, el 3% el naranja, otro 3% el azul, el 2% el violeta, otro 2% el blanco, el 1% el negro y también el 1% el amarillo, el plata y el verde. Los motivos fueron tan diferentes como los mismos colores.
3. El color de la sangre y de la vida
La fuerza / el vigor: rojo, 28% · negro, 20% · azul, 17% El valor: rojo, 28% · azul, 23% · oro, 12% · plata, 8% · verde, 8% Lo atractivo: rojo, 23% · azul, 14% · oro, 12% · negro, 9%
El efecto psicológico y simbólico de la sangre hace del rojo el color dominante en todos los sentimientos vitalmente positivos. El rojo, el más vigoroso de los colores, es el color de la fuerza, de la vida; como dice un refrán alemán, Heute rot, morgen tot [Hoy rojo, mañana muerto]; y, en este mismo idioma, la antigua palabra blutjung [“joven de sangre” = muy joven] continúa utilizándose.
En el acorde rojo-azul se unen fuerzas corporales y espirituales. Rojoazul-oro es el acorde de → lo atractivo, → el valor y → el mérito; de todas las cualidades ideales resultantes de la superioridad corporal y espiritual.
En muchas culturas, la sangre es la morada del alma. En todas las religiones primitivas eran comunes los sacrificios con derramamiento de sangre. Para contentar a los dioses se sacrificaban no sólo animales, sino también, y como la ofrenda más valiosa, la sangre joven de niños. La disposición al sacrificio del primitivo pueblo sueco era única: para evitar una catástrofe natural, una hambruna o una epidemia sacrificaban hasta a su propio rey.
En la época de las persecuciones, se afirmaba que los cristianos degollaban a un niño en las celebraciones de la Santa Cena, y que el vino tinto que se bebía en estos rituales era en realidad la sangre de niños asesinados. Cuando el cristianismo se hizo religión oficial, los cristianos propagaron la misma calumnia de los judíos. Pero en la Tora, la Biblia judía, se prohíbe el consumo de sangre bajo pena de muerte. Y en la cocina judía, incluso una chuleta sanguinolenta es inimaginable. Incluso en nuestro siglo se difama a algunas comunidades religiosas acusándolas de cometer asesinatos rituales con el fin de utilizar la sangre.
en la Eucaristía cristiana se continúa bebiendo vino, que simboliza la sangre de Cristo. Jesús dijo: “Tomad y bebed, que ésta es mi sangre.” El antiguo simbolismo sigue vivo.
El rojo como color litúrgico de la Iglesia católica es también recuerdo de la sangre del sacrificio. Las ropas de los sacerdotes católicos, el mantel del altar y la cubierta del púlpito son rojos en los días en que se recuerda la Pasión de Jesús, como el Domingo de Ramos y el Viernes Santo, así como en los días de los mártires que murieron por su fe.
En tiempos remotos se bañaba a los recién nacidos en sangre de animales especialmente vigorosos y a las parejas de novios se las rociaba con esta sangre para transferirles el vigor del animal. Los gladiadores romanos bebían la sangre de las heridas de sus adversarios moribundos para recibir su fuerza. Los griegos vertían sangre en las tumbas para que los muertos tuvieran fuerzas en el más allá. Y la tradición alemana cuenta cómo Sigfrido se bañó en la sangre del dragón e hizo su cuerpo invulnerable, excepto en un lugar secreto.
A la sangre humana fresca se le atribuían efectos milagrosos, como la curación de enfermedades graves. La sangre de criminales ajusticiados era un remedio muy solicitado. Según la leyenda bíblica, un faraón de Egipto exigió la sangre de 150 niños judíos para beberla y curarse así la lepra. Los judíos huyeron de Egipto.
Incluso en épocas ilustradas era la sangre la esencia de la fuerza vital. Y es que, a diferencia del verde —el color de la vida vegetal—, el rojo es el color que simboliza la vida animal.
4. El simbolismo del fuego
El calor: rojo, 47% · amarillo, 26% · naranja, 17% La energía: rojo, 38% · amarillo, 20% · naranja, 12% · azul, 11% La pasión: rojo, 62% · naranja, 12% · violeta, 8% · amarillo, 8% El deseo: rojo, 50% · amarillo, 14% · violeta, 12% · naranja, 10%
El rojo, el naranja y el amarillo son los colores del fuego, de las llamas, y, por ende, los colores del calor. Rojo y naranja son también los colores principales de la pasión, de la “sangre ardiente”, pues la pasión puede “arder” y “consumir” como el fuego. El simbolismo del fuego se une aquí con el de la sangre.
Si pensamos en las llamas, automáticamente nos las imaginamos de color rojo —aunque de hecho las llamas son amarillas o azules—. Y a pesar de haber visto cabezas de cerillas de muchos colores, éstas se imaginan siempre rojas.
Tan antigua como la creencia en el poder de la sangre es la adoración del fuego como fuerza divina. El fuego hace desaparecer el frío y ahuyenta los poderes de las tinieblas. El fuego purifica al tiempo que aniquila; es tan poderoso, que nada puede resistírsele. Todas las llamas se dirigen hacia arriba, a lo alto, y en ello se veía su origen divino, pues quieren regresar al cielo, del que descendieron a través del rayo.
El fuego es imagen de lo divino; es Dios mismo: en todas las religiones los dioses se aparecen como nubes de fuego. Moisés ve a Dios como una zarza ardiente. El Espíritu Santo se aparece como una llama. La Iglesia católica también celebra el Pentecostés de rojo; en este caso, el rojo simboliza la llama del Espíritu Santo. Y por eso el rojo litúrgico está también presente en las festividades de los Apóstoles y los Evangelistas.
Cuando aún se creía que la Tierra era un disco, se creía también que el rojo del atardecer procedía del fuego del infierno.
Allí donde el calor del Sol amenaza la vida, el rojo es el color de lo demoniaco. En el antiguo Egipto, el color rojo era símbolo de todo lo “malo” y “destructor”; era el color amenazador como el calor sofocante del desierto. “Hacer rojo” (=“hacer sangre”) significaba “matar”. Y un conjuro del antiguo Egipto reza así: “Oh Isis, líbrame de todas las cosas malas, perversas y rojas”.
En los países de clima frío, donde se busca el calor, el rojo tiene un significado positivo. En ruso, lo rojo (krasnij) es “hermoso, magnífico, bueno, valioso” (krasivej). El “rincón rojo” era el lugar de honor para los iconos. Unas “palabras rojas” son unas observaciones ingeniosas. La plaza Roja de Moscú es la “Plaza Hermosa” ya se llamaba así mucho antes de la revolución.
5. Rojo masculino y rojo femenino
El rojo es un color masculino, y esto se muestra en muchos significados. Goethe lo llamó el “rey de los colores” —no la “reina” [“color” en alemán (Farbe) es femenino]. El rojo masculino es el color de la fuerza, la actividad y la agresividad. Es el polo opuesto al pasivo, suave azul y al inocente blanco. El fuego es masculino, el agua femenina. Rojo es el color de Cristo, azul el de María → fig. 18. También en China es el rojo uno de los colores masculinos; los femeninos son allí el blanco y el negro → Amarillo 14. El rojo puede ser, incluso, el opuesto masculino del amarillo: en los frescos egipcios, las mujeres tienen la piel amarilla, y los hombres roja → figs. 22 y 33.
En todas las lenguas hay nombres de varón que significan “rojo”. En latín tenemos Rufus, y en Inglaterra y en Estados Unidos Roy es un nombre muy común, cuya proximidad a royal a nadie se le escapa —con lo que tenemos “rojo real”. El cantante Roy Black tenía un nombre artístico “bicolor”. El nombre del popular Robin Hood es un nombre “rojo”, derivado de Rubin, y Robinson significa “hijo de Robin”. Adán significa “hecho de arcilla roja”. La palabra germánica hroth significaba Ruhm [gloria, fama]. Fonéticamente es muy parecida a rot [rojo], y corresponde al simbolismo de la sangre, pues hroth era la gloria del guerrero. Esta palabra se encuentra en muchos nombres alemanes, como Ruprecht, Robert, Roger, Roland, Rüdiger, Rudolf, etc.
En cambio, apenas hay nombres rojos de mujer. Escarlata y Ruby son dos nombres muy recientes. El nombre de Susanna o Susana es un nombre antiguo de origen hebreo-griego que, originariamente, era el nombre de una azucena roja.
En todas las lenguas, la palabra para rojo es también un apellido bastante extendido. En alemán aparece casi siempre escrita Roth, lo cual revela que la palabra rot perdió la “h” como consecuencia de las reformas ortográficas, mientras que la forma utilizada como apellido no sufrió ningún cambio. Roth aparece muchas veces combinada con otras palabras en apellidos, como el de la familia de banqueros Rothschild; a veces otras palabras “rojas” se convierten en apellidos, como Rubinstein.
En contraste con “rojo”, “azul” es raro como apellido. Como durante siglos los apellidos se continuaron sólo por la línea masculina, todo lo femenino resultaba impropio en apellidos. Son frecuentes los nombres de animales de género masculino, como Buey, Toro, etc., y raros los nombres de género femenino, como podría serlo Vaca. Y, en alemán, el apellido Mann (=hombre) es muy frecuente, mientras que Frau (=mujer) es extremadamente raro.
Sin embargo, cuando se pregunta por el color de lo masculino, apenas se nombra el rojo. En las correlaciones de colores con “masculino” y “femenino”, sólo el 5% de los encuestados nombró el rojo como color masculino, mientras que el 25% lo señaló como color femenino.
Las razones son conocidas: los colores de los recién nacidos son azul claro y rosa. Como el color para las niñas es el rosa, y el rosa viene del rojo, el rojo queda asociado a lo femenino. Pero estos colores para los niños empezaron a usarse alrededor de 1930, y esta moda está en trance de desaparecer → Rosa 5. Por eso, el rojo será, cada vez más, nombrado como color masculino.
Pero hay un rojo típicamente femenino: el rojo oscuro. En las religiones próximas a la naturaleza hay un simbolismo de la sangre relativo al sexo. El rojo masculino es el luminoso rojo sanguíneo de la carne, y el femenino es el rojo oscuro que simboliza la sangre de la menstruación. Para fertilizar la tierra se vertía en ella sangre de la menstruación. Otra superstición es que bebiendo sangre de menstruación, una mujer podía obtener el amor de cualquier hombre.
También la Iglesia católica distingue los efectos de la sangre masculina y la sangre femenina. En la Eucaristía se bebe simbólicamente sangre, la sangre de Cristo, pero, por otro lado, algunos sacerdotes excluían a las mujeres menstruantes porque profanaban el altar.
El rojo claro y el rojo oscuro se complementan como los contrarios “masculino” y “femenino”. El rojo claro simboliza el corazón, y el oscuro el vientre. El claro simboliza la actividad, mientras que el oscuro es un color quieto, uno de los colores de la noche. Por eso produce el rojo oscuro un efecto completamente distinto al del claro cuando ambos están junto al negro.
6. El color de la alegría
La alegría / el gozo de vivir: rojo, 22% · amarillo, 20% · naranja, 15% · verde, 13% La felicidad: oro, 22% · rojo, 15% · verde, 15% · amarillo, 13%
Oro, rojo y verde —esto es: dinero, amor y salud— son los colores de la felicidad. Pero el oro es menos nombrado como color y más como metal noble; por eso es el rojo el color principal de la felicidad.
La idea de un color de la felicidad es especialmente popular en China: como en los restaurantes a menudo se celebran eventos felices, en la mayoría de los restaurantes chinos abunda el color rojo. Para la fiesta del Año Nuevo chino, que coincide con nuestra Navidad, se cuelgan carteles rojos en los que se leen deseos de felicidad para el nuevo año escritos con letras doradas. A los niños se les regala dinero en bolsas rojas. Un regalo típico de Año Nuevo son los huevos, que al igual que nuestros huevos de Pascua, simbolizan todo lo que comienza. Estos huevos son siempre rojos.
En los países occidentales, san Nicolás reparte los regalos pequeños, y Papá Noel los grandes —y ambos visten de rojo. San Nicolás —o Santa Claus— viste de rojo también porque el santo histórico era el obispo Nicolás de Myra, que vivió en torno a 300-350, una época en que el color de los obispos no era el violeta, como ahora, sino el rojo.
Como el rojo es el color de la felicidad, los niños chinos visten sobre todo de rojo. En la novela de Pearl S. Buck Viento del Este, viento del Oeste, una mujer china visita a una madre estadounidense y describe asombrada el modo de vestir a los niños norteamericanos: “La madre me mostró también la ropa de los niños. Todas las prendas interiores eran blancas, y hasta al niño más pequeño lo envolvía en ropa blanca de la cabeza a los pies. Pregunté a la madre si el niño vestía de luto por algún pariente fallecido, porque el blanco es el color de la aflicción y el duelo, pero ella contestó que no, sino que lo hacía para tener al niño limpio. […] Luego vi sus camas; los sobrecamas también eran blancos, y daban una impresión completamente sombría. No podía entender por qué había tanto blanco, el triste color del dolor y de la muerte. A un niño hay que vestirlo o envolverlo en los colores de la alegría: escarlata, amarillo y azul. Nosotros vestimos a los niños de rojo escarlata de la cabeza a los pies para expresar nuestra alegría por haberlos traído al mundo. Pero entre estos extranjeros no había nada natural.”
Las chinas se casan también de rojo. El signo chino para “rojo” contiene también el signo para “seda”, pues sólo los trajes de fiesta se hacían con las telas rojas. También las mujeres hindúes llevan vestidos rojos en su boda. El rojo es el color sagrado de Lakshni, la diosa india de la belleza y la riqueza. En la antigua Roma, donde existía el oficio del tejedor de velos de novia, las novias llevaban un “flamante” velo rojo, el flammeum.
Hay un escarabajo, la mariquita, que ha llegado a ser símbolo de felicidad por su color rojo. Es el único escarabajo que encontramos gracioso; y hasta es útil: se alimenta de parásitos. Por eso le cupo a este escarabajo rojo el honor de llevar el nombre de María.
Y cuando vemos marcado con rojo un día del calendario, suponemos que será un día afortunado.
7. Corales y caperuzas rojas contra el mal de ojo
El color rojo protege de las miradas malignas de los demonios y los envidiosos. En otros tiempos se pensaba que los recién nacidos aún no bautizados estaban especialmente expuestos a esas miradas —algo que no debe sorprendernos si tenemos en cuenta la alta mortalidad de niños y madres en los alumbramientos. Cuando las pinturas de la edad media representan una escena de parto —casi siempre el nacimiento de un santo —, el lecho tiene una cobertura roja, y casi siempre también un baldaquín y unas cortinas del mismo color, para hacer del lecho un lugar protegido contra todo mal → fig. 37.
Las almohadas en que antiguamente se transportaba a los recién nacidos eran rojas o con lazos rojos → fig. 17. Hasta alrededor de 1930 se vestía a los recién nacidos y a los niños pequeños con faldones blancos, pues antes no había pantaloncitos. Casi siempre los faldones blancos de niños y niñas se ceñían con una cinta roja. En pinturas antiguas, hay niños a los que de la cinta roja les cuelga un coral rojo semejante a un gran diente. Estos amuletos se usaban también como chupetes.
Aún hoy suelen hacerse amuletos de coral rojo. En Italia es frecuente una mano roja como talismán protector contra el mal de ojo. En los lugares de peregrinación aún se ven ranas de cera roja; son “ranas-útero”. Como antiguamente se comparaba el útero de una embarazada a una rana, con estas ranas de cera se pide un buen parto. Y, en Alemania, las embarazadas ponían delante de la Sagrada Custodia un Fatschenkindl —como se llamaba a los niños envueltos y arrebujados en las almohadas de las cunas (fatschen es una antigua palabra para quatschen [prensar, aplastar])— también de cera roja.
Y Caperucita lleva una caperuza roja como protección mágica contra el malvado lobo.
8. Cerca y alto
La cercanía: rojo, 28% · naranja, 12% · amarillo, 12% · verde, 10% La voz alta: rojo, 28% · amarillo, 25% · naranja, 23% · negro, 12% La extraversión: rojo, 27% · naranja, 19% · amarillo, 19% · oro, 10% · violeta, 8%
Como el calor, y como todo lo que suena alto, el rojo actúa siempre en la cercanía. Y, ópticamente, el rojo se sitúa siempre delante. Pocos son los cuadros en los que el color del fondo es rojo, y en todos los casos son cuadros en los que el efecto de profundidad está ausente.
Si se observa a los paseantes en un espacio abierto, los que visten de rojo parecen más cercanos que los que, estando a su misma distancia, visten de verde o de azul. El rojo es por lo general el color de los extrovertidos. El rojo no puede quedar en segundo plano.
En este contexto, el polo opuesto al rojo es siempre el azul. Azul es lo frío, lo que suena bajo, lo lejano. Azul es lo inmaterial. En el antiguo simbolismo, el rojo es el color de la materia, por ser la materia lo próximo y tangible. Este simbolismo está aún vivo: la cantante Madonna lleva en su videoclip titulado Material Girl —que trata de una mujer interesada en cosas materiales, como las joyas y el dinero— naturalmente un vestido de color rojo luminoso. Ningún otro color es tan materialista.
Rojo y azul son colores psicológicamente contrarios. Las tablas de colores muestran este constraste entre rojo y azul en todas sus variaciones → primer grupo de láminas, después de la pág. 48.
9. El color de la nobleza y de los ricos
Antes, el color de un abrigo, de un vestido o de un traje no era una cuestión de gusto, sino un símbolo de estatus que inmediatamente mostraba a todo el mundo quién era quien. Hasta la época de la Revolución Francesa hubo legislaciones en el vestir que establecían qué colores podían llevarse. Había colores, tejidos y prendas propios e impropios de cada estamento. Estas normas distinguían colores, tejidos y prendas para la alta y la baja nobleza, el alto y el bajo clero, los burgueses ricos, los burgueses pobres, los campesinos ricos, los campesinos pobres, los criados y los siervos, las viudas y los huérfanos sin fortuna, y los mendigos. Nadie podía vestir más lujosamente de lo que le correspondía según su clase social. La policía se incautaba de todo atuendo inadecuado a la clase a la que se pertenecía.
Cuanto más tejido se empleaba en una prenda de vestir, más elegante era. Las telas eran tan caras, que “estar envuelto” en ellas significaba lo mismo que “ser rico”. Hasta el siglo XX, las campesinas y las mujeres de obreros o de humildes empleados no poseían más de dos vestidos de verano y dos de invierno —y de cada par, uno para los domingos y otro para los días laborables. Y todos los usaban durante años y años. De los vestidos gastados se hacían blusas y mandiles.
Durante siglos se consideraron hermosos sólo los colores puros y luminosos. En consecuencia, los colores luminosos eran privilegio de las clases superiores. Tal era la norma: colores luminosos para los ricos, colores apagados para los pobres.
Carlomagno (742-814), que declaró su residencia en Aquisgrán, centro del Sacro Imperio Romano de la Nación Alemana, hizo pintar el palacio imperial y la catedral, donde estaba su trono, de brillante color rojo. No habría podido demostrar su poder sobre la Iglesia con más claridad: lo que era rojo, pertenecía al emperador.
La valoración de los colores puros y luminosos era indisociable de su precio. Cuanto más luminoso era un color, más caro, pues era difícil limpiar de impurezas los tintes naturales. El rojo era el color más caro en las tintorerías: la fabricación de los tintes era difícil, el teñido costoso, y los tintes e ingredientes necesarios para teñir de rojo había que importarlos → Rojo 10. El verde era un color pequeñoburgués. El azul sólo era un color distinguido si era un luminoso azul celeste, siendo el azul oscuro el color común de las ropas sencillas de labor y de la vida cotidiana. Los pobres sólo podían vestir ropas sin teñir, es decir, pardas y grises.
La antigua creencia de que el rojo da fuerza y poder se evidencia en el hecho de que la nobleza dominante prohibiera a sus súbditos vestir de rojo. Quien vestía de rojo sin pertenecer a la clase que podía usarlo, era ejecutado.
La prenda de vestir típica de la edad media era una capa cortada a la manera de los trajes talares. Sólo los nobles podían tener esa capa de color rojo, que en su caso llegaba hasta el suelo y tenía pliegues en campana y anchas mangas. Las capas, o capotes, de las clases inferiores eran, en cambio, de colores apagados, tejidos baratos, largas sólo hasta las caderas y sin mangas.
Cuando la nobleza perdió su poder económico, perdió también el privilegio de la capa roja. En 1498, una disposición de la villa de Friburgo permitió llevar capa roja a los hombres de letras. En el periodo 1524-1525, en la Alemania sacudida por la llamada guerra de los Labradores, éstos se rebelaron contra su explotación por la nobleza y exigían, entre otras cosas, el derecho a llevar capa roja —como signo de su revalorización social—. Fue inútil. Sofocadas las rebeliones, los campesinos, derrotados, se quedaron con menos derechos que antes.
Pero un pequeño estrato de burgueses, los patricios, llegaron a ser, gracias al comercio, más ricos que los nobles. Y ellos no permitieron que se les reglamentara la vestimenta. Los patricios convirtieron el rojo en el color de los ricos. En el renacimiento, el rojo era el color más apreciado por mujeres y hombres, jóvenes y viejos.
Quien podía vestir de rojo se casaba también de rojo. Hasta mediados del siglo XVIII, las patricias de Nuremberg se casaron de rojo, y sus novios vestían calzones rojos.
En la moda del siglo pasado, los colores luminosos casi han desaparecido de la ropa masculina. Y en la moda femenina dominan igualmente los colores apagados. Niños y adolescentes visten cada vez más como adultos. A un hombre del renacimiento le hubieran desagradado los colores atenuados de nuestra moda.
Pero algo quedó del rojo de los nobles: aún hoy se desenrolla a la entrada de la ópera, de un teatro o de un hotel la “alfombra roja” para los reyes.
El Gotha, o libro de la nobleza, en el que figuran todos los nobles, se halla tradicionalmente encuadernado en rojo. Y en Inglaterra, el Calendario de la Nobleza se llama The Red Book.
La caza del zorro es un deporte real, por eso lucen los cazadores chaquetas de un luminoso rojo. Estas chaquetas se denominan redingotes — abreviatura de red riding coat. Y los abrigos confeccionados en el estilo de estas chaquetas —muy ajustadas, de ancha caída y doble botonadura— se denominan aún hoy redingotes cualquiera que sea su color.
En el siglo XVIII, a la nobleza sólo le quedó un privilegio simbólico en el vestir. En el cuadro de la coronación de Luis XIV, pintado en 1701 por Rigaud, el lujo que rodea al rey es azul, blanco y dorado, los colores de los Borbones. Bajo el manto azul de la coronación, Luis XIV aparece vestido enteramente de seda blanca: unos cortos bombachos —más cortos que la más breve de las modernas minifaldas— y unas medias blancas de seda, y zapatos blancos. Sólo un detalle es rojo: los tacones de sus zapatos → fig. 19. Llevar zapatos con tacones rojos era un privilegio de la nobleza.
10. Color de lujo (extraído de cochinillas) para reyes, cardenales y barras de labios
La historia de las telas rojas es un capítulo de la historia del lujo.
El rojo más noble es el rojo púrpura. En su coronación, los reyes lucen mantos púrpura, y es conocida “el púrpura cardenalicio” de los cardenales. Púrpura son también los trajes talares de los jueces de los tribunales superiores. Quien habla del rojo púrpura no puede evitar pensar en él como color simbólico del poder. Pero ¿qué clase de rojo es el rojo púrpura? ¿Es como el de los tomates, como el de las fresas o como el de las cerezas maduras?
El auténtico púrpura es un violeta como el de las amatistas. Este púrpura violeta era el color más costoso de la antigüedad; su producción era un secreto de los tintoreros imperiales de la corte bizantina. Con la caída de Constantinopla se perdió el secreto de su producción, y el púrpura se convirtió en rojo. A partir de entonces, las telas más ricas se tiñeron con el que era el segundo tinte más caro, el rojo. El púrpura violeta se quedó en púrpura rojo → Violeta 3.
El púrpura rojo se obtenía de unos insectos hembras parecidos a las cochinillas. Estos insectos, también llamados quermes, viven en las coscojas mediterráneas, árboles achaparrados de hoja perenne semejantes a las encinas. Los quermes son redondos y del tamaño de un guisante, sorben la savia de las hojas, ponen unos huevos llenos de un jugo rojo y mueren sobre los huevos. De su nombre provienen los nombres carmesí y carmín.
Con un kilo de tinte de quermes se pueden teñir diez kilos de lana, y para obtener ese kilo hay que recoger 140.000 quermes de las hojas con pequeñas espátulas de madera. Una vez secos, los insectos son reducidos a un polvo rojo.
La producción era laboriosa, lo cual encarecía el tinte. Pero este rojo carmín no era apreciado sólo por su intensidad, sino, aún más, por su estabilidad a la luz. La mayoría de los tintes naturales palidecen pronto, y no es posible teñir con ellos prendas caras que se puedan usar durante varias generaciones. Los fenicios ya teñían de rojo de quermes la lana, la seda y el cuero. Con este tinte están teñidos los aún hoy luminosos tapices rojos medievales. Y aún hoy llevan los marroquíes como atuendo festivo común el fes, una capa roja, teñida de rojo carmín, sobre una túnica blanca, como prescribe el Corán.
Como todo lo que era caro, el rojo de quermes se usó también como medicina. Se creía que un jarabe elaborado con quermes curaba las “enfermedades rojas”.
Otro célebre tinte rojo, conocido desde la antigüedad, es el de granza. Se obtiene de esta planta, un arbusto de flores amarillas. El tinte se halla en las raíces, que, al secarse, toman un color rojo luminoso, y luego son molidas. La granza se conserva bien, y tras varios años almacenada tiñe incluso mejor —algo ideal para el comercio. Con granza se fabricaron tintes textiles y también colores para pintores → Rojo 18.
Para que el colorante de quermes o de granza se fije bien al tejido, éste se trata con mordientes. Para teñir de rojo se usaba alumbre, que había que importar de Egipto o de Turquía. Ésta es una razón más que explica por qué los tejidos rojos eran tan caros.
El teñido de rojo exigía un trabajo intenso. En la época en que las tintorerías estaban ya muy desarrolladas, los manuales de los tintoreros mencionaban aún diecisiete pasos necesarios para teñir de rojo, y el proceso duraba de cinco a ocho días.
En 1434, en una época en que sólo los nobles podían usar prendas rojas, Jan van Eyck pintó uno de los cuadros más célebres del mundo, que actualmente se halla en la National Gallery de Londres: El matrimonio Arnolfini. Es un cuadro que representa de manera realista los esponsales de una pareja de ricos burgueses. Él lleva un suntuoso manto de piel, y ella un lujoso vestido verde primaveral, y ambos se hallan en una habitación en la que se ve una cama roja con cortinas también rojas → fig. 37. Son ricos, muy ricos, pues de otro modo no habrían podido hacerse retratar por Van Eyck. Y puede preguntarse, con razón: ¿por qué una pareja tan rica se hace retratar delante de su cama? Una cama la tiene cualquiera. Además, es tan evidente que la novia está embarazada, que huelga toda indicación sobre ese aspecto de la relación. (Las explicaciones de algunos estudiosos, según las cuales la mujer no está embarazada, sino que lleva un vestido muy abultado, conforme a la moda de la época, no se ajustan al espíritu de esa misma época, sino al de principios del siglo XX, cuando las novias embarazadas se consideraban personas inmorales.) La cama roja es seguramente un símbolo de estatus elevado, pues cuando se pintó este cuadro, los colorantes rojos eran los más caros. A burgueses como los Arnolfini no les estaba permitido vestir trajes rojos, pero los burgueses sí podían tener, como protección contra el mal de ojo, según la superstición tradicional, una cama roja —si podían permitírselo. Esta cama roja era tan cara, que debía aparecer en el cuadro.
La mejor granza se importaba de Asia Menor. En la Europa central se intentó durante siglos aclimatar esta planta y, en el siglo XVI, los holandeses consiguieron finalmente cultivar granza de la mejor calidad. Las prendas rojas quedaron entonces al alcance de todos. De modo que no fue sólo la pérdida de poder de la nobleza lo que hizo del rojo un color burgués.
Holandeses distinguidos vestían trajes de seda roja, y los campesinos pantalones y chaquetas rojas en los días de fiesta. Las mujeres tenían predilección por las enaguas rojas, que destellaban bajo los vestidos negros. La pintura holandesa gustaba entonces de las escenas de la vida cotidiana, y en ellas todos iban de rojo, lo mismo los señores mientras patinaban que las sirvientas mientras cocinaban.
No fue sólo el cultivo europeo lo que abarató la granza. Otro acontecimiento de la época contribuyó al desclasamiento del rojo: el descubrimiento de América. De México llegó un nuevo rojo: el rojo de las cochinillas. Los mayas teñían ya con este tinte. En 1526, los marinos españoles importaron por primera vez la cochinilla mexicana. Más tarde llevaron a España los cactus en los que vivían las cochinillas. El rojo de los insectos mexicanos era el más hermoso e intenso.
A mediados del siglo XIX, las artes de los tintoreros se tornaron superfluas ante las de los químicos. Se habían descubierto los colores de anilina, y el rojo de granza fue el primer tinte desplazado por una sustancia sintética.
En 1871, la Fábrica de Colores de Anilina y Soda de Baden —la actual empresa de productos químicos BASF— consiguió producir rojo de granza sintético. Pero el kilo costaba 270 marcos, mientras que el kilo de colorante natural costaba 60 marcos. Los cultivadores franceses de granza, que proveían a toda Europa de la mejor granza, no se sintieron amenazados. Pero el rojo de granza artificial de Alemania se abarataba día a día. Para salvar al tinte natural francés frente al artificial alemán, el ejército francés cambió sus uniformes: los soldados debían llevar pantalones rojos de granza. De ahí les vino el nombre de “pantalones rojos”. Pero el apoyo estatal resultó inútil, pues en 1886, el rojo de granza artificial de Alemania costaba 9 marcos el kilo. Los cultivadores franceses capitularon. Y la granza desapareció como desapareció el glasto. En los campos donde cultivaban la granza, los franceses plantaron vides. Hace mucho que los colorantes de insectos del género de la cochinilla fueron sustituidos por los sintéticos. En España y en México todavía hay plantaciones de cactus de las cochinillas, pero se explica porque la sustancia orgánica colorante de las cochinillas se necesita para preparar medicamentos, alimentos, bebidas —como el Campari— y barras de labios.
11. El color de la agresividad, de la guerra, de Aries y de Escorpión
La ira: rojo, 52% · negro, 21% · naranja, 8% · verde, 8%
La agresividad: rojo, 37% · negro, 21% · naranja, 8%
La excitación: rojo, 37% · naranja, 18% · violeta, 11% · amarillo, 8%
Rojo-naranja-violeta es el acorde de la excitación. Cuanto más peligrosa se muestra la excitación, más color negro se le asocia: rojo-negro-naranja es el acorde de la ira, de la máxima agresividad.
El rojo es el color de la guerra. A Marte, el dios de la guerra, se le atribuía el color rojo, el color de la sangre, por eso el planeta Marte es el “planeta rojo”. El mes de marzo es el mes de Marte —de quien toma el nombre—, y marzo y abril son los meses de Aries. El que el carnero llegara a ser animal simbólico se debe a una antigua confusión: el dios romano de la guerra se llama en griego Ares, y un pequeño error de escritura dio como resultado alguna vez el nombre “Aries”, que significa carnero.
Aries es el primer signo zodiacal del año astrológico, porque en los tiempos precristianos el comienzo de la primavera era también el comienzo del año. También aquí el primer color es el rojo. Los astrólogos asignan, con excepcional unanimidad, a los nacidos bajo el signo de Aries el color rojo y todas las cualidades “rojas”. A Marte le corresponde también el signo de Escorpión. Naturalmente, estos signos no están relacionados solamente con las “cualidades rojas” negativas, como la agresividad y la ira, sino también con las positivas, como la actividad y el valor. A los “signos rojos” del Zodiaco les atribuyen los astrólogos, de acuerdo con la idea tradicional del rojo como color masculino, cualidades predominantemente masculinas → Rojo 23.
El rojo da fuerza, por eso los guerreros iban vestidos de rojo o se pintaban de este color. Casi todos los uniformes históricos son rojos: desde los que lucen los beefeaters ante el palacio de Buckingham hasta los de la guardia suiza del Papa. Antes de las batallas, los uniformes rojos permitían avistar desde lejos al enemigo, lo que contribuía a que, a veces triunfara la razón: ante la visión de un gran ejército, los enemigos inferiores en número huían.
Todavía en la Primera Guerra Mundial, Manfred von Richthofen, el “barón rojo”, hizo pintar de luminoso rojo su pequeño aeroplano de combate. Quería que sus enemigos lo vieran para así atraerlos. Fue el más célebre piloto de combate de la Primera Guerra Mundial; derribó ochenta aeroplanos, hasta que él mismo fue derribado.
El día 11 de noviembre, en que se conmemora a los caídos de la Primera Guerra Mundial, todos los ingleses llevan una amapola en la solapa. Estas amapolas son artificiales, y la reina de Inglaterra lleva a veces varias en un broche de amapolas guarnecido con diamantes. La amapola simboliza la sangre de los soldados vertida en los campos de batalla, donde florece la amapola.
12. Rojo con negro: el peligro y lo prohibido
El peligro: rojo, 40% · negro, 22% · naranja, 14% · amarillo, 14%
Lo prohibido / lo no permitido: rojo, 35% · negro, 26% · violeta, 12% · marrón, 8%
El ámbito más cotidiano donde podemos estudiar el simbolismo moderno de los colores es el del tráfico automovilístico. El color más importante es el rojo. Quien se salta un semáforo en rojo se encuentra con una multa, porque pone en peligro a los demás. Y cuando cualquier instrumento de medida señala algo en rojo, es que algo no marcha bien.
¿Cómo se establecieron los colores de los semáforos, que son los mismos en todo el mundo? A la luz del día, el color más claro es el amarillo, siguiéndole, por este orden, el rojo, el verde y el azul. En el crepúsculo, el color que mejor se ve es el verde, luego el amarillo, luego el azul y finalmente el rojo. ¿Por qué se eligieron los colores de los semáforos sin tener en cuenta su claridad?
Porque el que los colores se vean mejor o peor no depende sólo de ellos; más importante es el medio en que el color aparece. El azul no está en los semáforos porque no contrasta con el cielo. Una luz amarilla tendríamos que distinguirla de las lámparas de la calle y de los faros de los demás coches. El verde lo encontramos continuamente en todos los paisajes —pero no es tan importante ver la luz verde, ya que significa “vía libre”. Como el rojo es, de día y de noche, el color menos natural en el cielo y en el paisaje, es el más importante de los semáforos.
Cuando un color es tan importante como símbolo que no puede ser ignorado, se le refuerza con símbolos no cromáticos. Para que los daltonianos se aclaren con los semáforos, en todo el mundo la luz roja se halla arriba y la verde abajo. Y los semáforos para los peatones muestran además una figura quieta y otra caminando —una imagen más concreta que pueda ser comprendida incluso por los niños.
El simbolismo de los semáforos, profundamente interiorizado por todo el mundo, se ha extendido a otros dominios. Rojo significa: ¡alto!, ¡peligro! Los frenos de emergencia y los botones de alarma son rojos. En los globos, el cabo del que sólo puede tirarse para hacerlos descender es rojo. El color rojo dice: ¡deténgase!, ¡prohibida la entrada! Una luz roja en la puerta de un estudio radiofónico o de una sala de operaciones prohíbe el acceso.
En el fútbol, un jugador tiene prohibido seguir jugando cuando el árbitro le enseña la “tarjeta roja”.
Desde la señal que prohíbe estacionar hasta el cartel que prohíbe fumar, las señales de prohibición tienen internacionalmente dos elementos comunes:
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Un margen rojo.
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Forma redonda.
13. Rojo con violeta y rosa: rojo con sexo
Lo seductor: rojo, 35% · violeta, 14% · rosa, 12% · negro, 10% · oro, 8%
La sexualidad: rojo, 50% · rosa, 10% · violeta, 8% · negro, 8%
El erotismo: rojo, 55% · negro, 15% · rosa, 12% · violeta, 10%
Rojo-violeta-rosa es el acorde típico de lo seductor, de la sexualidad. Al amor corresponde el delicado rosa, pero cuanto más se asocia el amor a la sexualidad, con más fuerza entra el violeta. El violeta se halla, moralmente, entre el bien y el mal, es el color de la ambivalencia, porque oscila entre el rojo y el azul. El violeta es también el color de la decadencia, porque tiende al negro. Ningún otro color resalta tanto el erotismo del rojo como el violeta.
El rojo con el violeta y el rosa es una combinación excepcional, sobre todo para el gusto europeo. Desde una posición conservadora, esta combinación es el grado más bajo del mal gusto. Y, sin embargo, es un acorde frecuente en la pintura moderna, que lo considera armónico, pues al fin y al cabo el rojo, el rosa y el violeta son colores emparentados.
La combinación rojo-violeta o rojo-rosa nunca ha sido popular en la moda. Sólo en la época del pop art, en torno a 1970, cuando se usaban tantos colores como era posible y llegaron los “colores chocantes”, se consideró elegante la combinación de rojo con violeta y rosa porque era chocante. En la moda masculina actual, esta combinación está ausente, y en la femenina se encuentra en todo caso en la moda de noche y en tejidos brillantes.
Una mujer que no sea consciente de la extravagancia de esta combinación de colores, no debería llevarla, pero una mujer que sabe lo que hace utilizará la combinación rojo y violeta como una refinada muestra de seducción y gusto extraordinario. Las mujeres que combinan el rojo con el violeta o con el rosa, en su mayoría han estudiado arte. La pintora Elvira Bach y la diseñadora Paloma Picasso llevan a menudo vestidos largos de noche en rojo-rosa.
14. El color de lo inmoral. Colorete y pelo rojo ¡Dios nos libre!
Lo inmoral: rojo, 25% · violeta, 20% · negro, 20% · rosa, 10%
Cuanto más negro pecaminoso y más violeta decadente se combinan con el rojo, más inmoral se nos antoja la combinación. El diablo viste de rojo y negro. El infierno es rojo, también en el más acá —donde brillan ciertas luces rojas. Y una tenue luz roja crea un ambiente de pecado.
El rojo es el color típico de las meretrices. “No te pongas tanto rojo, que te tomarán por una pelandusca”, advertían antes las madres a las hijas.
En el Nuevo Testamento encontramos a la “madre de las fornicaciones”, una mujer vestida enteramente de rojo. En traducciones actuales, este rojo se define como “escarlata y púrpura”, y Lutero lo tradujo como “escarlata y rosa”. Da igual qué rojo sea: no tiene ninguna base histórica despreciar el rojo por ser el color de las prostitutas. Mientras el color de la vestimenta tuvo significado social, el rojo fue el color del máximo prestigio. Durante siglos, sólo los reyes podían vestir de púrpura, y sólo los nobles de rojo. Un dicho antiguo: “rojo y púrpura no convienen a los ropajes vulgares”. La “madre de las fornicaciones” vestida de rojo era imaginada más bien como una reina, pues incluso se dice que estaba enjoyada de oro.
Sólo en el siglo XX, cuando todo el mundo podía elegir libremente el color de su vestimenta, pudieron hacerse interpretaciones psicológicas de los colores indumentarios. Sólo cuando las democracias hicieron importante al ciudadano medio nació la moral y la moda del término medio en el color, y la idea de que “lo correcto es lo que no llama la atención”. Sólo entonces se identificaron los colores discretos con la seriedad y los llamativos con la inmoralidad.
El desprecio por los cabellos rojos es, en cambio, una tradición más antigua. En la edad media, las mujeres pelirrojas podían temer que las quemaran por brujas, sobre todo en Alemania y en España, donde las personas pelirrojas son la excepción. El motivo era que a menudo los niños pelirrojos no eran hijos de padres pelirrojos, y en la edad media estaba extendido el temor a los cambios de bebés. Ocurría a menudo de forma accidental, y, a menudo, también se cambiaba intencionalmente a un niño sano por otro enfermo o deforme, y estos cambios los hacían “malas personas” o el mismo diablo —Wechselbalg, es decir, “suplantado” se llamaba en Alemania a un niño cuyos padres se preguntaban si de verdad era su hijo. Cuentos y leyendas hablan frecuentemente de estas criaturas.
Un niño pelirrojo de padres que no eran pelirrojos era motivo de recelo —¿habría hecho el diablo un cambio?
También los hombres pelirrojos estaban ligados al diablo. A Judas Iscariote, el traidor, se le ha pintado a menudo con cabellos rojos. Un viejo refrán alemán dice: “Roter Bart — Teufelsart” [Barba roja, cosa del diablo], y otro: “Rote Haare — Gott bewahre!” [Pelo rojo -¡Dios nos libre!]. Hasta los zorros y las ardillas eran animales del diablo por el rojo de su piel. De ahí el dicho alemán “el diablo es una ardilla”. En Inglaterra, la ardilla simbolizaba en otros tiempos a las prostitutas.
La tradición sigue viva pues una Virgen moderna con cabellos rojos se consideraría aún hoy como una imagen blasfema. Y todavía se cree que las pelirrojas son especialmente pasionales. Como los cabellos rojos no son propios de “mujeres decentes”, las mentes conservadoras todavía los ven como típicos de las meretrices.
En Irlanda, donde hay muchos pelirrojos, la cosa cambia. El personaje de Scarlett O’Hara, de la novela de Margaret Mitchell Lo que el viento se llevó (1936), dio fama al nombre Escarlata y al color “rojo escarlata”. En la novela de Mitchell, todos los personajes principales aparecen caracterizados con nombres de colores. La pasional y poco convencional Escarlata está casada con Rhett, nombre fonéticamente muy parecido a red. Escarlata se siente extrañamente atraída por Ashley, el hombre gris ceniza, cuyo nombre se corresponde con su naturaleza descolorida y aburrida. Ashley está casado con Melanie, cuyo nombre significa “negro”, lo que simboliza su proximidad a Ashley y su contraste con la luminosamente roja Escarlata.
El nombre de Escarlata es también indicativo de su origen irlandés, considerado honroso —aunque “escarlata” es también sinónimo de “impúdico”—. En Lo que el viento se llevó, Mamy, el ama negra, que siempre mira por la decencia, sueña durante años con tener unas enaguas de tafetán rojo como las que llevó su madre, hasta que finalmente Rhett Butler se las regala. Ella las lleva de la forma debida en 1870, es decir, ocultas bajo el largo vestido negro pero oyendo su susurro mientras camina.
Un símbolo de inmoralidad propio de Inglaterra y en Estados Unidos es “la letra escarlata” (de la novela de Nathaniel Hawthorne, 1850), que es la letra A, inicial de adultery.
Las mujeres usan barra de labios para que parezca que tienen más sangre, y, por tanto, son más pasionales. Rouge, la palabra francesa para “rojo”, es el nombre con que se conoce en el mundo entero el cosmético rojo, o colorete, para las mejillas, usado para que la piel parezca más joven. En una canción de las Carmina Burana medievales hay un verso que dice: “Vendedor, dame el color”, y “el color” es, naturalmente, rojo —para las mejillas.
Durante siglos se fabricó el rouge con polvo de cochinillas secas. En el renacimiento, cuando la moda femenina exigía grandes escotes, las damas también se maquillaban de rojo el pecho. Pero el esmalte de uñas no apareció hasta 1924, año en que Peggy Sage lo introdujo en el mercado estadounidense.
15. El rojo político: color de la libertad, de los obreros y del socialismo
El rojo es el color más frecuente en las banderas. Las enseñas rojas se ven mejor. Pero hay otra razón, pues una enseña debe ser estable a la luz, y antiguamente pocos colores lo eran tanto como los rojos de granza y de quermes.
Las banderas rojas aparecen continuamente en la historia como banderas de guerra.
En 1792, los jacobinos declararon la bandera roja, bandera de la libertad.
En 1834, en el motín de los tejedores de seda de Lyon, la bandera roja de la libertad se convirtió en la bandera del movimiento obrero.
En la Revolución rusa de 1907, la bandera roja del movimiento obrero se convirtió en la bandera del socialismo y el comunismo.
El rojo es el color político del marxismo-leninismo, pues en ruso “rojo” es mucho más que un color. “Rojo” (krasnij) pertenece a la misma familia de palabras que “bello”, “magnífico”, “bueno” (krasivej). “Los rojos” eran “los buenos”. Y el “ejército rojo” era el “glorioso ejército”.
El anticomunismo, en cambio, hablaba del “peligro rojo”, y llamaba a los ministros de los estados socialistas los “zares rojos”. A la República Popular China se la llamó la “China roja”.
Según sus adversarios políticos, “los rojos” son también los socialdemócratas, los radicales de izquierda o los terroristas. La psicología lo sabe: cuanto más débil es la propia posición política y el propio color, más fuerte aparece el color del adversario político.
La reserva alemana ante las banderas rojas es también el recuerdo del régimen de Hitler. Hitler eligió deliberadamente el rojo como color de fondo de la bandera con la esvástica. Para establecer un partido de masas necesitaba las simpatías de los trabajadores: Hitler eligió el rojo por su referencia psicológica al movimiento obrero.
16. El color de las correcciones, los controles y la justicia
Todo escolar sabe que el rojo es el color de las correcciones. Con rojo se indican también los precios rebajados. “Aquí manda el lápiz rojo”, “nuestros precios se ponen al rojo”, dice a veces la publicidad en algunos países. Como también se dice, en la planificación y la dirección empresarial, que algo ha sido “víctima del lápiz rojo” con el significado de haber sido suprimido o tachado por falta de dinero; o que alguien tiene su cuenta corriente en “números rojos” cuando el saldo es negativo. El rojo es aquí una advertencia.
“El hilo rojo” que recorre un acontecimiento nada tiene que ver con el hilo que Ariadna dio a Teseo para poder salir del laberinto del Minotauro. El origen de esta expresión es un truco mediante el cual la marina inglesa asegura sus cabos y maromas contra los robos: todos los cabos tienen entre sus fibras un hilo rojo que, sin ninguna duda, identifica a la marina inglesa como su propietaria. Para quitar ese hilo, el ladrón tendría que deshacer el cabo.
Una curiosidad inglesa, conocida de los lectores de novelas policiacas, es el red herring o “arenque rojo”. Pero no es un pez, sino un extravío, una pista falsa, que debería llamar la atención, pues los arenques no son rojos.
El rojo es también el color de la justicia, pues durante siglos las sentencias establecieron que la sangre debía repararse con sangre. En las villas medievales se izaban banderines rojos los días en los que iba a celebrarse un juicio. Los jueces firmaban con tinta roja las sentencias de muerte. Y el verdugo vestía de rojo.
Aún hoy los jueces de tribunales superiores visten toga roja. Los del Tribunal Administrativo de la República Federal de Alemania llevan togas de lana roja, y los del Tribunal Constitucional togas de seda roja.
17. El color del dinamismo
El dinamismo: rojo, 24% · plata, 22% · azul, 20% · naranja, 10%
La actividad: rojo, 25% · naranja, 18% · amarillo, 18% · verde, 15%
El rojo es activo, es dinámico. El artista Alexander Calder, inventor de las esculturas móviles y en continuo cambio, decía: “Amo tanto el rojo, que pintaría todo de rojo”.
No se puede imaginar para un coche de carreras otro color más indicado que el rojo. Todos los Ferrari que han participado en carreras de coches son rojos. Hay gente que cree que esto se debe a motivos psicológicos, para mostrar que Ferrari construye los coches más rápidos, pero para Ferrari el rojo es fruto de una casualidad afortunada.
Cuando, a comienzos del siglo XX, se organizaron las primeras carreras internacionales, el AIACR, la Federación Internacional de Clubes Automovilísticos fijó un color para cada nación. Para los fabricantes alemanes el blanco —luego también el color plata—; para Inglaterra el verde —el color típico del Jaguar es el racing green—; para Francia, el azul; para Holanda, el naranja; y para Italia, el rojo.
Para una bebida como la Coca-Cola, de efecto estimulante, ningún otro color es más adecuado que el rojo. Por el mismo motivo es el rojo uno de los colores preferidos de las cajetillas de cigarrillos, como, por ejemplo, las de Marlboro. El rojo se vincula a la imagen del fumador dinámico.
El rojo es el color simbólico de todas aquellas actividades que exigen más pasión que razonamiento. Los guantes de boxeo son tradicionalmente rojos.
18. El rojo de los artistas
El rojo es un color originario, también llamado “color primario” en la teoría de los colores, porque no es un color que resulte de la mezcla de otros. El rojo totalmente puro, el que no contiene mezcla alguna de amarillo ni de azul, se denomina “magenta”. Sorprendentemente éste es un rojo que parece tener una pizca de azul; muchos lo llaman “pink”, y lo tienen por una especie de violeta. Lo que tomamos por un rojo puro es técnicamente magenta con mezcla de amarillo → fig. 50.
Cuando los seres humanos aún vivían en cavernas y pintaban en sus paredes rocosas, conocían ya las pinturas rojas: eran “tierras rojas”. Las más conocidas son el ocre rojo o almagre y el bolo rojo, tierras ambas que contienen óxido de hierro. Cuando el hierro se oxida toma color rojo —Rost, la palabra alemana para “óxido” viene de “rojo” (rot). Algunas tierras rojas se encuentran en la naturaleza en fragmentos blandos, y otras en trozos duros como la piedra, que, ya en la antigüedad, se cortaban para hacer barritas para dibujar. Todos estos colores son perfectamente estables a la luz y a la intemperie; son los colores más sólidos que existen. Todas estas tierras rojas tienen tonos ligeramente pardos.
Pero en la antigüedad ya se conocía el rojo luminoso del cinabrio. Éste es un mineral que se presenta en forma de terrones rojos adheridos a las rocas, o de cristales violeta-pardos que se vuelven rojos al pulverizarlos. Posteriormente, los alquimistas descubrieron que el cinabrio es una combinación de azufre y mercurio. Las expresiones “todo esto no es más que cinabrio” y “fuera con todo el cinabrio”, que vinculan el color rojo al fracaso y la inutilidad, ilustran la vanidad de los esfuerzos de los alquimistas, quienes nunca dejaron de intentar obtener oro a partir de mezclas de mercurio y azufre: el resultado era siempre cinabrio.
El rojo carmín, el color de los quermes, es uno de los pocos colores que se empleó tanto para teñir tejidos como para pintar. El auténtico carmín de cochinilla se usa aún en acuarelas, y es un rojo de aspecto ligeramente azulado. No obstante, los pintores evitan este color, pues es muy poco estable a la luz.
El rojo de granza, obtenido de las raíces de esta planta, también es usado por los pintores, y también es poco sólido a la luz, pero se prefiere al rojo de quermes porque, aun diluido, es de una intensa luminosidad; es el llamado barniz de granza o barniz de rubia.
El rojo más estable y más caro de los pintores es el rojo de cadmio, un color sintético.
19. El color de los anuncios publicitarios
El rojo es un color omnipresente en la publicidad. Es el color de los anuncios —y ésta puede ser la razón de que el rojo sea un color cada vez menos apreciado—. En torno a 1950 era aún el color preferido de mucha gente. Era el símbolo del deseo de vivir de la posguerra. Luego comenzó la era del consumo, y el rojo, el color de los anuncios publicitarios, se convirtió en símbolo del bienestar. Pero vino el hartazgo.
En cuanto aparecen los anuncios en la televisión, muchos cambian automáticamente de canal, y las páginas de publicidad de los periódicos se pasan con automática celeridad. Después de que todo lo que podía colorearse hubiera sido coloreado, de que todo lo que debía ser resaltado, se hubiera impreso en rojo, no se veía más que este color por todas partes, y ya no se pudo más. Como casi todas las cosas existen también en rojo, apenas es posible emplear este color de forma creativa, de manera sorprendente pero a la vez con sentido → fig. 21.
La creencia en la eficacia ilimitada del rojo en la publicidad olvida lo siguiente: una información impresa en rojo, ópticamente llama más la atención que si está impresa en negro, pero como tiene aspecto “publicitario” no se lee, y un mensaje publicitario que no se lee vale tanto como nada —pero más caro, mucho más caro—.
A los publicistas no les gusta oír esto. Ellos prometen más atención del consumidor con un diseño generoso en el color; pero no es cierto. La razón más importante es ésta: un diseño con mucho color cuesta más, y, cuanto más cara la publicidad, más gana el publicista. Por este motivo seguirá la publicidad abusando de los colores, aunque sean inútiles para su propósito.
Por otro lado, está comprobado que en las revistas en las que abundan las imágenes en color, los anuncios en blanco y negro, que parecen pertenecer al texto, son los más leídos. El lector puede comprobar por sí mismo este efecto.
La escasa atención a los textos con letra roja tiene también una explicación en la psicología de la percepción. Las letras rojas se leen mal. El efecto teóricamente perseguido de las palabras que resaltan gracias al color rojo se torna en la práctica en su contrario.
En una campaña publicitaria estatal, hecha en Alemania, contra el trabajo clandestino → fig. 16, se leía: “Trabajos y ocupaciones ilegales: fraudulentos y antisociales”. El texto “Trabajos y ocupaciones ilegales” estaba impreso en blanco sobre un fondo negro y junto a él se veía una mano que daba a otra a escondidas un fajo de billetes. Las palabras “fraudulentos y antisociales”, impresas en rojo, no podían leerse a media distancia. Lo que a tal distancia quedaba ópticamente destacado era un mensaje contrario: el trabajo ilegal significa dinero negro directamente a la mano —el argumento más convincente en favor del trabajo clandestino.
También se distribuyeron pegatinas de esta campaña —que durante años se vieron en muchos vehículos de empresas— sin la segunda parte del mensaje, “fraudulentos y antisociales”. Las letras rojas sobre fondo negro no eran estables a la luz, se desvanecían, y la parte del mensaje que permanecía les gustaba mucho más a los trabajadores. Hay muchas campañas de este tipo.
La fig. 51 muestra el efecto de las letras de color sobre fondo también de color. Se observa que cuanto más vivo es el color de las letras, menos importante parece la información.
20. ¿Cómo reaccionan los animales ante el rojo?
Existe la creencia de que el color rojo excita al toro, pero los que realmente lo hacen son el picador y el banderillero. El torero podría usar perfectamente un trapo azul. El toro embiste contra lo que se mueve, contra la muleta del torero o contra el torero que huye sin muleta. La única razón del trapo rojo es disimular la sangre fresca.
Los animales oyen y huelen mejor que nosotros, y nosotros distinguimos mejor los colores. Los animales de vida nocturna pueden ver en la oscuridad, pero su capacidad para distinguir colores es escasa. Los únicos mamíferos que pueden ver los colores tan bien como nosotros son los monos antropoides. Ni siquiera los perros lazarillos distinguen entre el rojo y el verde —tampoco les resulta necesario: el perro puede reaccionar correctamente también sin semáforo. Sería demasiado peligroso confiar en que el perro lazarillo atendiera sólo al semáforo; el animal debe observar el tráfico, y se orienta mejor con el oído.
Los seres humanos vemos los colores en el espectro de rojo-naranjaamarillo-verde-azul-violeta. La mayoría de los animales tienen su espectro desplazado: ellos ven amarillo-verde-azul-violeta-ultravioleta; no ven el rojo, y sí el ultravioleta, que sigue al violeta y que resulta invisible para el hombre.
Creemos que algunos peces tienen el vientre rojo para atraer al sexo opuesto, pero ningún pez ve el rojo; ve una mancha ultravioleta que nosotros no vemos.
Tampoco las abejas y otros insectos ven el rojo, pero sí el ultravioleta. Muchas flores tienen partes ultravioleta. La visión de los insectos fue determinante en la selección de los colores de las plantas: las flores que son polinizadas por los insectos raras veces son rojas, por eso la amapola es negra en el centro.
Pero los pájaros sí pueden ver el rojo. Entre las flores tropicales hay muchas que son rojas, pues son polinizadas por los colibríes.
21. ¿Efectos milagrosos en ciegos? Cómo el rojo nos vuelve agresivos
Una y otra vez leemos que está científicamente demostrado que el color rojo actúa incluso cuando no se ve, pues hasta los ciegos sienten que las habitaciones pintadas de rojo están más calientes que las pintadas de azul o de blanco. Pero nunca leemos de qué manera se ha demostrado esto, que es lo primero que interesa al científico. ¿Fueron esos ciegos siempre ciegos o conocieron los colores? ¿Cuánto tiempo permanecieron en esas habitaciones antes de apreciar la temperatura? ¿Fue una breve impresión espontánea o una sensación más duradera? Y, sobre todo, ¿sabían los ciegos de qué color estaban pintadas las habitaciones?
Comencemos por los hechos indiscutidos: si a una persona se le vendan los ojos y se la conduce a distintas habitaciones de distintos colores, que ella no conoce, no nota ninguna variación de temperatura si las habitaciones están igual de calientes, o nota variaciones de temperatura que son totalmente independientes del color de sus paredes.
¿Habrá que creer que los ciegos tienen sensores secretos para los colores? ¿Innatos o adquiridos? ¿No hay que distinguir entre las personas que son ciegas de nacimiento y las que han perdido la vista? ¿Por qué habrían estado esos sensores hasta ahora ocultos a la ciencia? Pero, en lugar de especulaciones, bastan los hechos para explicar las cosas: también los ciegos de nacimiento aprenden, con el lenguaje, a asociar colores a cualidades. Aprenden que muchas cosas que “queman” son de color rojo, o que el rojo es el color del amor y de la pasión. Aprenden que la fría nieve es blanca, que las manos frías están “amoratadas”, o que el miedo puede ponerle a uno pálido, y que a los ciegos la envidia también les pone verdes —aprenden, en suma, el simbolismo de los colores igual que los videntes, porque hablan la misma lengua. Los ciegos aprenden el significado de cada color igual que el significado de cualquier otro concepto; en su caso es ciertamente más difícil, pero no distinto. Los ciegos también aprenden que los cuartos rojos parecen más cálidos que los azules o los blancos, y por eso pueden tener esa misma sensación —igual que la tienen los videntes— aunque de hecho no sientan nada.
Quien cree en los efectos mágicos de los colores, se interesa siempre por los efectos inconscientes, que se desarrollan sin el control del entendimiento, pero olvida que toda impresión espontánea es comprobada por el entendimiento, y si éste no la confirma, la impresión espontánea queda apartada como un error, con lo que no tiene un efecto permanente. Por eso, en este experimento también es decisivo saber cuánto tiempo permanecieron estas personas en las habitaciones.
Todos los misterios del experimento se desvanecen cuando se sabe que primero se informó al grupo de invidentes de cuál era el color de la estancia cuya temperatura tenían que apreciar. Y el experimento sólo funciona en este supuesto. Cuando los invidentes no saben de qué color está pintada la habitación, su estimación de la temperatura es tan independiente de los colores y tan insegura como la de los videntes.
Puede hacerse el siguiente experimento con personas que ven normalmente: se les vendan los ojos, se las conduce desde una habitación blanca a otra también blanca, pero se les dice que la segunda habitación es roja. La mayoría siente que la habitación supuestamente roja, que en realidad es blanca, es más caliente.
Los experimentos psicológicos obran a menudo de una manera muy sencilla, pero en todas partes acechan posibles errores que falsean el resultado. Incluso cuando no se les dice a los ciegos de qué color es la habitación en cuestión, y se les conduce desde una habitación azul o blanca a otra roja, la pregunta, aparentemente tan objetiva, “¿siente aquí más calor?” influye ya en ellos. La mayoría responde “sí”. Todos los sujetos del experimento tratan de amoldarse al tema del experimento y de reaccionar de la manera que se espera de ellos —todos quieren dar una impresión de “normalidad”. Como los invidentes no tienen la información adicional de los gestos y la mímica de quien les pregunta, saben reconocer, por los matices de lo que oyen, lo que espera oír el que pregunta, y reaccionan muy fácilmente a las maneras del investigador, aunque éste no se proponga, en absoluto manipular a los sujetos investigados. Los científicos llaman a estos resultados “artefactos”, pues no son sino hechos artificiales sin valor científico por estar basados en defectos del experimento.
A pesar de todo, la creencia popular en los efectos mágicos de los colores se mantiene incólume. Quien, exhibiendo argumentos científicos, se atreve a dudar de estos efectos, no tiene nada que hacer frente a quienes creen en ellos. Continuamente se observa que quienes creen en milagros antes dudan de la ciencia que de sus creencias.
A continuación se describe otro efecto espectacular del rojo como color de espacios interiores: las habitaciones rojas hacen a las personas agresivas. Cuando el director de cine Antonioni rodó Desierto rojo —una película con un colorido nada natural y poco habitual—, la cantina del personal se pintó de rojo, lo que provocó un estado de ánimo agresivo en el equipo de filmación. La cantina se pintó después de verde, y volvió la paz a ella. Estas informaciones parecen plausibles, pues el rojo es, después de todo, el color de la agresividad. Pero si uno reflexiona lo suficiente, se da cuenta de que en muchas ocasiones se ha hallado en espacios rojos sin volverse agresivo. En la decoración de los teatros de ópera domina tradicionalmente el rojo: sillones rojos y paredes tapizadas de rojo. Y los salones rojos de los palacios barrocos crean también un ambiente muy agradable. En los bares son comunes las rinconeras rojas, que encontramos más cómodas que las azules. Tampoco entre paredes de ladrillo rojo se observa un aumento de la agresividad. Algunos museos, como la Antigua Pinacoteca de Múnich, tienen salas empapeladas de rojo.
Sin embargo, tiene sentido pensar que una cantina pintada de rojo favorece la irritabilidad. En una cantina roja, la comida toma un color extraño: la carne roja parece menos roja, como estropeada, y la ensalada parece tener un color artificial. Nunca somos tan sensibles a las impresiones que nos producen los colores como en el caso de los alimentos. Y cuando alguien pierde el apetito, se enfada.
O imaginemos que alguien va a su delegación de Hacienda y entra en una oficina totalmente roja —mesa roja, alfombra roja, paredes todas rojas —; naturalmente su nivel de adrenalina aumentará, y se preguntará nervioso: “¿Pero qué es esto?”. Lo inesperado e inusual produce siempre una impresión desagradable si se siente como algo impropio. Los colores despiertan sentimientos negativos cuando su empleo no es funcional.
22. Curar con colores
Está históricamente documentado que durante milenios se ha intentado curar con colores. —¿Tuvieron éxito esos intentos?
Cuando la medicina se hallaba aún determinada por la magia, valía la fórmula “similia similibus” —lo semejante cura lo semejante, o lo hace desaparecer como por ensalmo. Las enfermedades “rojas” se trataban, cuando no con sangre, con alguna sustancia roja. Una de estas sustancias, que se tomaba con mucho gusto y que siempre produce algún efecto, era el vino tinto. Contra las erupciones se colocaban sobre la piel pétalos de rosas rojas. A los enfermos de escarlatina se los vestía de rojo. Se llevaban collares de coral rojo contra la epilepsia, las inflamaciones y la fiebre. El coral supuestamente palidecía cuando el que lo llevaba estaba enfermo, y recuperaba su color cuando sanaba. Pero, de hecho, el coral rojo colocado sobre la piel enrojecida por alguna enfermedad o por la fiebre, parece menos rojo.
Un rubí colocado dentro de la boca reducía la taquicardia —se puede suponer que esta terapia era efectiva, al menos cuando el trastorno era de breve duración. Para explicar este efecto no hace falta creer en radiaciones emitidas por la gema: quien tiene una piedra preciosa en la boca no puede continuar quejándose a gritos, sino que se tranquiliza y mantiene la boca cerrada por miedo a tragarse tan valiosa piedra.
Durante siglos estuvo difundido el encantamiento con hilos de lana y cintas rojos. Los hilos rojos se ataban al brazo o la pierna enfermos, porque se creía que su color alejaba la enfermedad. Los hilos rojos se usaban incluso para proteger las vides de los insectos.
No son los métodos ni las posibilidades curativas de los medios empleados lo que aquí nos interesa. Y esto vale para todas las variantes modernas de las terapias con colores. Hoy se dice que la irradiación con luz coloreada, o el uso de cremas coloreadas, o la observación de piedras de ciertos colores tiene efectos curativos; más sobre este tema → Violeta 10. Los cromoterapeutas se remiten siempre a tradiciones muy antiguas —pero la tradición no prueba la eficacia de sus tratamientos.
Aún hoy se halla firmemente anclado en la creencia popular el convencimiento de que en las clínicas para enfermos mentales hay habitaciones de colores especiales; que a los pacientes hiperactivos se los encierra en habitaciones azules para tranquilizarlos, y a los depresivos en habitaciones rojas para animarlos —que los efectos conocidos de los colores pueden compensar las carencias de los pacientes. Pero la verdad es que en ninguna clínica reconocida hay tales habitaciones de cromoterapia. Naturalmente, las habitaciones de los enfermos se pintan de algún color, pero no hay ninguna especial para semejantes terapias. Pero quien cree en el efecto curativo de los colores, o no creerá en este hecho, o lamentará que la medicina hoy dominante ignore estos métodos conocidos desde antiguo. La medicina dominante se orienta a los efectos demostrables, no a profesiones de fe.
Un consuelo para los que creen es que está psicológicamente documentado que la creencia en la eficacia de una terapia a menudo es más determinante que la terapia misma. Esto ocurre sobre todo en enfermedades y trastornos cuya curación es cuestión de tiempo, como la gripe, las alteraciones de la menstruación o la depresión causada por el mal tiempo, pero también el acné y los trastornos propios del embarazo. Además hay muchas enfermedades y molestias en las que es posible la curación espontánea. La impotencia o las enfermedades dermatológicas cuyas causas a menudo no están claras pueden desaparecer repentinamente; las jaquecas constantes causadas por múltiples causas dejan de aparecer un buen día; quien padece insomnio vuelve a dormir sin problemas —y no se sabe por qué.
Cuando la curación es cuestión de tiempo, o cuando es posible la curación espontánea, una terapia basada en los colores puede ser de ayuda. ¿Y de qué depende esa terapia?
Los cromoterapeutas dicen que del color correcto, del empleo correcto y del medio correcto para que pueda desarrollarse el aura del color, etc. Los científicos dicen que lo único que obra en estos casos es la creencia en el poder curativo de los colores.
Qué color se emplee para tratar un desarreglo es completamente indiferente, pues no es científicamente demostrable que haya un solo color que tenga efectos curativos. Es indiscutible que los colores actúan sobre los sentimientos y sobre el entendimiento, pero sus efectos no curan los huesos, el hígado, los pulmones o la dentadura.
Es posible que quien cree en la virtud curativa de los colores pueda experimentar una rápida mejoría en ciertas enfermedades no crónicas debido a su efecto psicológico. Los trastornos que pueden curarse espontáneamente son en su mayoría aquellos que no tienen causas orgánicas, por lo que es posible una mejoría espontánea. Para los que creen en la curación por medio de los colores, cada color es igual de eficaz, suponiendo que el padecimiento se cura con el tiempo y con el deseo de curarse. Las cromoterapias no tienen efectos secundarios —pero tienen el riesgo de no producir ningún efecto—.
Cuanto más mágica sea la índole de los supuestos efectos de la cromoterapia, más probable es su inefectividad. Cuando un cromoterapeuta pone al paciente ante un espejo y le irradia durante unos minutos con luz roja, después de apagar esa luz el paciente, que continúa ante el espejo, ve una luz verde en todo su cuerpo; pero esto no es ningún aura misteriosa, ni se debe a presencia de espíritus que se hacen visibles saliendo del cuerpo: el efecto es el resultado de cómo el ojo humano ve los colores. En los conos de la retina, la percepción del rojo y la del verde están unidas, y cuando el ojo se concentra largo tiempo en el rojo, al cesar el estímulo rojo reacciona viendo la misma figura, pero en verde. Cualquiera puede comprobarlo en un día soleado: si se mira durante un minuto al sol con los ojos cerrados, se ve un intenso color rojo, el de la sangre de los párpados, y al apartarse del sol, los ojos todavía cerrados ven un verde amarillento. También se puede mirar una superficie roja y, a continuación, otra blanca: se ve un color verde. Del mismo modo que, después de un baño muy frío, la piel se pone especialmente caliente por un tiempo breve. Se trata de una reacción normal del cuerpo, no de un milagro. Quien cree en milagros, se verá engañado.
La creencia acrítica en milagros, que ignora toda realidad, se halla muy extendida incluso entre estudiantes —y comprobar esta realidad es siempre una experiencia aterradora para los científicos. Al menos queda el consuelo de que los seres humanos no son tan fáciles de manipular como les gustaría a los que creen en milagros.
Quisiera citar una ocurrencia que algunos conocidos míos han encontrado divertida: una costosa gema de nuestro color favorito puede ayudarnos estupendamente a combatir el sobrepeso sobre todo si compramos la gema con el dinero que se había ahorrado al comprar menos comida.
No cabe discutir científicamente sobre el supuesto efecto de colores especiales en padecimientos especiales. Como tampoco cabe discutir científicamente sobre qué oración o qué santo ayuda más en situaciones especialmente arriesgadas. Para la ciencia médica sólo hay un principio cierto sobre este tema: los colores pueden curar si la fe puede curar.
Otra cosa completamente distinta son las terapias pictóricas o creativas. En ellas se invita a los clientes a pintar situaciones típicas de sus vidas con sus colores favoritos o con aquellos que más rechazan. Como los colores se combinan con sentimientos, en la elección de los colores se revelan a menudo sentimientos de los que nunca antes habían hablado. Estas terapias tienen sentido cuando pueden ayudar a reflexionar sobre ciertos problemas y a hablar de los mismos con otras personas.
Pero también tienen riesgos pues un mal terapeuta puede hacer creer a sus clientes que tienen más problemas de los que pensaban, y crear en ellos una profunda relación de dependencia psíquica. El criterio más importante para valorar a un terapeuta es una titulación en psicología o en alguna otra disciplina afín, como sociología, teología, filosofía o medicina, obtenida en una escuela superior o en una universidad. Pues todo terapeuta es tan bueno como su formación.
Las terapias pictóricas también tienen sentido como forma de asistencia psicológica complementaria a los enfermos de cáncer y otras enfermedades crónicas. En la terapia pictórica se anima a los enfermos a representar con imágenes su lucha contra la enfermedad y el éxito del tratamiento médico. El éxito de la terapia radica en que los sentimientos de angustia e impotencia, por saberse víctima de la enfermedad, son sustituidos por la posibilidad de hacer algo contra el sentimiento de angustia al representarse las fuerzas defensivas de forma tan concreta que éstas pueden pintarse. Frente a la desesperanza pasiva brotan representaciones positivas de un proceso de curación, imágenes que generan esperanza.
Ya el solo proceso de pintar algo es, para muchas personas que no habían pintado nada desde la edad escolar, una experiencia muy satisfactoria. Más importante que el talento como pintor es aquí la perseverancia —la misma cualidad que se necesita para superar una enfermedad.
Incluso médicos muy críticos ante los métodos alternativos confirman el éxito de las terapias pictóricas como tratamiento psicológico complementario. El estado anímico de los enfermos mejora a todas luces y en casos concretos tales terapias pueden incluso inhibir el crecimiento de un tumor.
En la elección del terapeuta adecuado es esencial que éste no entienda el pintar como una ocupación para distraer al enfermo de su enfermedad (ponerle a pintarrajear con colores mientras oye música para que no piense en su enfermedad) como tan a menudo propugnan ciertos pseudopsicólogos animadores, pues las distracciones no tienen aquí ningún efecto duradero. La pintura terapéutica y el acto de pintar en general, en el sentido clásico, favorecen la concentración: quien pinta tiene que ordenar sus ideas sobre lo que pinta, distinguir lo esencial de lo superfluo. Un buen terapeuta debe tener más paciencia y perseverancia que el propio paciente, pues toda promesa de efectos milagrosos espontáneos a través de los colores no es realista.
Para resumir: muchas personas encuentran difícil expresar sus sentimientos por medio del lenguaje o de la música, pero la mayoría pueden hacerlos visibles a través de los colores y de su simbolismo. Aunque las terapias pictóricas no pueden vencer las enfermedades, sí pueden reducir el temor a sus efectos: quien se siente mejor, es más fuerte contra la enfermedad.
23. ¿Cuál es el color de los signos zodiacales?
| Signo | Color | Planeta | Gema/Metal | Razón de asignación |
|---|---|---|---|---|
| Aries | Rojo | Marte | Rubí | Marte es el dio de la guerra, por eso su color es de la sangre |
| Tauro | Verde | Venys | Esmeralda | Venus es la diosa de la fertilidad, por eso su color es el de la vegetación, propio del mes de mayo |
| Géminis | Violeta | Mercurio | Amatista | Mercurio es el dios del comercio, simboliza todo lo variable, y por eso su color es el violeta, un color mixto |
| Cáncer | Plata Blanco | Luna | Perla Plata | A la luna se le asigna el metal plata por ser su color blanco. Cáncer se asocia al agua, de ahí la perla. |
| Leo | Oro Amarillo | Sol | Oro | Al Sol se le asigna el metal oro por ese su color amarillo. Al Sol se le asocia con la estación más calurosa y el león amarillo, el rey de los animales. |
| Virgo | Azul | Mercurio | Zafiro | El color más adeciado a virgo es el azul femenino. |
| Libra | Verde | Venus | Esmeralda | En la simbología de los colores el verde es el color más equilibrado |
| Escorpión | Rojo | Marte | Rubí | Al dios de la guerra Marte le conviene el color de la sangre |
| Sagitario | Azul | Jupite | Zafiro | Júpiter es el señor del cielo, y el azul es el color de su reino |
| Capricornio | Negro | Saturno | Diamante | Saturno es el dios del tiempo y el negro es el color propio del comienzo y el fin del mundo. Por eso Saturno el “Planeta negro” |
| Acuario | Negro | Urano; antes Saturno | Diamante Aguamarina | Urano no entró en la astrología hasta el siglo XVIII. Urano es el dios más viejo, y Saturno es su hijo, Los signos zodiacales negros son los propios de la estación más oscura. |
| Piscis | Violeta | Neptuno; antes Jupiter | Amatista Perla | Neptuno entró en la astrología en el siglo XIX. Neptuno es el señor de los mares y delos peces. Violeta es el púrpura de los soberanos, pero también el color de la cuaresma. |
| La astrología se enfrenta al problema de que siempre se descubren nuevos planetas. Las asignaciones de colores a los signos zodiacales varían de unos astrólogos a otros. La tabla se basa en las más frecuentes. |
FIGS

14 El rojo es símbolo de energía y vigor.

15 Los guantes de boxeo son tradicionalmente rojos.

16 Mala utilización del rojo en publicidad: el texto en rojo se lee mal y parece desvanecerse. El uso desacertado de un color invierte el sentido del mensaje que se quiere transmitir.

17 Según una antigua superstición, las ropas y los gorritos rojos protegen a los bebés de todos los males.

18 La jerarquía de colores en el cristianismo: cuando aparecen representados Dios Padre, Jesús y María, Dios Padre viste del color más preciado, el rojo púrpura violado, Jesús de rojo luminoso, y María de azul. El Espíritu Santo aparece como una paloma blanca, aunque su color simbólico es el verde del fondo.

19 Durante siglos, el color rojo en la vestimenta fue privilegio exclusivo de la nobleza. Todavía en 1700 sólo los nobles podían llevar zapatos con tacones rojos, como éstos de Luis XIV.

20 Uso creativo del color: este clavel puede simbolizar Francia.
21 Sólo con colores desconocidos puede lo conocido llamar la atención.

22 Simbolismo egipcio de los colores: la piel de los hombres es rojiza, y la de las mujeres amarillenta. → fig. 33.